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El centenario de un figurón del toreo (Parte 1)

Publicado por Carlos A. Espinal el 11/8/2011
El centenario de un figurón del toreo (Parte 1)
[Carlos A. Espinal] El 12 de agosto se cumple el centenario del natalicio de un genio mexicano ícono de la cultura popular mundial, como lo es Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, mejor conocido como Cantinflas, cuyo legado artístico tanto en el celuloide, la televisión y el toreo, quedará para la posteridad de las generaciones que pisen el planeta.

Eterno formador de lo absurdo, sabio mezclador de la verdad y la falsedad, el también llamado “Mimo de México” fue dueño de una inimitable facultad creativa que lo graduó en el magisterio de la improvisación, creando un lenguaje sui géneris que suprimía verbos, introducía adjetivos, enlazaba palabras y mal usaba otras tantas del rico castellano, cuya aportación a dicho idioma quedó de manifiesto en 1992, cuando en su honor la Real Academia de la Lengua Española, aceptó como correcto el uso del verbo “cantinflear”.

Rodó 52 producciones -33 a blanco y negro y 19 en color- entre cortometrajes, largometrajes y una caricatura animada para tv, por cierto la primera mexicana de la historia –Cantinflas show y sus amigos de 1981-; siendo la mejor posicionada en el listado de las cien máximas producciones de la historia del cine mexicano “Ahí está el detalle” –en el lugar 10-.

La fiesta brava siembre sedujo al oriundo de la colonia capitalina Santa María la Redonda, quien de joven al crecer en el barrio bravo de Tepito, además de bolero, vendedor y boxeador quiso ser torero, hasta llegar por su formación histriónica a ser considerado como el mejor exponente del toreo cómico del mundo, por encima de los españoles Pablo Celis Cuevas el famoso Bombero Torero, Manuel Luque El Chino Toreo o Don Tancredo, siendo el primero de quien se dice que aprendió mucho empatando como él sus grandes habilidades para la tauromaquia y la comicidad, debido a esas enormes cualidades como lidiador que los expertos consideraban que lo pudieron haber llevado solventemente como profesional del arte de Cuchares.

Según cita Rolando Rodríguez en el prólogo de en su obra “Cantinflas Torero” de Editorial Clío; la fiesta de los toros ha sido legendariamente sitio de poder y arte: Espíritu de gracia y gallardía…luz de la seda y pasión de la arena. Espectáculo que refleja color y forma”, de lo cual Mario Moreno tuvo plena conciencia, entre otras cosas gracias a sus entrañables lazos de amistad con figuras del oficio como Manolete, Carlos Arruza, Luis Miguel Dominguín, Silverio Pérez o Manuel Benítez El Cordobés -a quien en 1953 prologó su libro autobiográfico-, presidentes de la república y personajes mediáticos de la época, amalgamando su faceta de líder en las altas esferas del poder, el espectáculo y la tauromaquia, gracias a la catadura de ídolo.

Cantinflas nació para el mundo de los toros el domingo 30 de agosto de 1936, en la plaza Vista Alegre de San Antonio Abad, donde su paseíllo al lado de Chicote y Palillo, abrió la senda de gloria taurina que recorrería en el futuro, llegando a desarrollar el toreo bufo –cómico- en su máxima expresión en países como España, Perú –donde hay quienes afirman tuvo su bautizo de sangre-, Venezuela, Guatemala, Portugal y hasta Estados Unidos, reventando plazas de bote en bote cual figura de tronío en festejos casi siempre benéficos, incluida la plaza México donde gracias al Maestro Humberto Peraza tiene una hermosa escultura, alternando con los grandes de la historia de la fiesta como los ya mencionados Manolete, Arruza y Silverio, además de Armillita, Luis Procuna, Pepe Luis y Pepín Martín, como sucediera en el Toreo de Cuatro Caminos el martes 19 de febrero de 1946.

Atendiendo la máxima de Juan Belmonte, “El Chaplin Americano” ataviado de “corto” con calzona color tabaco a media cadera y faja de trapo, camisa blanca de manga larga raída, montera de quesadilla, corbatín de paliacate, zapatillas viejas, medias rotas y alamar de gabardina color azabache, toreaba como era; valiente, cautivador y artista, con perfecto conocimiento de lo que gustaba al público y de los terrenos de la res, entregado siempre a la búsqueda de la perfección en la dualidad entre el drama del toreo, ya sea sentado en una silla a la usanza de un fresco goyesco o en un estatuario ayudado por alto de inicio dando lectura al diario de la mañana, y el regocijo del alma que provoca la comicidad, haciendo el teléfono con el propio aparato, bailando tango en la cara de la res o tomando un descanso ocupando a ésta de almohada.

Fue la tarde del 1 de enero de 1948, donde se encarteló con Pedro Vargas, Pedro Infante, Armando Calvo, el comediante Kíkaro, Jorge Rachini y Luis Barrera Fuentes, sirviendo de alguacilillos Luis Aguilar y Miroslava, la que quedó grabada en los anales de la historia por la gracia que “El Mimo” derrochó a raudales en los tres tercios y los prodigiosos lances que facturó con capa y muleta a un bravo ejemplar de Humberto González, al que indultó entre grandes ovaciones que se desgranaron del tendido al dar la triunfal vuelta.


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Autor Hilo