En gran medida y, sin duda, el espectáculo taurino en México es por mucho, una de las fiestas con mayor entusiasmo, llena de folklor y colorido, pero también es cierto, que nosotros mismos no respetamos o no hacemos valer ese respeto, de lo que debieran de ser nuestros festejos, en especial, en la Plaza México; porque si bien decimos que el coso de Insurgentes es la plaza de mayor importancia en América, y tarareamos que es la más grande y cómoda del mundo, ¿por qué no darle el valor que en realidad merece?

Al contrario, demeritamos nuestra plaza, porque posiblemente mucha gente ignora cuándo se debe en verdad otorgar los trofeos a los toreros, ni en qué momento sacarlos a hombros por la puerta grande. Lo anterior debido a que no existe una cultura y, mucho menos, está estipulado en algún documento esto que también es parte de la liturgia de la Fiesta.

Vemos que la valoración que le está dando la mayoría de los aficionados a una salida a hombros, en lugar de ser el símbolo del triunfo, de enfrentarse al auténtico toro el torero de verdad, se reduce a un mero triunfalismo mal entendido, ya que se evalúan las faenas reduciendo todo a la emoción de unos cuantos muletazos a un astado bobalicón y, si se arrima o no el torero; quienes al final, muchas veces terminan en un toreo feriante y vulgar, alejados de una propuesta artística.

De ahí que la afición no le está dando el valor de primera categoría que merece nuestra gran Plaza de Toros México.

De pronto vemos que en San Isidro y en Sevilla, para salir por la puerta grande, se debe de otorgar por lo menos dos orejas y tres para salir por la Puerta del Príncipe. Se podrá escuchar sencillo, pero lograr ese número de orejas, conlleva a una labor casi de perfección, y no basta con pretender demostrar que se quiere ser; la clave está en hacer algo extraordinario, que trascienda en el diletante taurino por toda la historia y de ahí la grandeza de la Fiesta.

Por ello a pesar de que los aficionados europeos tienen diferencias en la forma de pensar y algunos tienden a equivocarse, errando en ocasiones al presidente (juez de plaza) en mayores ocasiones coinciden pues siempre cuidan la importancia que merece la Fiesta, de ahí que hasta una ovación y, no se diga, una vuelta al ruedo tenga peso en aquellas plazas.

Recuerdo que en la pasada Temporada Grande de La México, en más de una ocasión veía en los tendidos la euforia del público pidiendo el indulto de un burel, aun cuando no se distinguió por tener las cualidades fundamentales de casta y bravura, o también embelesados por el gozo, pedían los apéndices para el torero que emprendía una faena correcta pero sin llegar a ser brillante.

Es por eso que los aficionados debemos reconsiderar con pundonor la importancia, que debe tener nuestro magno coso taurino, pues a pesar de ser la que da y quita, aquí en nuestro país, ya no tiene esa importancia que quisiéramos a nivel mundial.

Al contrario muchos críticos se han atrevido a elogiar más a la plaza del Nuevo Progreso de Guadalajara que a la propia Plaza México, por la seriedad que le están dando al espectáculo.

La respuesta está en que todos los partícipes de la Fiesta adquieran el compromiso por preservar el espectáculo. Empezar por los ganaderos quienes son inobjetablemente los responsables de mandar encierros con trapío y edad, casta y bravura, dignos de una plaza de primera categoría.

Los toreros NO deberán olvidar que la profesión que escogieron, es el vivir entre los pitones de los toros y si buscan la incomprendible comodidad, lo único que están consiguiendo es quedarse sin su fuente de ingreso.

El empresario buscará conformar carteles atractivos, impulsando a los jóvenes toreros pues ellos son el futuro de la Fiesta Brava.

Por eso invito a todos los aficionados a que nos involucremos mayormente en nuestra Fiesta y por tanto le demos el valor que realmente merece la Monumental Plaza de Toros México.

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