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En el Pozo María Luisa – Oreja para Federico Pizarro ante débil encierro

Publicado por Luis Eduardo Maya el 4/2/2014
En el Pozo María Luisa – Oreja para Federico Pizarro ante débil encierro
[Eduardo Maya] Flojea el encierro y con él la tarde. La falta de fuerza relega a los toros de Santa Bárbara que en su reaparición da visos del tópico de la calidad, de “dejar hacer” y el penoso dejar estar.

Aun así, con un lote con francas opciones de triunfo, Federico Pizarro deja en solitaria oreja una actuación dispareja con momentos de buen toreo, mientras Jerónimo queda a merced del toro y de su propio momento taurino y El Capea mantiene su status de invitado incomodísimo.

Santa Bárbara, la martir nicodemia, patrona de mineros y fundidores bautiza el hierro lidiado ayer en La México, en el día de La Candelaria.

Tres lotes con carácter de desigual. Y variopinto.

Destaca en presencia el berrendo en cárdeno tercero, muy serio por delante, que contrasta con el acapachado cuarto y el estrechísimo, en todo aspecto, castaño que cierra plaza. Un muestrario, a modo de resumen, de flojedad. Hay momentos, son varios durante todo el festejo, en que los ganaderos habrían podido, literalmente, tirar la toalla y todo el mundo lo habría entendido.

Cuando se cae el toro… van varias veces que lo referimos en la Temporada.

A cambio, es justo decir que el primero de la tarde tiene opciones de triunfo.

A pesar de su inicio, descompuesto, muestra dispuesto a Federico Pizarro, tanto de rodillas en el recibo como por chicuelinas después. Hay ocasiones que la omisión del toreo a la verónica emociona, ayer la Plaza México lo acepta pero queda a la espera de emocionarse con un toreo de mayor sustancia, no obstante el empaque del torero.

Por ello, las gaoneras aunque aplaudidas no terminan de ser redondas, Federico no puede parar por entero. Y esto tiene que ver porque el toro protesta, tal como acude al puyazo, bueno por cierto, echándo la cara arriba. Cerca del tercio ante toriles, Pizarro remata por bajo y sale andando en el remate al lance natural con el capote por detrás.

Justo a partir de entonces, el astado comienza lentamente a cambiar.

El de Santa Bárbara se resiste en banderillas, tardea a los cites. Por ello, es clave pisar el terreno, cosa que cuesta un mundo a la cuadrilla. Todo el tercio se reserva. Pero Pizarro es inteligente, hay oficio. Lfo saca del burladero de matadores, al paso y dando los adentros, para rematarlo con perfecto cambio de mano hacia abajo.

La elección del terreno es clave. De hacer un juicio incorrecto, el astado terminaría montándose sobre el proceder del toreo, esto da la impresión de ocurrir porque Federico no encuentra distancia pese a que el toro acude de largo, perdiendo un paso, el ajuste llega y gana el derechazo en largueza.

Pero no hay continuidad al enganchar la muleta en la tanda siguiente.

En la unidad está la virtud.

Nuevo y atinado cambio de terreno, justo donde fueron las gaoneras, perdiendo el paso y trazando largo, Pizarro se entiende y el pase es rotundo, dos tandas son así. Lo extraó es que por el lado izquierdo la firmeza no llega, incluso pierde el engaño y la faena igualmente pierde en intensidad.

Lo importante es que Pizarro remonta, con el toreo doblón, bien rematado e, increíblemente, tras pinchazo y buena estocada, llega la oreja. Quizá por mayoritaria petición… y flojo criterio.

Un milagro ocurre en la lidia del segundo. Dos puyazos.

Y dos quites.

Jerónimo recibe a la verónica sin las excelsitudes de antaño cuando bajaba las manos hoy solo ha sido el molde. Hay paso atrás y sobreafectación, sin embargo el toro se emplea. Y derriba a Fermín Salinas Ortega que con tremenda gallardía vuelve para señalar un gran puyazo. Con el toro servido el tercio se viste de quites.

