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Fue un adalid ejemplar en la cría del toro de lidia

Publicado por El Vito el 8/10/2017
Fue un adalid ejemplar en la cría del toro de lidia
[El Vito] Cuando la temporada de 1972 el tándem Chopera – Lozano, maneja la Fiesta, desde Lima hasta Tijuana en América, y en Europa aprieta la pinza que abarca desde Castellón hasta Dax.

Fue en agosto de 1972, mi primer viaje a España.

Por aquellos días el Estado español lucía sólido. Una mano férrea llevaba las riendas de una nación unida. La fiesta de los toros vivía bajo la influencia de Benítez, ya que El Cordobés desde 1969 formó bélica pareja con Palomo Linares. La respuesta al monopolio fue el grupo de “los guerrilleros”. Título que en su momento aterrorizó al recordado Heberto Castro Pimentel, Jefe de Deportes en El Nacional, cuando le entregué el escrito en su despacho. Era el artículo ordenado por Abelardo Raidi con el relato de cómo las grandes empresas monopolizaban el toreo en España y América.
Entonces, la respuesta de los toreros, un grupo formó la guerrilla. Eran profesionales de la fiesta que desde dentro del Estado lucharían por la unidad eterna. Unidad que entonces significaba ser español..

El monopolio empresarial nos recordó la frase de Enrico Mattei, frase con la que el petrolero italiano se refería a las siete empresas que surgieron del desmembramiento del monopolio de la gigantesca Standar Oil. Manolo Chopera, heredero del monopolio donostiarra, condujo a Pedrito Balañá, Diodoro Canorea, Barceló, Fernando Jardón y Alonso Belmonte a la defensa de los intereses de los tradicionales empresarios.

En Ferraz 24, Madrid, se reunían los hermanos José Luis, Eduardo y Pablo Lozano. Estos castellanos con poco estruendo y mucho de sabio silencio en sus vidas, preparaban las municiones en el bando de Los Guerrilleros. Unidos El Cordobés y Palomo, como líderes, condujeron a los veteranos César Girón, Alfredo Leal, Gregorio Sánchez y un grupo diestros que se distribuyeron los carteles en festejos organizados en ciudades y pueblos sin plaza en la estructura portátil La Guerrillera, de ingeniería toledana con la que se escribiría un capítulo de la historia taurina que mucho tuvo que ver con el desarrollo de los toros en Venezuela. Sin que llegara a carburar, paralelo a la guerrilla crecía en los despachos otro grupo que encabezarían Luis Miguel y Antonio Ordóñez…pero no fraguó.

Antes, en la temporada de 1969 había hecho camino, y lo había hecho con fuerza en la escena, la figura el joven ganadero de Galapagar. Lo hizo con sus toros, toros hijos de vacas de Escudero Calvo y con su imagen de pueblo untada de sabores castellanos y de socarrona humildad mezclada con profunda sabiduría en cada sentencia que colocaba sobre el tapete. Lo hacía envuelta en la sencillez de lo genial. “El paleto” así lo llaman irrespetuosamente Navalón y Zabala. Más tarde le convertirían en héroe popular, porque sus saltillos no ruedan por los suelos, ni son los preferidos por las figuras. Si sobró quien le exaltara, no hubo quien le acusare de fraude, o por haber afeitado un toro, o por falsificar fechas de nacimiento.

Con Victorino regresó la emoción a la arena y volvió la dignidad en la plaza. No es lo mismo las orejas a un Victorino que los rabos de los galaches. La revolución Victorino nada tiene que ver con el estruendoso mercado de El Cordobés. Sí perdurará y se propagará como sostén de la fiesta mucho más de lo que había logrado Manuel Benítez con su genialidad como el mercader de su propia historia política, que era la historia de la España de la posguerra.

Mientras todo esto ocurre, gracias al rescate de los toros del Marqués de Albaserrada, Victorino Martín invadía aquellos espacios que habían sido vetados por los señoritos del Estado para los soñadores del pueblo. Invasión que hizo imponiendo las virtudes que muchos pregonaban se habían corrompido y que reclamaban era urgente se rescataran

Los Domecq desplazan a los Buendía, los Urquijos y también a los Galaches. Las aguas del miedo seguían en la exclusividad de los sangrientos molinos de Miura, los Cuadri y los cárdenos sanluqueños de Pablo Romero, cobrando con creces su historia … al otro lado de la acera los nietos de los Pedrajas reunidos en incómodos Isaías y Tulio Vásquez.

Las divisas preferidas entonces eran las de Santa Coloma, impuesta por Paco Camino, los murubes de Bohórquez, y los juanpedros del Puerto, los Osborne de José Luis exaltados en sus virtudes una tarde ante un toro, Atrevido, por un torero, Antoñete. En los estertores de su historia y los galaches, patas blancas y montalvos en momento que emprendían el camino de la autodestrucción.

