La de Juan José Padilla en Zaragoza recuerda la de Julio Aparicio en Madrid. De espejo fue la cornada de César Girón, en Guadalajara, México, cuando toreaba con El Cordobés.

Las cornadas en la cara de los toreros son terribles. El Niño de la Capea, quien tiene la huella de una, la llama “Cornadas de espejo” porque cada día te recuerdan el percance. La cornada e Juan José Padilla en Zaragoza el pasado miércoles, va más allá del espejo. Mucho más, con la pérdida de la visión en el ojo izquierdo, y la marca en la cara para el resto de sus días. El torero jerezano ya reta el destino y ordena a su apoderado “no suspender ninguna corrida en América”. Padilla está anunciado en noviembre próximo en las ferias de El Socorro de Valencia y La Chinita de Maracaibo, en lo que a plazas venezolanas respecta.

El año pasado fue el percance sufrido por Julio Aparicio el que recorrió en fotos y videos la red informática, causando alarma y consternación. Aparicio, hijo del maestro madrileño Julio Aparicio, y de la bailaora Maleni Loreto, de quien dijeron tenía las piernas más bellas de España, saltó a las marquesinas del toreo por causa de la tragedia y en ellas su luz duró poco, al olvidarse el “monstruo” que habita los tendidos de las plazas de toros del percance. Ahora, con Juan José Padilla, se aviva el morbo, el mismo vivido con Aparicio. A Padilla fue un toro de santacoloma, de la ganadería de Ana Romero, el que le propinó la terrible cornada en la cara que, entre sus consecuencias, está la pérdida de la visión en un ojo como consecuencia de desgarros internos.

Juan José Padilla (38) se preparaba para colocar un tercer par de banderillas al cuarto toro de la tarde, cuando fue corneado tras caer en la arena a causa de haber perdido el equilibrio. No pudieron operarle en la Enfermería de la Plaza de Zaragoza, lo trasladaron al hospital (Miguel Servet de Zaragoza) porque no pueden operarlo en la enfermería. El torero sufrió un “grave traumatismo cráneo facial por lesión en el aparato auditivo y el ojo izquierdo. Pronóstico muy grave“, afirmó el parte médico emitido en la misma plaza de toros. El torero sufrió heridas en el ojo, hueso, músculo y piel. Los cirujanos no pudieron reparar un nervio facial desgarrado. “No veo, no veo nada“, gritó el matador cuando lo llevaban a la enfermería de la plaza de toros de la Misericordia para luego transportarlo al hospital.

Todo esto nos llevó a una recapitulación, de memoria por lo que pecaremos de omisión, encontrándonos con toreros que han sido heridos en la cara, como el valenciano Manolo Granero, que perdió la vida de las cornadas de Pocapena de Veragua, una de ellas en la cara y contra la barrera, fue en 1922 fresca en la memoria la muerte de Gallito en Talavera. Cornada como aquella sufrida por Antonio Velázquez, el valiente torero de León en El Toreo, por el toro Escultor de Zacatepec en la temporada de 1945. Juan José García Corral, perdió un ojo en un accidente de carretera… pero continuó su carrera que de no haber sido por el percance habría sido brillante. Juan José es en la actualidad director de la Escuela Taurina de Salamanca. El madrileño Lucio Sandín, que de novillero perdió un ojo de una cornada en la Maestranza de Sevilla. Luis de Pauloba, en Cuenca una cornada en la boca le hizo perder la visión en el ojo izquierdo. Franco Cardeño recibió en 1997 una cornada de las que hacen historia: un pitonazo seco cuando iba a recibir a portagayola a un toro en la Maestranza de Sevilla. El toro le dejó la cara colgando. Franco Cardeño se recuperó sin problemas.

En Guadalajara México, nuestro César Girón fue corneado en la cara cuando realizaba gran faena a un toro que le brindó a El Cordobés. Le llevaron los trofeos a la enfermería.

En Caracas recordamos la terrible cornada que sufrió Luis Sánchez Olivares “Diamante Negro”, percance que de no haber sido por Ángel Peralta que con su destreza evitó que el torero se ahogara en su propia sangre ya que la hemorragia provocó invasión de fosas nasales y boca…
El Niño de la Capea, “Joselito” en Madrid, El Juli, Manuel Díaz “El Cordobés”, Miguel Abellán , Sergio Aguilar y el mirandino Javier Cardozo en la plaza de los Hermanos Girón en Las Tejerías, herido por una banderillas en el ojo izquierdo, son otros que recordamos viendo las imágenes del infortunado Juan José Padilla en Zaragoza.

El primero que registran los anales del toreo fue el sevillano (Gelves 1816) Manuel Domínguez y Campos, apodado “Desperdicios”, como lo anunciaban los carteles.

Cuenta la leyenda que cuando un toro en el Puerto de Santa María, Cádiz, de una cornada provocó que se desorbitara su ojo izquierdo, rabioso se arrancó el guilindrajo de carnes y gritó “¡No quiero desperdicios!”.
Una fábula, porque a Manuel Domínguez le llamaban “Desperdicios” desde que en 1830, cuando por Mandato Real se había fundado la Escuela Taurina de Sevilla a la que había ingresado como aprendiz, y “aficionado práctico”.
Su maestro Pedro Romero, complacido con su talento y vocación comentó satisfecho a manera de reconocimiento: “Este muchacho no tiene desperdicios”.

Tan veraz es lo que narramos que “Desperdicios” figura en carteles muy anteriores a 1857, fecha en la que Manuel Domínguez y Campos sufrió la cornada en la cara en el Puerto de Santa María, Cádiz, en los pitones del toro Barrabás.
Este “Desperdicios” se enfrentó a Francisco Montes “Paquiro”, un coloso del toreo. Se vio execrado de los carteles importantes de España y decidió viajar a América, como torero. Vivió entre Buenos Aires, Montevideo y Río de Janeiro durante 16 años, El Río participó en las corridas de toros de los festejos de la exaltación al trono de don Pedro Primero, Rey del Brasil.

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