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Entre el esfuerzo inútil y lo útil del esfuerzo

Publicado por José Mata el 7/7/2010
Entre el esfuerzo inútil y lo útil del esfuerzo
Como es habitual en la plaza de toros la Casa de la Misericordia de Pamplona, se ha registrado un lleno a reventar, y tras las manifestaciones de acuerdo, así como del consiguiente desacuerdo con la alcaldesa Yolanda Barcina, que ha presidido el festejo.

Se han lidiado ejemplares de Peñajara, impecablemente presentados, de hermosa lámina, con diferente actitud: el primero descastado, poniéndose por delante, peligroso; manso, descastado, soso, sin transmisión; recorrido, clase, calidad y emotividad tuvo el tercero; no valió nada el peligroso cuarto; otro ejemplar sin fondo ha sido el quinto, que cazaba al torero; y el sexto salió defendiéndose, débil.

Diego Urdiales: Ovación y silencio (entre el interminable bullicio de los mozos pamplonicas).
Luis Bolívar: Palmas y silencio.
Salvador Cortés: Saludó en el tercio y silencio.

Detalles:
El banderillero Luis Mariscal saludó en el tercio, tras dos estupendos pares al tercero.

Hay ocasiones que no se entiende ese esfuerzo inútil por conseguir una gran faena cuando frente al torero hay un mastodonte que se niega a embestir, y es más busca herir por todos motivos; sin embargo, el esfuerzo está ahí, el reconocimiento de la asistencia le acompaña, pero al final, todo queda en la nada. Pero cuando sale el toro y no aparece lo útil del esfuerzo, también queda el desencanto de no aprovechar a cabalidad al buen toro, como se percibió con Salvador Cortés.

Lo primero, lo ha tenido que vivir un honrado a carta cabal, como es Diego Urdiales, quien su voluntad a raudales, sus innegables ilusiones por conseguir la gran propuesta que emocionara y conmoviera a los aficionados… se estrellaron con dos mastodontes, que no quisieron en lo absoluto colaborar consecuencia de su mansedumbre y falta de casta. Diego estuvo ahí, eso nos queda claro por su esfuerzo, que resultó inútil porque los elefansiáticos ejemplares, se resistieron colaborar, buscando en todo momento herirle, pero su serena inteligencia apoyada en su valor y técnica lo impidió.

Con una larga quiso motivar el panameño Luis Bolívar, a la efusiva concurrencia que está en sus propias celebraciones en el tendido, si en el redondel no ocurre algo que en verdad llame su atención, pues todos siguen con lo suyo. Y Luis Bolívar en un par de actuaciones anodinas, ante dos toros complicados no dejó nada para el recuerdo, más que la desesperación entre los asiduos concurrentes. Sí… esfuerzo, pero un inútil esfuerzo que no conmovió a nadie, porque insistía en hacer lo que no admitía el toro. A su segundo lo citó de largo, exponiendo en verdad, arqueó en demasía la geografía corpórea, para que pudiera pasar ese “ferrocarril”, y después seguir intentando sacar pases con ambas manos que no pudieron llegar a buen puerto, porque eso era casi imposible. Al final, todo ha sido inútil.

Después de un entusiasta prólogo en donde los molinetes impactaron a la inacabable alegría de los mozos pamplonicas, Salvador Cortés, continuó con la mano diestra con series en donde el temple asistió, por momentos, aunque se acabaron imponiendo más los pases con la rapidez del nerviosismo, de quien pretende levantar la mano, para hacer notar que ahí está ante un buen toro. Vamos, incluso la largueza en el trazo, igual se vio, pero en esa primera serie, no obstante, no hubo algo más. Vinieron entonces los naturales, que por cierto, han resultado mejor, porque la calma en su nervioso espíritu hizo reclamo en su toreo. Detalles pintureros, que quizá, hubieran sido mejor aprovechados en un par de series cortas con la zurda. Una serie más con la diestra más acompasada, pero… pero, el toro merecía un mejor trato.

Su exposición resultó tan desigual, y me hizo sentir como si de pronto estuviera en una galería, y para empezar apareciera Velázquez, luego Renoir, después Picasso y finalmente Dalí, sin que existiera un fundamento para ello.

Vinieron entonces las bernardinas con más entusiasmo que rigor en el trazo, entendiendo no mucho de la clase del toro. Un pinchazo en lo alto, para dejar un buen espadazo, que ha sido suficiente para que el estupendo ejemplar sucumbiera, y todo quedara en una salida al tercio. Sí, aquí faltó en verdad lo útil del esfuerzo, porque pudo haber existido una faena que hubiera impactado en la asistencia, pero... pero... el hubiera no existe.

Salvador con el que cerró plaza no pudo con el andarín sexto, que buscaba más defenderse que embestir, y del útil esfuerzo que había dejado en el tercero, volvimos a observar el inútil esfuerzo con un toro que al final no dijo mucho.


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Autor Hilo