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Antología de Manzanares

Publicado por Manuel Viera el 7/8/2010
Antología de Manzanares
[Manuel Viera] José María Manzanares ha salido a hombros por la puerta grande tras cortar tres orejas a descastados e inválidos toros de Parladé.

La corrida, marcada por el fuerte viento de levante, no ha dado demasiadas opciones a El Cid y Perera, que sólo han sido ovacionados.

El Puerto de Santa María. Temporada de verano.

TOROS: Se han lidiado toros de Parladé, anovillados, descastados y flojos. Destacó el quinto por noble.

ESPADAS: -Manuel Jesús 'El Cid', de rioja y oro, saludos y palmas.
-José María Manzanares, de tabaco y oro, oreja y dos orejas.
-Miguel Ángel Perera, de verde y oro. Saludos y palmas.

CUADRILLAS: Saludaron en banderillas Alcalareño, Juan José Trujillo, Joselito Gutiérrez y Guillermo Barbero. Fue ovacionado en varas Ignacio Rodríguez.

INCIDENCIAS: Menos de media plaza.

___________

No deja de tener su punto el contemplar otra obra de José María Manzanares cuando todavía andamos asimilando la que le vimos hace unos días en Huelva. Del mismo modo incidió en su propósito de plantear faena, a un toro noble pero inválido total, con la sutilidad del inteligente muletazo que materializó en expresiones de un toreo, más de derecha que de izquierda, de enorme pureza.

Ya digo, la faena de Manzanares al quinto “parladé” fue una síntesis de sus mejores cualidades y calidades: expresividad, elegancia y creatividad. La belleza fue la principal característica de un trasteo variado y equilibrado. Espléndida antología de una obra que Manzanares supo hacerle a un toro noble, flojo y sin fuerzas, que perdía las manos una y otra vez restándole emoción al virtuosismo de unas formas que, hoy por hoy, tienen primacía.

Si con el capote en el segundo reveló la impronta del sentimiento, la muleta en el quinto le sirvió para experimentar las más bellas sensaciones en modélica versión de un toreo a derecha muy creativo y de contagiosa emotividad, con el principal soporte del temple, simple punto de partida para realizar una faena que, tras el sensacional epílogo de los cambios de mano, el pase por abajo y de trinchera, finalizó con contundente estocada. Dos orejas.

Con el segundo, un toro con genio y sin clase en sus embestidas, tras firmar las más majestuosas y emotivas verónicas de toda la tarde, realmente no hubo faena, pero sí momentos muy emotivos. Manzanares, que inicio con la derecha un lento y fascinante toreo de cintura, realizó después un riguroso trasteo con un planteamiento muy firme y decidido. Su seguridad con la espada bien le ayudó a la concesión de la oreja.

A Manuel Jesús El Cid le molestó mucho el viento durante la lidia del manso y rajado primero, marcando esta dificultad una faena que resultó insegura y algo deslavazada. El Cid hizo un gran esfuerzo por sobreponerse al viento y a las malas condiciones del toro de Parladé. Lo mejor, unos circulares en el epilogo que le valieron para recibir una ovación tras la estocada.

Con el cuarto cambió de registro y se entregó para mandar en una embestida muy noble pero sin una pizca de fuerza. De todas formas, el sevillano no escatimó recursos y consiguió muletazos a media altura ligados y rematados con buenos pases de pecho. Al final se metió entre los pitones con el fin de no dejar pasar en blanco una tarde que no fue para él. Con la espada no anduvo bien.

A pies juntos y muy despacio saludó de capa Miguel Ángel Perera al soso y parado tercer toro de la tarde. De igual forma, con las zapatillas clavadas en el albero, muy quieto, inició faena por alto. Y poco más hasta el final, donde Perera, una vez más, optó por acortar las distancias y jugársela entre los pitones. Tras la fea estocada le obligaron a saludar.

La faena al sexto, con la fuerzas justas y descompuestas embestidas, fue realizada desde el detalle de algún que otro buen muletazo y las medias tintas. El viento de levante, que molestó durante toda la tarde, no le dejó centrase en un trasteo que resultó chocante y atípico por los continuos enganchones de las telas. Mató mal y le despidieron con algunas palmas.

¡Ah!, a la corrida de Parladé, chica, anovillada, descastada, mansa y rajada, le cortaron las orejas. Que nadie se equivoque: lo que salió por chiqueros nada más lejos de la realidad de un toro bravo.



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Autor Hilo