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Reportajes > Un paseo por San Martín

Un paseo por San Martín

Publicado por MMG el 20/7/2010
Un paseo por San Martín
[María Monteverde] Hace unos días escuché sobre una invitación a la ganadería de San Martín, a la que sin más, decidí colarme al plan sin imaginarme que superaría por mucho mis expectativas y me haría pasar uno de los mejores días taurinos que a la fecha he tenido.

Después de inventar un pretexto en el trabajo y de prácticamente madrugar, Ángel, Rudy y yo nos dispusimos a emprender el viaje por carretera que nos llevaría destino a Tequisquiapan. Tomamos la autopista, siguiendo al pie de la letra las indicaciones de cómo llegar. Todo estaba a nuestro favor, el tráfico de nuestra querida Ciudad de México esa mañana decidió no cruzarse en nuestro camino.

Después de casi dos horas de trayecto, y de jugarnos la vida al cruzar corriendo la autopista México – Querétaro, para desayunar unas quesadillas entre camioneros y viajeros, a la orilla de la carretera en Palmillas, encontramos tarde la desviación a Tequisquiapan, porqué no, nos pasamos, pero a pocos metros se hallaba un retorno que nos llevó a lo que estábamos buscando. Poco más adelante, por fin, la entrada a un paraíso ganadero.

En el arco de acceso aparecía el letrero de ganadería La Gloria, ¿qué no íbamos a San Martín? Ahí me enteré, que junto con El Olivo, las tres son parte de lo mismo. Nos internamos en un camino de terracería con enormes campos a nuestro alrededor y un poco más adelante el centro de este inmenso lugar. Recibidos por la alegría y juguetería de Gitano, un labrador chocolate que nos dio la bienvenida y nos guió a donde las sorpresas continuarían. Pasamos al interior del hogar, dónde a la mesa, se encontraban desayunando cómodamente los anfitriones, Pepe Chafik Hamdan y Marcelino Miaja, acompañados de su huésped Guillermo Martínez y los también invitados Rodrigo Cuevas, Alberto Huerta, Antonio Mercado, José Luis Herros y el novillero Pepe Zúñiga.

Olvidé mencionar que el motivo de la visita a la ganadería fue por asistir a una tienta. Y en lo que hacían los preparativos para que esta diera inició, Chafik nos dio un paseo por las paredes de la estancia de la casa, que nos transportaron a la verdadera época de oro del toreo, tanto en México como en el mundo. La casa, abarrotaba de fotos y trofeos, mostraba en cada rincón un historia diferente, esperando ser contada, cada paso que daba, una experiencia nueva por oír, complementada por las grandes historias platicadas por el propio ganadero. Recorriendo centímetro a centímetro y observando cada detalle, algo me hizo subir la vista y preguntar quién fue el toro, que aún estando disecado, me miraba tan fijamente y era nada más que el famoso Juanito un toro indultado por Eloy Cavazos.

El momento de probar los animales había llegado y los encargados fueron a cambiarse para usar las ropas apropiadas a este encuentro. A quienes nos gusta ver los toros desde la barrera, nos acomodamos en las sillas del tentadero, listos para ver salir la primer vaquilla, a la que Guillermo Martínez esperaba en el ruedo, observado por Gitano, que corría por los muros queriendo también brincar a lidiar a la vaca. ¡Qué buen animal!, lo toreó con gracia y facilidad, acompañado de Antonio Mercado. Con la segunda vaquilla siguió el turno de Alberto Huerta, Rodrigo Cuevas y Ángel Bernal, quienes cómodamente lograron el gran lucimiento del animal. A la tercer vaca le salieron José Luis Herros y Pepe Zúñiga, el novillero, quienes siguiendo también las instrucciones del experimentado ganadero, que uno a uno fue guiando la tienta. Para terminar, brincó al ruedo un bravo novillo, al que torearon y probaron Guillermo Martínez, Rodrigo Cuevas y Antonio Mercado. En la tienta todos tuvieron una oportunidad, matadores, novilleros y hasta aficionados pudieron deleitarse con el buen trasteo de aquellos nobles animales. Tres excelentes vacas y un extraordinario novillo los que se probaron aquella tarde en ese ruedo.

El día no terminaba aún, fuimos invitados también a compartir una exquisita comida que Lupita realizó, con un excelente sazón y con el toque especial del ganadero Pepe Chafik. La agradable plática, hablar sobre el resultado de la tienta y acerca de lo que vendrá, seguía complementando aquél extraordinario día, que nos daría por postre la emocionante visita a los potreros, que de haber sabido, me hubiera limitado a adentrarme menos. ¡Pero qué experiencia!.

Después de degustar los alimentos, seguimos a los ganaderos por un paseo entre los corrales. Vacas, sementantes, ardillas, campo, era todo lo que había a nuestro alrededor. Uno a uno recorrimos todos los potreros, fue impresionante ver un becerrito a pocas horas de haber nacido, apenas podía mantenerse en pie y con sus frágiles patitas saltaba simpáticamente en círculos alrededor de su madre. Era una sensación de sentimientos encontrados, me sentía feliz, conmovida y emocionada, con nervio y miedo a la vez, las vacas nos miraban fijamente y seguían con la cabeza nuestro andar, alguna daba unos pasos de curiosidad sin acercarse demasiado a nosotros. Era hora de entrar en último potrero que daría fin al recorrido, en este, se encontraban los becerros que próximamente serán lidiados. Sus miradas de bravura y curiosidad también nos seguían, pero estas no se limitaban a pasitos, si no a acercase más, ¿quiénes eran los intrusos que cruzaban por su hogar? Su presencia cada vez se volvía más cercana y no paraban de caminar. ¡No vayas a correr! me decían, y como no hacerlo si yo prácticamente los sentía venirse sobre mí. ¡Súbete a la barda me gritaron! ajá ¿cómo le hago? Si mide como dos metros y mi poca agilidad no me lo permite, en fin, no pasó nada, la experiencia de los guías y los acompañantes me hicieron salir ilesa de ahí. Qué experiencia, y pensar que día a día nuestros anfitriones hacen ese recorrido.

El sol caía y la noche llegaba, era hora de emprender el camino de regreso, no sin antes complementar la invitación con la visita a otra parte de la casa, que seguiría empapando mi experiencia por este lugar, engrandecida por el sin fin de experiencias que el ganadero nos compartía. Nos despedimos cerca de cinco veces, cómo dice el dicho "El que mucho se despide, pocas ganas tiene de irse", y es verdad, cada paso daba pie a una nueva conversación y a otro motivo de atención de los anfitriones. Vaya trato que nos dieron, jamás terminaré de agradecer sus atenciones y el como hicieron que me sintiera parte de todo. Su generosidad y sencillez no tienen más palabras y como lo dije antes, uno de los mejores días taurinos en mi vida. GRACIAS.




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Autor Hilo
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