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La Inacabada Perfección – Polémico Indulto en Faena Virreinal de Mendoza

Publicado por Luis Eduardo Maya el 21/7/2014
La Inacabada Perfección – Polémico Indulto en Faena Virreinal de Mendoza
[Eduardo Maya] El borrón de la tarde, justo cuando más se necesitaba el gesto taurino y el rigor de la excelencia en el cerrojazo, se lo anota la “Autoridad” que “preside” el más que importante festejo.

A pesar de la desigual presencia y poco juego en general del encierro de Xajay, los novilleros de menor a mayor, dan la cara y brindan emociones que revientan en el sexto. A punto de gloria y grandeza, el debutante Antonio Mendoza, deja una gran faena sin remate… para incógnita de la historia misma.

Son veintisiete, simbólicos, años sin que algún novillero corte un rabo en La México.

El tópico se anda haciendo leyenda, malamente. Ayer en la apertura novilleril poco falta en realidad para romper tal “maleficio” No es así, pues Antonio Mendoza duda, el corazón de mazapán engaña a la Afición y la autoridad falta en ejercer su potestad.

Que un festejo como este, a toma y daca con el viento, a la contra el tranco roto y la sosería expresa de los novillos más cierta llovizna, no puede dejar a tan buena entrada con esa confusión que siempre acarrea el indulto: el happy ending usual.

Donde todo es caramelo y algodones de azúcar.

El indulto en los toros, como se entiende hoy, es el camino fácil, lo que muchos decían debían acabar las películas de Emilio “Indio” Fernández, la puerta con remate feliz que daba el de Coahuila al público, ese instante en que todo puede arreglarse y con ello evadir enfrentar el rigor de la realidad final.

Porque cuando llega el final real –Dolores del Río mirar irse a su hijo abogado en “Las Abandonadas” o Miguel Inclán perder a Marga López en “Salón México”- el público se desencanta, siente pena. Y eso es muy humano. Pero ayer, resulta que la autoridad ni siquiera permite al público enfrentarse al humano desencanto… o a recibir la divina e inesperada gloria.

Como también en ciertas películas del “Indio” ocurre.

La llegada de la gloria espera cinco turnos. Que Xajay manda una novillada ligera en varios aspectos: presencia, casta y emoción.

Esa emoción, compañera inseparable de Diego Emilio, ayer le abandona un turno y medio en tarde tan señalada. Tarda en entrar en el festejo, aun con la suerte de que el espontáneo que salta al salir el novillo, no hace daño. Delante del brocho que abre Temporada, “Antequerano” está algo serio, sin proyectarse, aun a pleno sol. Diego se nota incómodo ante el paso vacilante y el viento terrible al recibo.

Solo la media resulta completa.

Y de ahí a la rigidez.

Salvo Mauro Prado, la cuadrilla de Diego Emilio no abona en positivo. El novillo se queda corto por el izquierdo y va a menos pues el novillero en su cite no cubre lo suficiente con la de cobrar. Se amarra. La estocada defectuosa coloca al esperado hidrocálido en sellado silencio y contrariedad viendo al xajay diluirse en medianía.

Así, cuando Juan Pablo Llaguno, galardonado de inicio, se abre de capa la Afición sonríe pues el parón tiene oportunidad y ordena al muy feo cárdeno claro segundo.
El toro trae las primeras gotas y el cambia el color del celaje al de su grisácea capa.

Tras el brinco mansurrón delante de Efrén Acosta hijo, el cárdeno se encuentra con la chicuelina, algo inclinada hacía adelante pero bien lograda y rematada. A diferencia de la cuadrilla del primer espada, Juan Pablo Llaguno consigue que sus infanterías coloquen el terreno, sean breves y diligentes para empezar doblándose con el novillo muy en brincos todavía.

