Se han jugado a la suerte ejemplares de la ganadería de Don Ramón Huerta.
Y José María Mendoza ha desmostrado que la escasa fuerza de un becerro no fue obstáculo para sacarle lo que traía por dentro. Suavemente ha cincelado una Verónica y ondeante Rebolera. Y con esa categoría maestra Alfredo Acosta ha solicitado banderillas y un pequeño corte a la oreja para descongestionar al becerro; así entonces, entre constantes caídas del ejemplar, brotaron dos tandas de Naturales, tan templadas como suficientes para culminar de dos pinchazos y agradecer las palmas en el tercio.
Otra cara presentó el de Don Ramón Huerta para el bullidor Sebastián Ibelles con más fuerza desde el capote y yéndose hacia arriba al tomar la muleta y extender el brazo para dirigir hasta con la mirada la embestida, sobre todo por el lado derecho. Y si a ello se intercalan Trincherillas, Desdén y Trincherazo, el aderezo queda acorde para el remate de buen gusto.
Tres pinchazos y le brotó el coraje para cambiar un estoconazo por fiero rebote en el embroque y llevarse la oreja, solicitada por un ciento de asistentes.
Un paulatino desarrollo de sentido presentó el tercer ejemplar, aun parándolo en dos providenciales quites Chema Mendoza. Pero pese a las complicaciones presentadas, Julián Castro jamás renunció a sacarle pases, no obstante los múltiples consejos brotados desde el callejón. Soportando derrotes y embestidas a topa carnero, Julián preparó la culminación.
De su rostro surgió la fiera mirada para depositar un espadazo, en claro desahogo a las fatigas. ¡Ah, que catarsica liberación torera! Y más cuando la gente le responde con un llamado al tercio.
Desde la primera Verónica afloró el sentimiento del chiquillo Manuel Martínez en su natural juego de brazos; una Media y la Brionesa sellaron los excelentes capotazos. En ese mismo tenor pulsó la muleta, tirando equilibradamente en Naturales y dos series por Derecha, trae ajuste en la mente para tirar despaciosamente del becerro, ante la virtud del ligar. Ya la espada le dirá a Manolo por dónde introducirla; por ahora, actitud torera, tan similar, como la de sus alternantes. Expresan disposición y buen gusto, cuando la suerte ofrece al mejor ejemplar del encierro.
Padre, padre, padre, padre, por los cuatro toreros, en tan especial día en el Cortijo Los Ibelles.
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