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Querido Santa

Publicado por Juan Pablo Lagunes el 13/12/2010
Querido Santa
[Pablo del Toro] No sé si todavía te acuerdes de mí. Yo era ése mocoso pedinche que a veces se portaba bien, que jugaba a ser torero, que no prestaba los juguetes que año con año me regalabas y que, a medida que pasaron los años, se olvidó de ti.

Hoy, muchos años después de mi última carta, vuelvo a recurrir a ti para pedirte algunas cosas. Te explico.

Siempre he considerado grandes genios a aquellas personas que se atreven a crear, a inventar. Ésas personas que tienen ésa chispa tan singular de convertir cosas simples en algo sublime. Ésos magos que te obligan a escuchar una y otra vez una canción, ésos que te obligan a releer los libros, ésos que te inspiran de cuando en cuando a escribir cursilerías (como ésta), ésos que te arrebatan el grito de ‘gol’ de la garganta, ésos que te convencen de ir a la plaza de toros cada vez que torean.

Yo te quiero hablar específicamente de éstos últimos. Ésos extraterrestres que también llamamos figuras del toreo. Y te preguntarás, entonces, por qué te quiero platicar de ellos, si a lo mejor a ti ni te interesa.

Es que lo que vi el domingo 12 de diciembre del 2010, me ha dejado marcado como aficionado a la fiesta de los toros. No sólo por la magistral faena que Sebastián Castella le hizo a su toro de regalo, si no porque en realidad me quedo con un sentimiento de ambivalencia al respecto. Y de ahí viene mi petición para esta Navidad.

Yo no soy quién para discutirle la categoría, la maestría y la enorme capacidad torera digna de un artista superdotado en la lidia de animales como lo es Sebastián Castella. Fui uno de los casi 9000 aficionados que tuvieron la suerte de ver la ópera prima de Sebastián en México. Fui uno de los casi 9000 aficionados que vieron, al borde tanto de las lágrimas como del asiento, la histórica faena que el francés le hizo a Guadalupano. Y estaré agradecido siempre por ello.

Sin embargo, también soy un aficionado que paga un boleto, que asiste a los festejos con regularidad, que ha estudiado muchos años la Fiesta Brava, y a veces hasta se atreve a escribir una columna semanal. Y eso, querido Santa, me ha enseñado a entender, aunque no siempre compartir la opinión pública. Si no lo has adivinado, soy de los que piensan que no debió darse el indulto a ‘Guadalupano’.

Te cuento que justo antes de que Sebastián Castella hiciera el intento de tirarse a matar para culminar su obra de arte, algún irresponsable, irrespetuoso y terco pseudo-aficionado aventó un cojín al ruedo provocando que el toro se distrajera, impidiendo así que Sebastián matara como Dios manda al animal. Esto además, provocó que el blandengue juez cediera ante un poquito de presión, pues le dio tiempo de que sacara su ábaco para contar los pañuelitos blancos, se acordara de su mami y decidiera que siempre es mejor el camino fácil del indulto, que el camino difícil pero siempre consagratorio, el de las orejas y el rabo.

Yo lo único que te quiero pedir para ésta Navidad es un juez con autoridad para mi plaza. Uno de los “de a deveras”, de los que no permiten que picadores, banderilleros, ganaderos y a veces hasta toreros hagan lo que se les venga en gana en el ruedo. De los que no ceden ante cuatro o cinco pañuelos. De los que no dan trofeos si no se merecen. De los que no regalan indultos a toros sin presencia, ni fuerza. De los que te enseñan a ver toros. De los que le dan categoría a la plaza. En fin, de los que sí tienen el coraje necesario para presidir una corrida de toros. Por lo demás, pues la cuota está cubierta. Al final, alguien se me adelantó y te pidió un Sebastián Castella de Navidad, y se lo diste. Nos lo diste.

Con todo mi cariño,

Pablo del Toro.

P.D.: Anexar en mi lista la paz mundial, que se acabe la guerra contra el narcotráfico, que se acabe la corrupción y la inseguridad en mi país ya sería mucho pedir. Pero si te agarré de buenas, pues también te lo encargo.



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Autor Hilo