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Morante, o algo así como el toreo

Publicado por Manuel Viera el 9/8/2010
Morante, o algo así como el toreo
[Manuel Viera] Morante de la Puebla ha protagonizado lo más sobresaliente de la interesante tarde de toros vivida este domingo 8 de agosto, en El Puerto con dos enormes faenas no firmadas con la espada.

También El Juli ha mostrado su toreo en una contundente faena basada en el natural, mientras que Cayetano se ha mostrado templado en un esperanzador prólogo de una faena venida a menos.

El Puerto de Santa María. Temporada de verano.

Con más de tres cuartos de plaza, se han lidiado tres toros de Zalduendo, dos de Hermanos Sanpedro (lidiados en primer y segundo lugar), uno (tercero) de Parladé. Desiguales de presentación los de Zalduendo, aceptables los de Hermanos Sampedro, chico el de Parladé. Destacaron el noble aunque flojo primero y el bravo segundo. Manso pero con calidad en su embestidas el tercero, noble el cuarto, noble y sin fuerza el quinto y muy soso el sexto.

Morante de la Puebla, de tabaco y oro: Saludos tras aviso y vuelta tras aviso.
El Juli, de tabaco y oro: Saludos y palmas.
Cayetano, de verde y oro: Saludos tras aviso y palmas.

Cuadrillas: Saludaron tras parear Antonio Caba y Angelito Rus.

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Siempre escribo unas letras apuntando todo lo que veo, esa mezcla de expectación, miedos, sentimientos y emociones, algo así como el toreo. Algo así como lo que hizo Morante de la Puebla esta tarde en la plaza de El Puerto. Hoy no necesito notas, sobran los apuntes con el número de muletazos diestros, naturales, pases de pecho, adornos y estocadas, con sólo visualizar en la memoria la película de su obra basta para contar la versión de un toreo diferente y difícil de superar.

El concepto de toreo lo ha elevado esta tarde, Morante, al máximo grado de perfección. Y fue capaz de aunar las virtudes tradicionales de la escuela sevillana con ese otro concepto dotado de admirable fuerza personal, inteligencia, lucidez y admirable genialidad. Las faenas al primer toro de Hermanos Sampedro y al cuarto de Zalduendo vinieron, otra vez, a mostrar las diferentes y míticas formas de quien es realmente grande. Su toreo, sensible y estético, fue un bello discurso poético. Fue la esencia del arte transformada en fascinante realidad.

Las verónicas y la media mostradas en el quite a su primer toro fueron esculturas esculpidas con la monumental y despaciosa cadencia de la capa. Morante consiguió, después, ora con la derecha, ora con la izquierda, dos apasionantes y apasionadas faenas con las que dio paso a un fascinante toreo con el que no escatimó recursos ni emociones, arrinconando cualquier asomo de fastuosidad gratuita para quedarse sólo con lo estrictamente esencial. ¿Y qué es lo esencial en el toreo del sevillano? Morante, imbuido por ese sentimiento que a veces muestra, fue más allá de ese raquítico y expresivo recurso del detalle y el adorno. Simplemente toreó. Entregado, con infinita lentitud, con el duende y la genialidad de esas personalidades que aparecen muy de tarde en tarde destinadas a marcar un hito en la historia del toreo.

Morante no mató a sus dos buenos toros, al muy noble y escaso de fuerza primero de Hermanos Sampedro, y al también noble cuarto de Zalduendo. Y que más da. Sobran los despojos si antes sucedió algo soberbio y natural. Oro puro. El toreo.

El sevillano de La Puebla hizo olvidar la película vivida durante la mañana y la tarde en los corrales de la plaza. Los tres diestros se plantaron molestos por la devolución de nueve toros de Zalduendo el día anterior. Incomprensible lo que pasa y sucede en este mundo de intereses, en los que cada tarde de corrida le echan más mierda a una Fiesta tambaleante y en continuo equilibrio para no caer. Y la caerán, tarde o temprano terminará por los suelos si los que viven de ella no cambian el guión. A las seis de la tarde sortearon a toda prisa tres toros de Zalduendo, dos de Hermanos Sampedro y uno de Parladé. Para bien.

El Juli, sin complejos por lo que antes hizo Morante, ofreció con el segundo, un buen toro noble y bravo de Hermanos Sampedro, una visión sumamente enciclopédica del toreo. El madrileño, que volvió a mostrar si diversidad en el toreo de capa al quitar por espectaculares tijerillas, brindó una faena poderosa, de refinado toreo, de contagiosa emoción y sostenida en el temple e infinita largura del natural ligado y rematado. El toreo de izquierda fue su base, pero lo amplió con la derecha en una obra, robusta, ligada, aunque no firmada con la espada. El Juli pinchó y pinchó hasta hacer eterna una suerte que domina a la perfección. Con el noble y flojo quinto desistió pronto tras comprobar la invalidez del toro de Zalduendo.

Cayetano hizo concebir esperanza en el inicio de faena al tercero, un manso toro de Parladé con tendencia a irse de los engaños, pero de notable calidad en sus embestidas. El diestro de Madrid prologó faena de rodillas con pasmosa lentitud en los muletazos diestros. Pero lo que se inició con atisbo de algo grande se transformó en escasas notas llenas de borrones. Cayetano toreó con gusto, pero exageradamente distanciado. De igual forma se mostró con el noble y soso sexto, con el que desistió tras algunas muestras de desagrado del público.


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Autor Hilo