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Serenata Sin Noche – Asamblea de Mansos en Desastroso Aniversario.

Publicado por Luis Eduardo Maya el 7/2/2014
Serenata Sin Noche – Asamblea de Mansos en Desastroso Aniversario.
[Eduardo Maya] Nuevo bailazo ganadero decepcionante en presencia, debacle de juego. La ilusión de la buena entrada queda en nada, la desesperante impotencia de ver como la Fiesta cae a cada paso más abajo si cabe. Solo hay un momento de esperanza, durante la lidia del misterioso sobrero cuando “El Payo” que se ahoga entre desarmes y pinchazos.

A punto de triunfo, la ya acostumbrada incapacidad final de Hermoso deja todo inconcluso mientras que solo el pantano de la mansedumbre detiene, momentáneamente, el paso triunfal de Joselito Adame.

Sabe toda la Afición que Juan S. Garrido escribió el gran tema de Aguascalientes.
Que incluso se ha hecho taurino.

La Ciudad de México, como tal, quizá por su connotación federal, tiene “pocas” festividades puramente locales. Ustedes, que soportan estas crónicas mal hilvanadas, saben que no coincidimos con el regionalismo en la Fiesta taurina en México pues en general segmenta y fragmenta –a veces, segrega- lo que, siendo arte, no tendría que ser, condición para el juicio o uniformidad en el uso, sino puramente distinción y acento.

El Cinco de Febrero, fecha federal, representa una Fiesta taurina de la Capital de México.
Lujo y grandeza.

La Fiesta que ayer no llega. Porque el juego de los toros de Fernando de la Mora, entre tantos accidentes de su capa, entre tanto pelaje blanco, tanto berrendo… acaba en perrendo cuete con aguardiente, dirían los antiguos capitalinos, del peor. Encierro en algunos turnos impresentable, pobre de cara, escaso de cuajo y, principalmente, lastimero en su juego.
Mansedumbre para todos los efectos.

Así, tenemos que el par de Pablo de Sarasate en el toreo a caballo es otro navarro, igualmente Pablo, tiene que ser, Hermoso de Mendoza. Aquel de Pamplona, este de Estella. El lote del estellés no permite, suprime discursos y niega un mano a mano entre el primer violín de Europa y la primera jaca del Mundo. Será a la vuelta.

Resulta que el primer berrendo con solo sentir, ya no los rejones, la presencia, ésta sí, de “Churrumay” atemoriza y… huye, desde luego.
Inteligentísimo, a velocidad luz desentraña embestidas y a temple pleno, en cadencia, encela. Sobre “Disparate” Hermoso tira de la doble pista tocando de pitón a pitón, del toril hacia Cuadrillas. De dentro afuera, a la tira, primera banderilla y de nuevo corta, no solo tapa, la posible salida del toro, encontrando el terreno exacto.

De ahí todo el toro viene a menos. Peor en los medios.

Hermoso tiene todo el toreo en el ser y las jacas. Tras nuevo paso de costado a dos pistas con pirueta de remate, “Viriato” en los medios obliga al berrendo y consumar banderilla. Cita de frente hacia atrás, recorta y aguanta el parón y nuevo arete en lo alto.

Sacar a “Pirata” ante el tan pobre de cara, de juego, de magnificencia, de poder astado, es demasiado. El tordo de raza azteca, devora auténticamente al pobre berrendo en cárdeno en las cortas y el teléfono.

Los pinchazos lo mismo que en su siguiente toro son nimiedad ante la suntuosidad.

Si Alameda decía bien que la clave del toreo está en armonizar lo antagónico, es demasiado poco imaginar que el lote más manso que ha tocado en suerte al navarro en La México pueda hacer buena la igualdad en esta ecuación de contrastes. Por ello, cuando el cuarto ni se entera que el caballo está en la arena y huye tras el primer rejón, la gente comienza la impaciencia, que rompe la parcial “serenidad” de la mitad de corrida.

No es para menos. Cómo guardar los papeles con algo así.

La faena de Hermoso despliega sensacional la comprensión, elección y dominio de terrenos, el cambio en movimiento y los acertijos resueltos sobre la marcha, elimina la tentación de saltar tablas, encela por dentro. Pena que el manso no conozca de ocasiones. Aun las piruetas extienden con “Habanero” la estrecha la condición del astado.

Y “Pirata”, de nuevo, sin oponente a la vista, cierra a dos manos y condona las incomprensibles fallas de su jinete con el rejón de muerte contemplando la siempre mansa muerte del toro. Menos mal, contrario a otras veces, nadie ocurre en aplaudir la resistencia del manso en la hora postrera.
Hermoso sin toros, aun así torea. Le basta un caballo como a Sarasate el Stradivarius.

Cintilan los luceros, diría Juan S. Garrido, y los faroles primeros de la noche de la Capital Mexicana alineados para la entronización de Joselito Adame, tan esperada.

Gracias a la corrida, claro, esto tampoco ocurre.

Traje de compromiso de Joselito, el oro vestido en la rojiza seda, casi terracota. Y todas sus virtudes se vierten en el afán de triunfar. Pero pese a las largas cambiadas o los lances sobrios rodilla en tierra, aun y sin extender puyazo o la espaciosa chicuelina donde se escurre el toro y el alivio de inicio por alto, rascar y frenar es el sino del berrendo.

La corrida no se viste para la ocasión. Ni siquiera lucen divisa, el más elementar avivador. No lo olvidemos.
Que no habría cambiado nada con la tan poca raza en la muleta, la cara arriba, la búsqueda por fugarse de la suerte del astado. Hasta llegar al toril. Adame se lo quita de encima tras doblarse. Gran estocada y gran descabello. Lidia dos mas, uno de regalo, pero la historia es la misma.

