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«El toro no me hizo rico, pero me dio muchas satisfacciones»

Publicado por Rubén Darío Villafraz el 20/7/2010
«El toro no me hizo rico, pero me dio muchas satisfacciones»
[Rubén Darío Villafraz]Positivo ante los retos, honestidad, trabajo, fidelidad, amigo de los amigos y sobre todo respeto, son las premisas de Fabito Grisolia, hombre quien se le puede mirar en la cara la satisfacción de haber cumplido el deber de haber llevado la Feria del Sol al nivel de primera cita taurina de Venezuela.

Le correspondió ser protagonista de una etapa importantísima de la Feria del Sol. Por su manos pasó el antes y el después de una cita taurina que la hizo grande, a la par de sus expectativas en la vida. No en vano, destinó gran parte de su juventud a una pasión que ingratamente no le correspondió como debió ser. Hoy en día vive la fiesta brava a la vera de ser testigo –desde el tendido numerado- de lo que su laborioso trabajo cultivó. Es Fabito Grisolia, hombre de empresa, ganadero, y especialmente amigo de quienes con su persona compartieron una época los sinsabores y triunfos de lo que luego denominaría y tomaría forma como “El Carnaval Taurino de America”.

Hemos querido en esta ocasión, honrar a una persona que lejos del anonimato del cual ha pasado estos últimos años, también se le debe el merito que pocos le reconocen. Ya se sabe, “A rey quitado, rey puesto” .

«De verdad, no había dado ninguna declaración a ningún medio, desde que vendí La Carbonera poco menos de diez años, siendo un placer el ser honrado con este especial, en fecha tan importante, como lo es celebrar los cuarenta años de la gran cita taurina merideña» destaca a primeras Fabito, diminutivo en virtud de su padre, Don Fabio Grisolia, llevar la batuta de lo que fue orgullo de los emeritenses, la divisa blanco, azul celeste y rosa, con la que se distinguió los toros criados en predios de la población de Jají.

«Junto con mi padre, tuvimos en nuestra manos, durante quince años la organización de la feria en su aspecto taurino. En aquella época, cuando la recibimos solo se daban tres corridas, luego fuimos experimentando en subsiguientes ediciones aumentarla hasta llegar a dar cinco y un año incluso hasta seis corridas. De verdad, viendo el paso de los años, observo que a pesar de todo el esfuerzo que se ha hecho, aún no ha crecido del todo el abono merideño, habiendo crecido la afición, la población, siendo Mérida una ciudad turística que debiera alargar el periplo de ese atractivo que tanto gusta como son sus corridas de toros, representando la posibilidad de mayores ingresos económicos para la ciudad» hace análisis Grisolia, en cuanto a la situación sobre la cual se ha sustentado los últimos años la Feria del Sol.

No pierde hilo de su comentario al completar dejando en claro «Los toros, por ejemplo en España es el segundo espectáculos de masas después del futbol, y por ende atractivo turístico, lo que sitúe a España como la segunda potencia turística del mundo, por debajo de Francia, a razón de contar la fiesta brava como referencia. Afortunadamente en Mérida, pese a esta situación, se ha contado con buenos y novedosos empresarios taurinos que sinérgicamente han llevado a la cima nuestra feria», destaca Fabito.

«Mérida y su plaza, ostenta el privilegio de contar con una feria de primer nivel en parte por la firmeza de darle categoría y seriedad a todo lo que la embarga, ello ha ayudado que la fiesta brava en esta ciudad se haya ido pa’rriba en tan poco tiempo, cuna además de ganaderías, toreros, rejoneadores empresarios y numerosa prensa, tanto escrita como televisiva y radial, a diferencia de otras ciudades, como por ejemplo San Cristóbal, Maracaibo o Valencia, el cual con cuatro o cinco corridas de toros le queda grande el abono, lo que de esta forma la convierta en potencia taurina en el país», prosigue.

DE “EL CARMELO” A EMPRESARIO DE LA MONUMENTAL

Cuenta Fabito lo que fue sus inicios en el ámbito taurino, señalando como epicentro la recordada placita El Carmelo, instalada por Don Germán Corredor, en Ejido, y el Nuevo Circo de Belén, igualmente arrendada por Corredor en el casco central de la ciudad. «En esas plazas me llevaba mi papa, el cual era así mismo muy aficionado, contando no más de quince años. Luego ese espíritu de taurino hizo que mi padre comenzara con la idea de montar en suelo merideño una ganadería de reses bravas, siempre bajo el apoyo y la asesoría de Don Augusto Rodríguez Aranguren, padre de los actuales empresarios de la Feria del Sol. Mi papa le escuchaba y le respetaba mucho, como buen conocedor de toros, hasta que se logró comenzar y luego fundar La Carbonera, por allá por 1975, de allí nace mi vinculación al lío del toro» explica con detalle.

