“La gente inteligente… no agrede, siempre da argumentos”.

Y eso he tratado de dar en la vida, argumentos, lo anterior no es impedimento para que uno pueda cometer errores, pero tampoco es ningún obstáculo para visitar a la edificante autocrítica, y así convertir esos errores en aciertos, y los aciertos acrecentarlos en luminosas lecciones de vida.

Este martes 4 de enero del naciente 2011, en Yuriria, Guanajuato, estábamos en una agradabilísima tertulia don Julio Téllez, don Antonio Acevedo y el periodista Rodolfo Ramírez, resaltando la importancia de que los dos jóvenes del cartel, habían dejado faenas trascendentes.

En un momento dado, me desprendí de la charla, y en el instante que me encontraba alejado de mis contertulios, se me acercó El Payo al que saludé con gusto, por otra parte, me extrañó que se pusiera una persona para impedir el paso, si intentara alguien pasar hacia donde estábamos, en el restaurante casi vacío, mientras otra gente de su confianza, retiró a una persona que me acompañaba.

Creo, salvo mejor opinión, ha sido una absoluta exageración intimidar a una persona civilizada, como me precio de ser, que escucha a todos con respeto, y que en ningún momento agrediría a nadie; por otro lado, todos los que somos personas públicas, estamos expuestos a la crítica, y creo que eso se le ha olvidado al señor Payo.

El Payo sumamente exaltado, comenzó a decirme que no tenía derecho a decir que es un torero ridículo, o que hace ridiculeces, a lo que le asiste la razón, sólo que existe una pequeña situación… YO NO ESCRIBÍ ESO, porque se me hace absurdo e inadmisible, que a alguien que se está jugando la vida, le diga un periodista que es un torero ridículo.

En mi columna en cuestión de la que es posible muchos la tengan ya impresa desde entonces: En la opinión de Pepe Mata… La lección, tras su segunda aparición en el coso titular de México, el 11 de diciembre de 2010, realicé un juicio crítico posiblemente severo, pero al fin y al cabo, es un punto de vista, no la verdad absoluta, y me permito reproducirlo para recordar el hecho:

“Pero… hubo otra lección, la que el gran público le hizo notar, desde su primer ejemplar a El Payo, que ha resultado magnífico, y que lamentablemente para el joven torero queretano, no pudo sacarle provecho cabal, así la gente, de forma respetuosa le indicó que ese no era el camino; sin embargo, con el que cerró plaza, que si… tuvo sus complicaciones, se vio en la total indefensión y no quiso saber nada de él. Desde con el caballo permitió un fuerte castigo, y ya con la muleta en verdad no quiso saber nada, y ahí sí el público se lo hizo notar de forma por demás severa, incluso, cuando de pronto y sin que viniera a caso, decidió regalar un ejemplar, la gente exclamó ¡no!, pero a pesar de ello, salió el toro de regalo, y también salió la gente de la plaza, quedándose casi vacía mientras El Payo lo toreaba.

“Sí, los aficionados esperaban un Payo con otra actitud, que nunca se encontró, quedándose todo en las buenas intenciones y, de buenas intenciones… están llenos los caminos al infierno”.

Seguramente, es posible que El Payo, nunca leyera mis comentarios, pero sí es casi seguro que gente mal intencionada, le tergiversara lo que escribí, pero para eso somos personas inteligentes, civilizadas. Basta una conversación, para discernir las diferencias, no amenazarme que si vuelvo a escribir de él:

“¡Ahora si te voy a partir tu madre!”.

Escena que más que un enfado, produce mucha tristeza de ver cómo un joven con todas las posibilidades, como sin lugar a dudas las tiene El Payo, con un futuro por demás halagüeño, se estuviera resumiendo frente a mí, como el representante más fiel de la agresión.

¿Qué podemos esperar de él si nos atrevemos a dar otro punto de vista… que no le agrade?

¿Hasta dónde puede llegar con esta agresión que pareciera no tener límites?

No lo sé, es deseable que la gente más cercana a él, le guíe a la reflexión, en lugar de incitarlo al enfrentamiento… a la agresión. Sobre todo, cuando no le asiste la razón y carece de argumentos sólidos para sustentar sus reclamos; que por otra parte, este periodista siempre acepta el derecho de réplica.

Señor Payo, con todo el respeto que usted se merece… la gente inteligente, no agrede, siempre da argumentos.

Que tenga usted, un año venturoso y pleno de éxitos.

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