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Daniel Samper Pizano en defensa de las corridas de toros‏, en medio de unos bogavantes

Publicado por Enrique Avilán el 7/8/2010
Daniel Samper Pizano en defensa de las corridas de toros‏, en medio de unos bogavantes
[Enrique Avilán] Con su humor característico, Daniel Samper caricaturiza a dos "ecologistas" que odian las corridas de toros, defienden a los cuadrúpedos, pero se solazan con la terrible manera como despedazan vivas a las langostas, en este caso unas llamadas "bogavantes" y las hechan al agua hirviendo... "vivas".

Esas y muchas costumbres son las utilizadas en muchos lugares del mundo en el caso de las langostas, pero lo mismo acontece con el asesinato de ballenas y mil cosas más. Aquí lo que Daniel Samper Pizano comentó sobre una interesante experiencia con los antitaurinos y ecologistas que se empeñan con acabar con la "crueldad" de la Fiesta Brava, cuando apoyan otras muchas auténticas "crueldades":

Acudí a la cita por solicitud de un amigo. No sabía qué significaba el acrónimo Acotau ni de qué querían conversarme Sonia y Helmut. Hace un tiempo ni siquiera sabía lo que significaba "acrónimo". Me tranquilizaba que se tratara de una zona elegante de Madrid y un restaurante famoso de mariscos.

¿Daniel? -me dijo de pronto una mujer enfundada en un abrigo de piel carísimo. - Soy yo -respondí; y, mirando el abrigo-: ¿zorro? - No, Helmut -se presentó entonces un tipo rubio ataviado con chaqueta de terciopelo y botas de cuero de caimán. - Lobo estepario -aclaró ella. Era evidente.

Una vez adentro, me recomendaron el bogavante. Como los colombianos no estamos familiarizados con estos animales, Sonia me llevó hasta un acuario donde flotaban langostas de distintos tamaños, todas ellas vivas. Movían las patas y las antenas, pero les habían atado con cauchos las tenazas. - La langosta es la más grande -dijo-. Siguen en tamaño el bogavante, la cigala y el carabinero. Le recomiendo el bogavante. Es delicioso. Asentí.

Sonia ordenó tres y un mesero los sacó del estanque y los puso en una mesita al lado de la nuestra. Mientras llegaba el chef, Sonia explicó la razón de la cita.- Somos de Acotau, Asociación contra la Tauromaquia, y queremos hablar con usted porque vimos con indignación que una reciente columna suya hacía la apología de esa actividad criminal que se llama toreo y elogiaba a esos asesinos de animales llamados matadores.

Yo solo recordaba haber escrito acerca de la vestimenta de los toreros en una columna sobre la carga de la prueba y la prueba de la carga en los pantalones masculinos.- Precisamente-apuntó Helmut-. Para esa columna no necesitaba mencionar a estos delincuentes.

Yo estaba atónito por la clase de encerrona en la que me había metido mi amigo, cuando apareció el cocinero, observó satisfecho los bogavantes que se retorcían en el plato y pidió nuestra venia para continuar. Sonia y Helmut aprobaron y entonces, para mi horror y el placer de mis dos comensales, el hombre echó mano a un cuchillo enorme y atacó a los tres crustáceos. No hubo anestesia ni eutanasia. El cuchillo trozó primero las patas, que siguieron moviéndose una vez desprendidas del cuerpo. No contento con ello, las golpeó contra la tabla hasta que traquearon sin dejar de agitarse.

- Así soltarán más jugo -explicó.- ¡Estupendo! -exclamó Sonia.

- ¡Gut! -agregó el lobo estepario.Relamiéndose, me dijeron que son militantes de la causa contra las corridas de toros, a las que reprueban por su crueldad y por el hecho de que el sufrimiento del toro está en función de la diversión de los aficionados.

El chef dividió en dos el cuerpo de cada bogavante con eficaces cuchilladas; las mitades quedaron agitándose sobre el plato. La española y el alemán se frotaban las manos con regocijo.- Ahora -anunció el cocinero- solo falta un breve hervor para que conserven su sabor natural. Luego pondré huevos poché como acompañamiento.Y agarrando los trozos aún vivos de bogavante, los introdujo en una olla de agua hirviendo. Estuve a punto de desmayarme; mis vecinos babeaban de la dicha.

- Queremos pedirle que se una a nuestra campaña en favor de los pobrecitos toros -rogó Sonia. - Toreros maltratan, clavan espada, matan -agregó Helmut con brusca mímica a tiempo que el chef extraía el primer cadáver de bogavante y lo extendía sobre la bandeja. Sonia atacó la carne blanca con el tenedor. El bicho ya no se movía. - Daniggl -balbuceó-: ¡luchemos jungros cotra crueldrfff!- ¡Gutgg! -escupió Helmut sobre el abrigo de piel de lobo en vía de extinción, segundos antes de que llegaran los huevos de gallina presa en jaula.

Esa tarde me consolé de tanto horror mirando las noticias sobre Ciudad Juárez y Kabul.


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Autor Hilo