Por ahora, supuestamente, las fuerzas vivas están inconformes por las decisiones adoptadas en Barcelona y Quito, que entran en vigor con este fin de año y el primer día del siguiente.
Cadenas de apoyo por todo el mundo van y bien en tono de preocupación, para contrarrestar a los defensores supuestos de los animales.
Sin embargo, estos llamados protegen a todo aquello que contiene la generalidad, sin especificar caracaterísticas propias que han prolongado la existencia de esta especie, única en el orbe taurino.
En Ecuador, tras refendum del Presidente Rafael Correa, se adoptaron medidas para evitar la muerte del toro. A partir de diciembre próximo, durante la feria más importante del país, La de Jesús del Gran Poder, se aceptarán los tercios de varas y banderillas; no así el de hacer uso de la espada para culminar la faena.
Al mes siguiente, con el inicio del 2012, en Cataluña, quedarán prohibidas las corridas de toros, sino acontece algo extraordinario.
Ante esto, ha aumentado la importancia de los tres diestros, Juan Mora, José Tomás y Serafín Marín, por integrar el último cartel en Barcelona, desde 1914; casi a punto de cumplirse 100 años de festejos.
“Es un atentado a la expresión de una cultura“, ha dicho Juan Mora en defensa de su propia vida torera, en entrevista a Euronews, de la que se han colgado muchos medios para hacerla propia.
Aquí en México, se está cocinando algo similar en el estado de Coahuila, gracias a la inquietud del diputado del PRI, Juan Manuel Villegas, quien pretende eliminar las corridas de toros ante el congreso local, lo que ha levantado una ola de protestas en todo la República, justo, previas elecciones presidenciales.
La corriente va de casa en casa, y Venezuela no se ha quedado a la zaga, tras bochornoso espectáculo de toros afeitados en reciente festejo, citado por el galardonado periodista y reconocido recientemente en México, José Víctor López “El Vito“.
El panorama, materialmente, pinta gris: por un lado prohibiciones y mutilaciones, y por el otro, un alerta, antes de que se le de fin a la fiesta.
Es tiempo de reflexión, insisto.
Antes de buscar la unidad entre los integrantes de la fiesta para defenderla, empresarios, ganaderos, toreros y público, es necesario, analizarla, valorarla y tomar medidas para no acabarla.
De nada sirve crear defensas vacías.
Qué caso tiene exponer argumentos falsos si no están solidificados dentro de sus propios reglamentos, y más que en el aderezo, en la materia prima, el toro.
Si bien es cierto que la fiesta es de intereses, por aquello de que cada torero quiere determinados toros, y cada ganadero impone ciertos matadores, entonces se está cayendo en el consentimiento de los empresarios que pasan, al perder su propia jerarquía, en programadores de caprichos.
Diferencias entre empresa y subalternos (Arroyo-Unión) y Unión-socio (Víctor Ortega) al negarle cuadrillas por reclamar derecho de retiro, dan al traste con el medio, por ahora.
Hay que darle su valor al toro, eje de la fiesta, en presencia, integridad y categoría. Ese sería el mejor argumento; lo otro, defensa, es politiquería y consecuencia de los malos manejos dentro del medio.
Ojalá que la marea no llega a nuestro río, pues se reirían muchos de lo que no supimos enfrentar.
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