Ahí Juan Pablo escala, uno por uno, los peldaños de la cuesta de la mansedumbre del novillo. Y lo hace con emoción, aplicando la medicina correcta, primero con la derecha en dos tandas, aliviando y midiendo la cantidad a pesar de la cara alta de “Coleador” para después cerca de tablas abrochar con tremendo trincherazo, uno de los muletazos grandes de la faena.

Que crece insospechadamente.

La primera tanda al natural templa hasta la sombra del toro. El joven Llaguno brinda aire, calma y pausa tras mágico desdén. El trincherazo que abre la siguiente es de asombro y de amplitud sus derechazos mayor con el novillo hacia fuera y que acaba en toril tras hermoso cambio de mano por detrás, al paso, que consume el de pecho.

Ahí no para, sino ataca el terreno con dosantinas, cambios de mano, uno sensacional por delante para inaugurar más naturales. Verticalidad y buen gusto. La suerte contraria trae la entera delantera, la petición consigo la acertada singular concesión.

Y mejor aún la acertada negación del premio doble.

Que en la Fiesta, al premiar, mas vale que falte y no que sobre. Por ello cuando da Juan Pablo la vuelta, hasta el sol sale de nuevo y claveles cierran su triunfal paso.

Inexplicable ovación al toro.

Con el tercero Antonio Mendoza da tantos pases que aburre al novillo y a la Afición.

Quizá a él mismo.

Conste que la afición le espera, tal como a Diego Emilio que con el chico cárdeno cuarto se queda con las ganas de torearle de capa gracias al viento. El hidrocálido con presión en los hombros, a plenas ráfagas, tras ayudados por alto, toma la muleta con la izquierda en los medios y el novillo lo toma a mal. Diego dilata en tomar la mano armada y citar por el pitón derecho, cuando lo hace el viento retoma su camino.

Entonces, al fin, Diego Emilio entra a la corrida. Le gana la partida al viento, frente a la Porra bajando mucho la mano derecha, casi al piso. Como cita perfecto el novillo repite y se templa, la Plaza cruje, la lentitud embelesa y suyos son los mejores muletazos de la tarde.

Porque a pesar de su rigidez inicial, con este cuarto Diego descubre el pitón derecho, tras adelantar en un momento de la suerte, retoma ya en los medios a compás lento, a muletazo profundo en la cintura fundido y tirado el toro a la cadera, suya es la verticalidad y el estruendo del tendido.

Pena que, dado que es un producto en creación, Diego no haya vuelto a la izquierda. Ya sabemos que lo que se hace por un pitón sirve siempre para el otro. De no pinchar la oreja estaba en la espuerta.

Afortunadamente, los pases derechazos han sido tan buenos que no importan los dos avisos, la tardanza en descabellar para que le sacaran al tercio. Con mucha fuerza.

Si Diego Emilio responde en el cuarto. Mendoza despierta al siguiente con un quite.

Es verdad, no le correspondía. Cierto, parece que el cornicorto novillo requiere un segundo puyazo. Llaguno no lo ve así y a las saltilleras, soberbiamente rematadas con rebolera por detrás, responde con tafalleras y encienden los ánimos.

Lástima que a Juan Pablo este novillo le cobra vía desarme y voltereta los derechazos. Muy disminuido tras la terrible voltereta mata a como puede para saludar y ser devuelto en el intento de vuelta al ruedo.

Y queda el sexto, bautizado, cosa rara, como “Bandolero” nombre tristemente célebre.

Hasta ayer.

Pues desde salida Antonio Mendoza, prosigue lo conseguido con el quinto en su quite, manejo bueno del lance natural con el capote. Las verónicas de inicio le muestran el camino al burel llegando a los medios al rematar. Luego el lance al paso y por las afueras que preparan uno de los mejores momentos, deja en suerte ante el caballo con genuflexa tijerilla.

Si bien el xajay recarga no es prolongada la exigencia. Mendoza, lanza su montera y de pie ilumina suerte por faroles que cintilan y encandilan el olé al rematar con el reverso del capote soltando una punta. “Bandolero” crece pues dispara su arrancada siempre largo y fijo en banderillas.