Y no solo ganaderamente hablando destacaría Fabito, pues a nivel empresarial, de igual modo sembró afición en el resto del país, tras la traída al país de la primera plaza de toros portátil española, armable, que hoy en día lleva por nombre La Morena. «Yo con lo que ganaba en una feria, lo perdía en otra, con mi plaza, y en fin, fue un duro trajinar que luego de dos años, al menos tras librarla, descanse, pues significó vivir casi a plenitud un mundo muy absorbente».

El don de la responsabilidad fue lo que caracterizó el nombre de Grisolia en el firmamento taurino, de ello puede dar constancia el propio Fabito, quien señala «Perdíamos en muchas ocasiones dinero, pero igual se tenia que dar el espectáculo, tal y como en varias oportunidades nos sucedió, por ejemplo, en Barquisimeto, donde a pesar de existir en aquella época una baraja de toreros mucho mas numerosa y consolidada en el gusto de la afición que la que hay actualmente, varias fueron las ocasiones que “salimos con las tablas en la cabeza”, sin perderle jamás el respeto al que apostaba por nosotros como empresa».

Nos comenta entre estos hechos la anécdota igualmente acaecida en 1981, en el marco de una corrida de toros escenificada en El Vigía. «Habíamos embarcado un encierro en la ganadería nuestra, y una hora antes del comienzo del festejo, se nos muere uno de los seis toros que llevábamos, ahogado en el cajón de lo gordo que estaba, en ese entonces y como lo ha sido siempre, en portátiles no llevábamos sobrero. No nos daba opciones ir a Jají a buscar otro toro por cuestiones de tiempo y distancia, mucho más dar un espectáculo con un toro menos. La única alternativa, fue ir a buscar un toro en “El Morichal” pie de cría de La Carbonera, a 15 minutos de El Vigía, y lidiarlo para completar el encierro, matando de esta manera un semental mexicano de Piedras Negras, para con ello cumplirme a la gente, porque así igualmente era mandato de mi padre».

FUTURO POCO HALAGÜEÑO

No quita un ápice de importancia las palabras sobre el momento actual de la fiesta brava en nuestro país, ante lo que representa las cada vez, numerosas dificultades a las que se le carga. «Veo muy problemático el hecho que uno busque para armar una feria, y se encuentre que “sobren dedos de la mano” las opciones en cuanto a toreros venezolanos de interés al momento de confeccionar carteles. Observo cada día disminuyen más las novilladas e imposibilite la formación de nuevos matadores de toros, y para ser sincero, sin ser pesimistas, veo un marcado retroceso nuestra actual fiesta brava, en cuanto al numero de corridas se refiere, en razón de lo dificultoso que implica traer figuras, que a final de cuenta son las que llevan gente a la plaza. Cuidado, si no sea este año el ultimo, el cual podamos aunque sea ver uno o dos de ellos en nuestros carteles».

Rememorando su largo paso por todas las facetas en el mundo del toro, hace retrospección y deja en claro «Haber pasado por todas ellas, y de verdad, haberlas disfrutado como pocos. Hoy en día tengo diez años como aficionado en el tendido y me digo… tantas satisfacciones me dio la fiesta, pero la pena que los saldos fueran tan negativos en lo económico, lo que me hace reflexionar y decirme “nunca debiste haberte bajado de la grada”, aun cuando tengas las satisfacciones de haber sido ganadero de bravo junto con mi padre, empresario y sobre todo, padre de un rejoneador alternativado, éxitos que se suman a poco más de treinta años metidos de lleno en el ambiente del toro, en especial en lo ganadero, donde se registra la lidia aproximada de unos novecientos toros bravos en plazas venezolanas y colombianas. Hoy en día disfruto la fiesta desde el tendido y la veo desde otra perspectiva».

Pese a este retiro voluntario, no elude estar al tanto de la actualidad taurina. «Si, la sigo como un aficionado más, a través de este medio el cual se ha caracterizado por la seriedad y profesionalismo con la cual enfoca la información taurina, privilegio que tenemos los merideños. Llama poderosamente mi atención el amplio espectro que ha abarcado los grupos animalistas que supuestamente defienden la integridad del toro de lidia, cuando lo que están haciendo por ignorancia es aupar su misma extinción. Sector por demás que ha tomado auge a raíz de su peso en naciones ajenas totalmente a la cultura hispana, por medio de acciones intervencionistas».

