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El camino largo y el atajo fácil: Una lección insospechada en los tiempos que corren

Publicado por Mauricio Sepúlveda el 16/8/2010
El camino largo y el atajo fácil: Una lección insospechada en los tiempos que corren
[Mauricio Sepúlveda] Esta hubiera podido ser una crónica de un festejo sin mayor relevancia pero en el quinto novillo de la tarde ha sucedido algo que debe contarse y cantarse.

Porque un torero, un novillero con una clase exquisita no solo esculpió excelentes muletazos sino que escogió el camino correcto y no el atajo fácil que cualquiera hubiera cogido y que le hubiera conducido a un triunfo sonoro pero de mentira.

El público festivalero, nunca mejor dicho, pues estamos en la temporada del festival de verano, quizás obnubilado por unos muletazos cadenciosos y clásicos de un joven llamado Juan de Castilla con cara y alma de niño, se fue prendiendo a la muleta del novillero tanto como lo hizo el ejemplar de Pozoblanco y dio rienda suelta a la pasión y empezó a pedir el indulto de un novillito cumplidor que se había cruzado predestinadamente con Castilla, ese indulto hubiera sido un total exabrupto, un desaguisado y hubiera sido un triunfillo sacado de debajo de la manga, o sino pregúntenle a El Choni si le ha servido de a mucho aquel indultillo de hace dos años en una temporada similar.

Juan de Castilla de haber matado a la primera hubiera obtenido un triunfo de clamor porque toreó con tal clase y gusto que será imborrable en nuestras memorias, no se podía haber manchado esa obra con un indulto fabricado en las gargantas de los subalternos, que viejos zorros, vieron el atajo abierto para que así sucediera, pues no, alguien prefirió el camino largo, el verdadero, el que si lleva a grandes cosas, y no fue otro que el torero, porque tiene muñecas y sentimiento de torero, sabiendo que el novillo no había sido para tal petición y con su alma de niño, que aún la tiene, se fue a entrar a matar, así se lo mandaba su cabeza y su corazón, todavía vírgenes de las marrullerías tan habituales de los taurinos, quiso rubricar su faena y lo quiso hacer por derecho y se fue a entrar a matar cuando cualquiera hubiera podido vender humo y hacer crecer la petición de indulto y fabricar un triunfo de mentiras que hubiera opacado al toreo de verdad que acababa de realizar. Otra cosa fue que entrara a matar en el terreno equivocado y que no tenga hecha la suerte. Escuchó un aviso y dio una vuelta al ruedo con el llanto a punto de brotar y quizás sin darse cuenta de la lección que acaba de dar.

Sus allegados, quienes le llevan y quienes están cerca de él deben valorarle esa verdad y esa sana inocencia de haber querido matar al novillo así luego se hubiese escapado el triunfo, eso vale muchísimo más que otra cosa, escogió la verdad y no la mentira, si sigue así, en ese camino que puede parecer mas duro y más largo, llegará con seguridad al triunfo, cualquier otro atajo le desviará de ese camino.

Mis palmas fueron por ese gesto, sumado obviamente a sus muletazos de regusto, por querer triunfar por derecho, por querer hacerlo de verdad, muy poquitos son quienes así lo logran.

El resto del festejo resulto entretenido, como suelen ser los festejos sin picadores de esta temporada veraniega. A ello ayudó la novillada de Pozoblanco con dos novillos buenos, el tercero que fue el mejor y el quinto al que le dieron la vuelta al ruedo.

Guillermo Valencia mostró que tiene una cabeza privilegiada tanto para bien como para mal, es un torero en ciernes, lo ve todo fácil, tan fácil que abusa de ventajas impropias para su edad, pero igual esta a años luz de los demás.

Juan Manuel Noreña, difícilmente tenga otra oportunidad de un triunfo en una plaza de primera categoría en Colombia, con mucha más edad que los demás, su toreo tuvo garra y fibra pero fue tal la efervescencia en su cabeza al ver que se sucedían los olés y que pasaba y pasaba el novillo y que esto sucedía en la Santamaría que empezó a nublarse, se cortó la mano con una banderilla, destruyó dos muletas, hubo desarmes y todo vino cuesta abajo hasta que escuchó los tres avisos. Su estilo puede gustar en la provincia.

Enrique Parra, abrió el cartel y apenas pudo dejar un natural largo, poquito más, casi todo por la izquierda.

Francisco Gómez está verde, su padre, el que más se emocionó con su actuación por ver a su muchacho vestido de torero en la plaza más importante del país, pasó más afugias que otra cosa, también escuchó los tres avisos.

Y para cerrar, otra pequeña sorpresa, el rejoneador José Miguel González, un joven bogotano que se adivina de familia acomodada por lo que dejaban ver los engalanes de sus caballos y su vestimenta. Pues no solo fue eso, sin llegar a estructurar una faena como tal, nos sorprendió con un quiebre logradísimo y luego con un bellísimo lance, llamémosle así, en donde toreó al toro, cosa poco frecuente en nuestros rejoneadores, luego también mató bien, de una estocada certera y corto la única oreja del festejo.

Lo de Castilla y lo del rejoneador González nos hicieron olvidar de algún funcionario estatal con más ganas de figurar que de otra cosa, que trato de incordiar a la empresa y al festejo sin ningún argumento valedero. Muchos están viendo el ataque a la fiesta de los toros como vitrina para dejarse ver. No tienen más.


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Autor Hilo
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