Por supuesto, que no sólo los toros inválidos deben y tienen que ser devueltos, sino también los pequeñajos, los mansos… los descastados… los bobalicones, porque la Fiesta, la FIESTA es BRAVA, y dentro de la integridad que se debe exigir, no sólo está la impecable presentación, la fortaleza, sino igualmente… los atributos fundamentales que son la CASTA y la BRAVURA.

Entonces… se tiene que actuar en consecuencia.

Hasta el sexto bis, habían desfilado una serie de boBinos (nótese que no bovinos porque le “B” intermedia marca la diferencia), llenos de una exasperante… asfixiante… inacabable mansedumbre, que ya no se podía más.

Y no se crea que así fue todo el festejo, de la debacle se ha salvado el primero que fue simplemente cumplidor, pero Luis Bolívar estuvo sencillamente aburridor.

¡Vaya con el torero panameño! (nació en Panamá), cambió de apoderado, y lo bien que lo llevaba Luis Álvarez, se vio reflejado en lo pésimo que está sin él.

Un buen torero requiere necesariamente de un gran apoderado, para ser el mejor, y mantenerse; pero luego los toreros suponen cosas producto de la adulación, y acaban extraviados en la inmensidad de la mediocridad, de la que muy pocos… poquísimos, puede levantar un poco.

Por eso, en la vida no hay que suponer, sino estar seguros de todo.

Por eso mismo, podemos decir que Salvador Cortés, no dice nada, como tampoco pudo dejar algo para el recuerdo inmediato… David Mora, tan mínimo como mínimo fue en resumen el festejo.

En este contexto, hizo bien… ¡muy bien!, el sexto bis, al sentir ese océano de vergüenza -que no sintieron ni ganaderos ni toreros- intentando regresar a los corrales de donde nunca debió haber salido.

La Fiesta Brava es de grandeza, no de miserias, y por ello mismo, para que se produzca esa grandeza, se requiere de la sinceridad, del respeto y, fundamentalmente, de honestidad, por ello… qué bueno que el Tendido Siete ha vuelto a reclamar… la vergüenza de ver salir toros mansos, por toros bravos.

Foto:las-ventas.com

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