Victorino Martín y Andrés, apostó por un ganado que, en ese momento, nadie quería; y, con mucho trabajo y gran inteligencia, lo colocó en lo más alto. La prensa taurina, como todo medio de comunicación de la época, era manejada desde los despachos desde El Pardo. Sin embargo había un grupo interesante de comunicadores, entre ellos Vicente Zabala, Gonzalo Betancourt Carvajal y Alfonso Navalón por un lado, Díaz Cañabate, Campos de España, Ventura Remache, Mariví Romero, Don Ventura por el otro. Todos se cuidaban de no disgustar al régimen franquista, pero a la vez evitaban confundirse con él como lo hizo Gonzalo Carvajal que llegó a vivir entre nosotros difundiendo su devoción por Fidel Castro y Domingo Dominguín.

Así estaba el pozo cuando apareció en la fiesta como ganadero un hombre de breve estatura, boina y alpargatas, al que calificaron de “Paleto”. Calificativo despectivo que el hombre del pueblito convirtió en distinción. Victorino llegaba a la gran ciudad por la puerta grande de sus triunfos en Las Ventas. Venía de Galapagar, Madrid, dispuesto a conquistar terrenos que por centurias había invadido la oligarquía andaluza con sus toros, con sus ministros en las Cortes e influencia en el espectáculo. Victorino supo competir dignamente, conscientemente diríamos, ya que a medida que fue creciendo en los ruedos de Iberia, crecía en el corazón del pueblo. Mucho antes que le aceptara el aficionado del clavel en el ojal, Victorino había formado sus forofos en los asoleados tendidos de las plazas duras, de aquellos pueblos donde aún la desesperanza figuraba en el cartel de las opciones de la nación española desde que se había iniciado con las vacas de Escudero Calvo en las plazas de la Sierra madrileña con 23 años de edad y una gran ambición taurina. El 30 de abril de 1961, lidió su primera novillada, en Zaragoza. Al año siguiente, compró un segundo lote de vacas. En junio de 1964, salió a hombros en una novillada, en Aranjuez. El 19 de junio de 1965, sus toros cárdenos se lidiaron por primera vez en Las Ventas y compró el tercer lote de Escudero Calvo. El 29 de junio de 1967 lidió su primera corrida de toros, en Castro Urdiales.

He conocido muchos admiradores de Victorino. Son muchos y muy buenos aficionados. Los hay ganaderos y también profesionales entendidos. Ninguno como mi muy apreciado y recordado José Chafik Hamdam ganadero mexicano, apoderado de Manolo Martínez, y propietario de las ganaderías de San Martín y de La Gloria en México y de San Martín en España.

Cuenta Ricardo Torres, en su libro “Retrato de un ganadero, la biografía de José Chafik Hamdan” que Pepe conoció a Victorino en el Hotel Wellington abordándole en la cafetería y presentándose él mismo. Sabía quien era Victorino, y quería hablar con el de su pasión: de Saltillo.

Aquel día y en aquel momento nació una gran amistad. Sin embargo, contaba Pablo Lozano que, una tarde en la ganadería de Victorino, cuando Chafik ponderaba los toros del ganadero de Galapagar, éste, Pablo Lozano, luego de recibir un codazo para que atendiera lo que le diría, dijo Victorino: “al mexicano le gustan mis toros, pero si piensa que le voy a vender uno, está muy equivocado”.

El inexorable paso del tiempo todo lo trasforma. Habiendo aumentado la amistad, un día y de sopetón Victorino le confesó a Chafik que estaba dispuesto a darle semen de dos de sus toros, con la condición que fuera para cubrir vacas mexicanas. Pepe, le dijo Victorino: “Vete con el mayoral a recorrer a caballo los potreros y elige dos toros que estén padreando y que sean los que más te gusten…”

Los toros que escogió Chafik fueron “Matador”, toro con el que luego Roberto Domínguez realizaría una faena de apoteosis en la Plaza de Las Ventas de Madrid. Más tarde, Victorino Martín hijo declararría: “debió haberse indultado y no morir en la plaza”.

Viene al caso porque Victorino, recientemente se opuso se indultara un toro al que Juan Bautista, toro al que el joven maestro francés realizó magnífica faena.

El otro toro escogido en el campo por Chafik fue “Buena Cara”, indultado en Bayona …

Pablo Lozano, uno de los grandes aficionados al toro que he conocido en la vida y solamente comparable con Paco Madrazo y el propio Pepe , opinaba, según relata Ricardo Torres en su ya mencionada biografía que “Como será de bueno Pepe Chafik que no sólo es el único criador de reses bravas en el mundo que tiene para sus vacas semen de toros de Victorino Martín, sino que no contento con eso, consiguió …¡que se lo regalara!

La amistad con Victorino, padre e hijo, va mucho más allá y, relatarla, es meternos de lleno en la historia grande del toro de lidia en España como en México.



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Autor Hilo