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Respuesta al artículo del Dr. Julio César Londoño en El País

Publicado por Enrique Avilán el 7/8/2010
Respuesta al artículo del Dr. Julio César Londoño en El País
[Enrique Avilán] Hemos sido seguidores de las columnas del profesional Julio César Londoño que asume comentarios acerca de los temas políticos y otros que atañen a su profesión universitaria.

Observando una acertada manera de enfrentar los temas con seriedad y profundidad y sin salirse de las líneas de respeto y demostración de rectitud y conocimiento de los temas y manejo que ha asumido.

Desafortunadamente y entrando en la moda de afrontar los temas taurinos que muchos asumen sin ser propiamente conocedores del tema, el doctor Londoño escribió el jueves 5 de agosto, en su columna nominada “La Plana” un desapacible artículo titulado “El último ritual pagano”. Lo inició, haciendo una burla a la forma como algunos defensores de la fiesta han utilizado para demostrar que asisten a toros “por amor a la ecología y a la biodiversidad, rematando con ironía: “¡Cuánta abnegación!

No era necesario hacer mofa de los taurinos, ni mucho menos comparar con los sancochos de gallina, si se acabaran, utilizando una comparación jocosa que solo le quedó como simple mueca. Ese simil, siendo él un profesional serio y destacado, como un triste intento de minimizar el problema de la posible desaparición de las corridas de toros. Mostro con ello, el doctor Londoño, o “que es un aficionado frustrado a los toros”, o “que no sabe diferenciar un toro de una vaca”.

Más adelante alude al tema de los empleos que quedarían vacantes en caso de declarar inexequible el artículo en discusión de la Ley Taurina.

Otros se rasgan las vestiduras por los empleos que se van a perder. ¿Cuántos son? ¿Mil? ¿Dos mil?. Fuera de foco, igualmente. En el país hay un poco más de cincuenta ganaderías de bravo que utilizan un número importante de empleados y obreros en el desarrollo de su trabajo. Hay cuatro plazas grandes en Bogotá, Cali, Manizales y Medellín y una veintena de plazas consideradas como de segunda categoría amén de un sinnúmero de plazas de provincia donde se dan más de doscientos festejos en el año y que generan puestos de trabajo.

Agregue, además, todos los que viven de su trabajo en las ferias grandes como puestos de comida, elaboración de afiches, camisetas, gorras y demás artículos promocionales que siempre se venden en las ferias. Podríamos agregar muchos más sin contar los de los medios de comunicación radial, escrita y de T.V. ¿Serán acaso los mil o dos mil empleos que menciona con bastante desconocimiento de la realidad el doctor Londoño? Falta de investigación.

Continúa en su artículo: “Alfredo Molano, ecólogo y biodiverso, dice que las corridas no se pueden acabar porque ese es “el último ritual pagano”. Tronco de frase, sin duda. No tiene pierde: dos palabras bellas, ritual y pagano, y una dramática, último. Pero como argumento no vale un peso”.

¿El argumento de Molano no vale un peso? Para glosarlo, el Dr. Londoño recurre a comparaciones francamente absurdas como el de los bandoleros que “hacen rezar las balas” o “las niñas a quienes cercenan el clítoris en Africa” o “las adúlteras que matan a pedradas los musulmanes”.

¿Pueden considerarse apropiadas estas comparaciones? Sinceramente pienso que no. Si nosotros, que escribimos sobre toros, quisiéramos escribir de política o de temas académicos como los del Dr. Londoño, seguramente no incurriríamos en tan desafortunadas comparaciones, quedando “como el sur de los toros que van para el norte”.

Finaliza su poco justo y desacertado artículo, con una sentencia que va acorde con el título: “Es tonto pensar que debemos seguir torturando animales para que un puñado de enfermos bostece, para que mil personas tengan empleo durante una semana al año y, argumento clave, para que no se apague el fuego fatuo del último ritual pagano”. Definitivamente, respetado Dr. Londoño, no se olvide que las corridas de toros, como todos los espectáculos públicos, están sujetas a que a ellas asistan los que gustan de ellas. A los que no lo aprecian así, simplemente…que no lo hagan, pero que dejen tranquilos a los taurinos.


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Autor Hilo
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