Próximos Carteles
Octubre 2020
Add event Envíar evento
M T W T F S S
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31  
Facebook Fan
Noticias > Manolete en el recuerdo a través de la poesía de Pepe Alameda

Manolete en el recuerdo a través de la poesía de Pepe Alameda

Publicado por José Mata el 28/8/2010
Manolete en el recuerdo a través de la poesía de Pepe Alameda
[José Mata] A pesar de lo que se siga diciendo, Manuel Rodríguez Manolete, no murió en realidad de la cornada que le infiriera Islero de la ganadería de Miura, aquel 28 de agosto de 1947, sino del plasma contaminado que ordenó el doctor Luis Jiménez Guinea transfundirle.

En el magnífico libro de mi dilecta amiga, la escritora española Carmen Esteban:Lupe, el Sino de Manolete, encontramos una espléndeida investigación sobre el tema.

En la página 201 la siguiente referencia:

"Lupe seguía sedada en la habitación contigua a la de Manolete, el cual, tras aprobar el doctor Tamames y su equipo la intervención de los doctores Garrido y Corzo, descansaba, al haberse logrado normalizar sus constantes vitales".

Unas páginas adelante, entre la 203 a las 204, encontramos:

"Afirma el propio doctor Corzo, sin pelos en la lengua:

"Llegó Jiménez Guínea y ordenó a un compañero de su equipo que le hiciera una transfusión a Manolete. Me opuse rotundamente, advirtiéndole que podría rechazarla. Recuerdo que le dije a Garredo 'Si le hacen la transfusión se lo cargan'. Y comunicamos a Jiménez Guínea nuestra oposición. Si no le hubieran puesto seguiría viviendo hoy.

"Jiménez Guinea y Garrido estaban en la habitación cintigua. Yo estaba (Julio Corzo) junto a Manolete viendo la transfusión que el ayudante de Jiménez Guinea le realizaba com un cardi. Estando poniéndosela dijo Manolete: 'No veo, me duelen los riñones, me muero', y se murió".


Como recuerdo del inmenso torero cordobés, le recordaremos a través de las intensas letras vivas, que le dedicó el inolvidable poeta de la crónica taurina, el maestro Pepe Alameda:

Estás tan fijo ya, tan alejado,
que la mano del greco no podría
dar más profundidad, más lejanía
a tu sombra de mártir expoliado.

Te veo ante tu Dios, el toro al lado,
en un ruedo sin límites, sin día,
a ti qué eras una epifanía,
y hoy eres un estoque abandonado.

Bajo el hueso amarillo de la frente,
tus ojos ya sin ojos, sin deseo,
radiográfico, mítico, ascendente.

Fiel a ti mismo, de perfil te veo,
como ya te verás eternamente,
esqueleto inmutable del toreo.



Explorar artículos
Artículo anterior El Pana, Calita y Chacón en la feria de Doxey José María Luévano con una agenda abultada Artículo siguiente
Votos totales: 0
Puntuación media: 0
Los usuarios son responsables de sus propios comentarios.
Autor Hilo