Pena que los toreros duden tanto. Bueno es acudir a retirar al toro del caballo pero esto es anacronismo. Pena. Jerónimo luce en la chicuelina aun siendo ésta movida en sus pinreles. Capea responde con quite combinado, lo mejor de su actuación a pesar de su remate tan deslucido y a la trágala.

La faena del diestro vuelve a tener empaque, sello, buen trazo en momentos ante un toro, con clase pero que requiere aguante. Tales virtudes contrastan con la muleta, a brazo estirado, retrasada y el ahogo de Jerónimo a partir del segundo pase de cada serie. La personalidad, hay momentos en que salva al torero, pero la grisura de su sitio, algo que aun no encuentra no termina por emocionar.

Emoción y arte, combinación maravillosa.

Solo que Jerónimo no se encuentra con la muleta como sí con la espada, muestra de ello el intento de circurret. Nueva gran estocada e increíble que la petición no creciera, Jorge Ramos tiene entonces la excusa para no dar la oreja que si en el caso de Pizarro otorga pese al pinchazo, bien habría podido otorgar aquí. Con el criterio ya aflojado.

La suerte de El Capea se corta ante el muy serio, cárdeno girón que tras inicio bueno, cambia en la muleta. Hacia lo manso el toro, en indeciso el torero.

Entonces el cuarto hunde poco a poco a la ganadería en un marasmo.

Menos mal, Federico Pizarro a oficio ganado hace andar roto por dentro al capacho. Es un lamento cada embestida, como no queriendo ir. Cada paso del toro tiene riesgo de caerse e importa del torero la capacidad de templar de tocar la cuerda correcta con la firmeza suficiente para no vacilar pero con la sutileza adecuada para no derrumbarle. Ello, lo entiende desde el inicio alternado lados, con dos firmazos de cartel.

Como el toro cae, el cite es suave y Federico liga, en lo corto y pisando el terreno, dejando el engaño puesto. Por fuera del tercio, vertical siempre emociona. Y como el toro acorta por el lado natural omite el toreo por ese perfil.
Su faena merece premio pero mata mal.

Sin embargo, su tarde, sin redondear, le hace ver dispuesto y como una apuesta renovada… veinte años después.

Cosa contraria de Jerónimo con su segundo, tan gris como el juego, espantoso del toro que sumado a la presencia tan justa del sexto, con tantas caidas, resulta difícil no considerar que Santa Bárbara queda atrapada en un pozo del cual ni la cierta movilidad del castaño rescata.

Cierto es que Capea hace un esfuerzo, mecánico y acartonado. Sin soltura o gracia, simplemente haciendo pasar el tremendo ahogo del toro que poco abona a la historia.

El peligro, la certeza de que el riesgo puede concretizar una amenaza es imperativo de la Plaza de Toros, salir como esos mineros asturianos del Pozo Maria Luisa, aunque heridos con la frente en alto cantaban a la martir patrona de su oficio.

La ganadería de Santa Bárbara, recuerdo su presentación en La México, implicaba hace tiempo una apuesta diferente dentro del ya conocido encaste.

Fuego anteriormente. Quizá estén a tiempo de que encienda otra vez.

Con la bendición de su santísimo nombre.

RESUMEN DEL FESTEJO.
Plaza México. Temporada Grande 2013-2014. Domingo, Febrero 2 de 2014. Décima Séptima de Derecho de Apartado. Media Plaza en tarde fría con terrible viento a partir del quinto.
6 Toros, 6 de Santa Bárbara (Divisa Azul, Rosa y Blanco) Desiguales de presencia, muy chico el sexto, pobre de cabeza el cuarto, muy serio el tercero. Interesante y noble, aunque tardo, el primero, el segundo dura poco y el resto se sumen en su debilidad y falta de casta.
Federico Pizarro (Azul Marino y Oro) Oreja y Vuelta. Jerónimo (Azul Noche y Oro) Vuelta tras Petición y Silencio. Pedro Gutierrez “El Capea” (Nazareno y Oro) Silencio y Silencio.
Destaca a caballo Fermín Salinas Ortega al picar al priemo, así como los banderilleros Christian Sánchez y Gustavo Campos que saludan a tercero y sexto, respectivamente.




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Autor Hilo