Aun con las largas de rodillas en los medios en ambos toros. Horrible es el quinto, el del lugar de horror. Cariavacado, zancudo, saca peligro en la muleta. Flojea y cabecea, Joselito le desdeña con su trazo macizo y perdiendo pasos, bien rematados los derechazos sobre el viento, los cabezazos y la protesta.
Sin suerte el torero, con cierto genio, sin mínimo pozo de bravura el toro.

Y al desastre menor, la mansedumbre, sobreviene la ceguera, ruina mayor.
Porque “El Payo”, que no puede hacer nada con el tercero, brindado sin mucho sentido a Joselito, descastado y roto en casi todo aspecto, se encuentra con que Gilberto Ruiz Torres le compra el cuento de que el sexto no ve.
Y esto es posible.

Solo que recuerdo a Enrique Ponce, ayer hace 12 años hacer ver a un “ciego” de Julio Delgado con el mismo Ruiz Torres, entonces asesor. El hartazgo es tal que el Juez saca de la bolsa una sustitución del astado titular y salta a la arena un astado que a pesar de lo chico, la gente soporta.

Hay que decir que su tamaño y expresión hacen vaticinar lidia mejor. La mirada no miente, dice un aficionado de Iztacalco y es toro responde, en las verónicas de Octavio bien trazadas y en el puyazo de Salomón Azpeitia donde el berrendo en cárdeno y facado, soporta y empuja. La cuadrilla trata de templar pero el toro arrea.
“Payo” tiene en la mano el triunfo a pesar del viento, toro clave.
Sin ser el soñado parece tener lo mínimo para triunfar. Típico toro mexicano.
Pero en La México a los toreros como mínimo se les exige siempre el máximo, cualitativamente. Llega en las dos primeras tandas porque el queretano templa y deja la muleta puesta. La gente al fin respira y desfoga olé contenido. Pase de pecho lentísimo.

Y el toro escarba. Pone a prueba las notas más finas de “El Payo”. Si es capaz de darlas, el toro rompe, si es capaz de templar, el toro se entrega. Pero no. En vez de afinarse, se acelera. Por ello el desarme tras el invertido y la notable baja de la faena que incluye el pase del tiovivo, dando vueltas torno al toro. Cierto que hay viento, pero tampoco excusa.
La faena no despega.

Al preparar la estocada, es verdad, alguien toca al burel, a plaza dividida. Pero García tan concentrado en ello pierde el tiempo protestando y pincha en la suerte contraria a un toro que, a pesar de que dobla contrario al final, había que matar… el único de triunfo.
El regalo de Joselito tratar de extender una estela que, mientras el torero quiera, siempre tendrá, la expectación de los toreros importantes. Sin mayor problema.
El cárdeno obscuro tiene muy poco. Tras la zapopina, ilumina la noche el ascua de la larga afarolada, al paso, con que remata. Pero el toro apenas dura media tanda. No podrá haber “Pelea de Gallos” esta vez para Joselito ni vuelta con orejas a la arena.

No esta noche, más que de corridos, de serenata, casi de romántica celebración.
Por algo Juan S. Garrido, si en el cuarto de un gran Hotel del Bajío escribió un gran corrido, en la Ciudad de México le inspiró su noche, su Castillo, la luna que sus calles esmalta, como nos dice en su “Serenata en la Noche” el vals de la Ciudad de México, digno de su noble rostro.

Eso es el Cinco de Febrero, taurinamente, una Fiesta para la Ciudad y sus huéspedes.

Como en serenata, seis veces se toca al balcón y dos más en caso de que nadie salga.

Termina el Aniversario en retirada con la mayoría cabizbaja.

Eso sí. La única pieza que no ha fallado, la invitó el ganadero y sus amigos, pensábamos que sería la “Carta Jugada” también de Don Juan S. Garrido. Quedaba.

Ha sido una canción ranchera de esas medio azotadas, La Mansedumbre, se llama.

Con esa si sale la Afición.

Y no solo al balcón, sino de la Plaza.

Twitter: @CaballoNegroII.
RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2013-2014. Jueves, Febrero 5 de 2014. Nocturna. Corrida del LXVIII Aniversario de la Plaza. Décima Octava de Derecho de Apartado. Más de Dos tercios Plaza en noche fría con terrible viento en distintos pasajes de la lidia, principalmente a partir del tercero. Mucho ambiente y gente guapa en los tendidos. Reventa descarada.

8 Toros, 8 de Fernando de la Mora (Divisa Amarillo y Blanco) primero y cuarto para rejones, el séptimo lidiado como sobrero tras devolver oscuramente al titular sexto, presuntamente por ciego. El octavo sobrero de regalo. Salvo este último, cárdeno oscuro, todos berrendos, solo quinto berrendo en negro, el resto en cárdeno. Mal presentada por chica y pobre de cara y cabeza. Alto y basto, cabezón y mal hecho el quinto que sacó peligro. Mansos y descastados los dos de rejones, el cuarto solo caminó cobijado a las tablas. Los de lidia ordinaria sin raza alguna y con sosería expresa. El sobrero séptimo ha tenido nobleza y recorrido, cierta bravura que se apagó gradualmente.

Ninguno de los lidiados saltó al ruedo con la divisa en los lomos en contravención a la tradición taurina y a lo que aconseja el arte de lidiar.

El Rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza (Casaca Burdeos y Plata) Ovación y División. A pie, Joselito Adame (Teja y Oro) Palmas, Silencio y Ovación en el de Regalo. Octavio García “El Payo” (Blanco y Plata) Silencio y Saludos en el Tercio.

Destaca a caballo Mauro Prado, así como el banderillero Héctor Rojas que saluda.



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Autor Hilo