Sobre toreros, a lo que tanto les ayudo en sus comienzos y proyectó, Grisolia hace recuento y saca cuenta de una lista donde se incluyen espadas venezolanos, colombianos, españoles, mexicanos e incluso franceses. «El primer torero que ayude fue a un gran amigo mío y vecino de la parroquia El Espejo, como fue Ángel Sulbarán, contemporáneo conmigo la cual “le echamos la mano” cuando decidió irse a México bajo la asesoría del maestro César Faraco. A Nerio Ramírez le vi de novillero en España y se le tomó en cuenta en gran parte de mi estadía al frente de la plaza de toros de Mérida y otras más, y así como ellos, muchos, a quienes comenzara en esta dura profesión se le pudiera ayudar, ya sea con tentaderos a la ganadería, un pasaje, un traje de luces, en fin, siempre actuando como buen taurino».

No deja por alto en señalar, para finalizar, lo bueno y lo malo que ha tenido que sortear a lo largo de todos estos años. «Sin duda alguna, de lo bueno, lo bonita de esta fiesta… siempre he sido y moriré siendo aficionado taurino; lo malo, cierta gente que esta alrededor del toro, con muchísimo “malaje”, el cual lo que hace es un mal para la propia fiesta. Desgraciadamente también yo conocí mucha gente con esas características».

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Fabito Grisolia, todo un personaje de la fiesta brava venezolana, quien organizó por 15 años la Feria del Sol.

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Tantas satisfacciones me dio la fiesta, pero la pena que los saldos fueran tan negativos en lo económico, lo que me hace reflexionar y decirme “nunca debiste haberte bajado de la grada”, reflexiona Fabito Grisolia.

ENTRE MUCHAS ANÉCDOTAS…

Sería larguísimo hablar de las vivencias que por los recovecos de la Plaza de Toros Monumental “Román Eduardo Sandia” tiene en la memoria Fabito Grisolia. Hace memoria al socaire de un cerero y fuerte café negro, y se explaya en abrirnos el baúl de los recuerdos. «Hubo una Feria del Sol, el cual se tuvo muchos problemas a la hora del reconocimiento de los encierros por parte de la Comisión Taurina, “echándose pa’tras” varios, lo que obligó a traer otros. En ese corre-corre, de las cinco corridas que ese año organice, solo pude ver dos, pues mientras la gente disfrutaba del espectáculo yo tenia que embarcar las corridas que se habían rechazado, lo que marcó para toda mi vida ese año ferial».

Otra de los hechos que implica una labor de tanta responsabilidad como es la de empresario, la vivió cuando las debacles devaluativas del Bolívar hacían estragos a comienzos de los ’90. «Hubo un año que par la Feria se trajo a Ortega Cano y César Rincón, y a raíz de esta situación monetaria hubo un paro de vuelos, imposibilitando la llegada de estas dos figuras. Ortega Cano estaba en Lima, y para no quedar mal por este inconveniente, se le fletó una avioneta privada hasta Mérida; cuando Luis Álvarez, apoderado entonces de César Rincón se entera de dicha situación, igualmente me exigió que se le trajera a Rincón en vuelo privado desde Bogotá, ante la deferencia tenida con Ortega Cano, si no no hacia presencia en la feria, no quedándome opción que igualmente pagar otro vuelo privado, para de estar manera cumplir, sobre todo con la gente, que para ese año había agotado las entradas para ver a estos dos “monstruos” del toreo el cual estaban en su plenitud de vigencia para aquel entonces».

Sentencia para dejar en claro Grisolia «Yo en el lío del toro no me hice ni rico ni gane el dinero que mucho creen, ni menos con la ganadería; pero de algo si estoy claro, me dio muchas satisfacciones personales, por lo cual siempre que me vean por la calle, ando con la “cara en alto” porque afortunadamente nadie me puede recriminar malos manejos. Creo, que en el medio del toro tengo muchos amigos, que me reconocen y me respetan, agradeciendo todo este bagaje a quien fue mi gran mentor, amigo, socio y confidente, como lo fue mi padre, siendo todo para mí, incluso su muerte, hace poco menos de tres años la sentí con toda el alma, pues ante todo hubo un respeto mutuo, admirándolo siempre» apunta.

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Creo, que en el medio del toro tengo muchos amigos, que me reconocen y me respetan, agradeciendo todo este bagaje a quien fue mi gran mentor, amigo, socio y confidente, como lo fue mi padre”.

Fotos: Eduardo Lázaro


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Autor Hilo
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