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Escribano y Girón “tocan pelo” en la monumental del Cabriales

Publicado por Rubén Darío Villafraz el 8/11/2010
Escribano y Girón “tocan pelo” en la monumental del Cabriales
[Rubén Darío Villafraz] Desconcertante actuación del espada aragüeño Leonardo García en sus dos faenas, inhibido de lucimiento y ambición alguna, lo que a la postre le valió fuera abroncado al final del festejo. Sin pena ni gloria Rafa Rodríguez, ante un manso aquerencia de “maruria”, escuchando los tres avisos.

Este domingo 7 de noviembre de 2010. I corrida de abono.
Feria Internacional de Valencia, en honor a la Virgen del Socorro 2010.

Con poco más de 2000 personas aproximadamente en la plaza, se han lidiado 5 toros de la ganadería Campolargo (Juan Campolargo), bien presentados en su conjunto, nobles en distinto tenor, flojos de remos, los más potables, 2º y 3º. Así mismo se corrieron 2 toros de Rancho Alegre (3º y 6º), nobles, y uno para rejones (1º) de Márquez de la Real Defensa, novillote manso y aquerenciado.
Pesos: 428, 448, 472, 480, 428, 450, 448 kg.

Rafael Augusto Rodríguez a la usanza campera, con chaquetilla burdeos: Silencio tras tres avisos.
Manuel Escribano (Verde esmeralda y oro): Una oreja y palmas
César Girón (Azul rey y oro): Una oreja y silencio
Leonardo de Maracay (Azul noche y oro):Pitos y bronca

Incidencias:
Presidió el festejo el MV Julio Lozano.
En la brega destacó José Linares El Yoni y Gerson Guerrero, en las banderillas Mauro David Pereira, y en la vara Gregorio Prieto.
Actuó como sobresaliente intentando pasaportar el utrero para rejones, el novillero Oswaldo León.
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Los momentos de mayor trascendencia a lo largo de la primera corrida de la Feria de Valencia, el pasado domingo, contaron con nombre propio: Manuel Escribano y César Vargas Girón. Lo demás, seria un denso espectáculo, que por momentos llevó al hastío a los poco más de 2000 aficionados que se dieron cita a la calurosa y nublada tarde de estreno oficial de la cita taurina valenciana.

Escribano dejaría presente a lo que venia desde que se abrió de capa, ante el serio y bello ejemplar que en lidia ordinaria estrenó festejo. Luego en banderillas sus portentosas facultades le hicieron romper en palmas unánimemente la plaza entera, en especial un comprometido par en tablas, al quiebro, de trepidante resolución.

Con la muleta, en los medios, cambiando por la espalda la embestida, el rubio sevillano se jacto de meter en vereda la áspera pero noblota embestida del cuatreño, contando para ello firmeza de pies, seguridad de lo hecho, y en especial, orden en la lidia, meticulosamente preparado para el fin común, dar espectáculo. Subió enteros por naturales el asunto, en dos series largas, entregadas, tomando el estaquillador de la muleta por la mitad, y con las bambas de la muleta llevar detrás de la cintura el recorrido de la res. Las bernardinas ajustadas finales fueron el prolegómeno para irse “por uvas”, dejando un espadazo tendido y trasero, saliendo atropellado del embroque al hacer “la cruz” de la suerte suprema, cortando una justificable oreja.

En su segundo, pocas opciones le quedo a Manuel, pues desde su misma salida de toriles, recibiéndole a porta gayola, se observaba a un toro limitado de facultades, lesionado de una pezuña de la mano derecha, perseverando en su afán de triunfo ante el poco interés de lo transmitido por el astado, que se pasó mas tiempo en la arena que de pie.

Otro momento a tomar en cuenta fue la faena de César Girón en su primero del lote. El toro, un “zapatico” de preciosas hechuras le permitiría hacer gala del sabroso manojo de verónicas con la que le saludó. Luego, el puyazo que le propinarían, dejaría casi aplomada una embestida que luego se tornaría sosota, dulce y suave, de la que no dejo pasar por alto un torero que goza de bula en esta plaza, y al que le hemos visto en su mejor faceta, desde hacía largo tiempo. Las series por la derecha y por la zurda contaron con el aliño que atesora en sus genes este torero, lo que unido a la decisión con la que se fue tras la espada hicieron valer para que la segunda oreja de la tarde cayera en sus manos.

Lo demás, como le decía, agua de borrajas. Abrió plaza el jinete merideño Rafa Rodríguez quien pecho un mansurrón novillote, el cual desde el único rejón de castigo que le colocaron marcaría su terreno en tablas. De allí, pese a los esfuerzos, poca fueron las veces que se le sacó, dejando Rafa en la retina una farpa al quiebro en los medios y un violín por los adentros, de suprema ejecución, en labor así mismo de excesivos tiempos muertos, lo que hizo que nunca el publico entrara “en calor”. Tras un acto «kamikase” de entrar a matar pegado a tablas, el porrazo en la rodilla del rejoneador hizo que este pasara a la enfermería, dejándole el toro al novel espada sobresaliente, quien armaría un sainete con el verduguillo hasta que desde lo alto del palco escuchara el tercer aviso.

Bochornoso espectáculo ofrecido fue el que dejó el debutante en esta plaza, Leonardo García. Inhibido de la lidia, y falto de ideas y ambición se le observó a un torero, que lo resaltable, entre todo lo mal que estuvo en su petardazo del domingo, fue la brevedad con la que se prodigo ambas labores muleteriles, circunscritas en lo máximo de la periferia de su cuerpo. De bajonazos, ante la rechifla del público se despediría un torero el cual estuvo, y del cual dudamos, vuelva a esta plaza, por lo menos vestido de luces.
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FOTO LEYENDA:
Manuel Escribano nuevamente se ha justificado en Valencia, tras cortar una de las orejas que ayer domingo se pasearon en el ruedo del Cabriales.

Foto: Aníbal García Soteldo.




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Autor Hilo