Entonces, atinadamente, el novillero con el nombre de Virrey novohispano, tan moreliano, hace de las tablas el sitio exacto para, muy en corto, tras brindis e insistencia en el cite, consumar de dentro a afuera el pase cambiado por la espalda, replica dos veces y comienza, tras esa emocionante obertura la obra plena.

El negro astado, muy Xajay en su tipo y emoción, en su negro pelo y ligeramente tocado pitón izquierdo, siente el cobijo de las tablas y es pronto al cite pero a la mitad de los remates se quiere quedar para pensarlo un poco. Pero Mendoza, sabedor de esto, en momento supremo, abrocha los primeros derechazos con un pase de pecho clave en el devenir de la faena, un remate con doble toque en el cite y desahogo total.

El temple encela. Siempre.

Y más cuando, estira su brazo Antonio y su planta enreda la nueva tanda, de tanta fuerza y emoción, intensidad y expresión que eleva el compás del derechazo a más en calidad aun en menor cantidad protegido del viento, cuatro y el de pecho rotundísimos. La despaciosidad se asoma porque el que se impone es Mendoza que eleva al toro al bajarle la mano y evitarle la tentación de la cara alta, tan latente.

Aun le pega la vitolina cerrado en tablas y la mano izquierda se rompe en dos tandas al natural sensacionales, de mayúscula realización, lo mismo que el circular perfecto. Y en tales redondeces, previo a las manoletinas llega la petición de indulto. Del final feliz.

Una de las obsesiones de “El Indio” Fernández era su “fortaleza” de la Dulce Olivia en Coyoacán. El terror de perder su casa le lleva incluso en 1952 a escribir para cine la injusticia de perderla, en pos de complacer las apariencias de un capricho femenino por parte de la autoridad.

“El Rapto”, se llama la obra.

La faena de Antonio Mendoza recibe la injusticia de no poder ser consumada.

A pesar de hacer mejor al astado. Aun encelándole y dejando en evidencia al final de la faena el juego del astado con esas manoletinas, éste fue indultado, sin importar que su faena, por completa en toda su intervención, habría alcanzado la gloria total…

O la habría perdido, en el cadalso del pinchazo.

Los falsos felices finales del cine de “El Indio” Fernández, de no haber creído y defendido firmemente sus convicciones, le habrían convertido en un artista más, incapaz de expresar su sentimiento, de elegir y decidir el camino, riesgoso o no de la personal creación, la que asume los riesgos del arte.

Pero que nunca deja las cosas a medias.

Ayer, el Usía prefiere la inacabada perfección, más bien corrección del indulto, privándonos de vivir los riesgos de la gloria.

Espero haya sido, como en el cine de antes, un breve anuncio intermedio.

Hay películas que no se ven dos veces.

Twitter: @CaballoNegroII.
RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2014. Domingo, Julio 20 de 2014. Primera de la Temporada. Un cuarto de plaza en tarde de sol quemante y lluvia intermitente durante la lidia del segundo y molesto viento durante todo el festejo.
6 Novillos, 6 de Xajay (Divisa Rojo y Verde) Desigual en presencia, cuarto y quinto demasiado chicos muy feo el segundo, mansos en general salvo el sexto, precioso negro nombrado “Bandolero” indultado benévolamente por la autoridad. El quinto saca genio.

Diego Emilio (Verde Esperanza y Oro) División y Saludos tras dos avisos. Juan Pablo Llaguno (Grana y Oro) Oreja tras petición y Saludos con vuelta protestada. Antonio Mendoza nuevo en esta plaza (Turquesa y Oro) Silencio y Vuelta tras indulto. Salió a hombros.

Al finalizar el paseíllo se guarda un minuto de aplausos en memoria del Matador de Toros Raúl Espíndola fallecido esta semana.

El segundo espada fue galardonado por la Porra Libre, A.C., con el trofeo “Joselillo” como triunfador de la Temporada anterior.



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Autor Hilo