Mientras Zotoluco entregaba cuentas con una salida al tercio entre división de opiniones y Morante de la Puebla, escuchaba un aviso sin unificar criterios.
La contribución al juego quedó con un noblote astado de San Isidro y la tercia enviada por Barralva, para conjuntar las cuatro coincidentales aportaciones al sapiente, inspirado y valiente juego.
Todo un reto enfrentó Octavio al cerrar festejo con el mirón de Barralva, pues solamente lo probó, sin conseguir adorno en el capote, y los banderilleros pasaron aceite para cubrir el segundo tercio, incluyendo un puntazo a Luis Alcántara en su intento por sesgar. Y del refugio de las tablas, El Payo elevó clima al mecerse en el peligro para tragar las embestidas por ambos perfiles.
Fue un incesante y lleno de emoción desafío para imponer los pases entre el cuerpo y pitones. Faena arrancada de la rajadura de Ordaz, ofrecida a cambio del abrir carnes. Por eso en cuanto lució con Capetillinas, Molinetes, Vitolinas y Desdenes, entre dos leones alternantes, subió el termómetro, que aun después de dos pinchazos y entera lo obligaron a dar la vuelta al ruedo sin importar horario.
Al de San Isidro lo despachó en ocho minutos, pues calamocheaba y rebrincaba deslucidamente, valedera para escuchar palmas al depositar una entera trasera.
Otras dos lecciones ofreció Eulalio. Al de San Isidro le aprovechó la clase, nobleza y obediencia al embestir para construir una faena en diez minutos de placer, haciendo gala de toda la sapiencia, pero como fue ante el abreplaza, ni a él mismo le llenó por eso la cortó ante el descontento del público que le pagó con división de opiniones sobre la salida al tercio, mientras se decretaba el arrastre lento para Gente Buena.
Ahora que al salir Villa Nueva en cuarto lugar se estableció un duelo con Lalo: serio, bravo y probón, sin permitir error alguno el de Barralva; en tanto al alza dejaron el panorama el excelso puyazo de Ignacio Meléndez al citar con la vara y reunirse en lo alto al encuentro, y todavía más, el reconocido por la Porra Libre al sumar 52 salidas al tercio, Cristian Sánchez le puso a peso las apuestas con dos asomadas al balcón para sumar la 53.
Pero el destronque de inicio, el sitio para medir cada muletazo se fue reflejando en poder entre tiempo y espacio, así vimos más alta la estatura de Zotoluco, en un toreo que no se le había visto, el de ir directo a correr la mano en redondo sin adorno previo. Y lo firmó por los dos lados alcanzando brillantes y majestuosos momentos.
Poder reflejado en imponer, mandar y dirigir la lección. Ya los tres pinchazos y la entera no mancharon la hechura, pese al silencio en respuesta.
Y Morante, tras cinco breves minutos para despachar al deslucido de San Isidro, salió a cobrar la inclusión en fecha de aniversario. Recargado en tablas daba vuelo al envés del capote hasta en cuatro ocasiones y los destellos se fueron sumando con la Rebolera recortada para poner a Cuchupeto II al caballo de David Vázquez y regodearse en dos medias Verónicas al quitar.
Punteaba intermitentemente el de Barralva, pero el señorío de José Antonio iba dominando la escena. Una tanda de seis muletazos explotó el ánimo de 20 mil espectadores cuando sumó el quinto y sexto derechazo. Hay un dejó de fuerza, languidez de cuerpo y sentimiento en expresión para transformar en aroma la fiesta, defendida por peñas taurinas al iniciar festejo.
Hay toda una emotiva carga en el De la Puebla para correr la mano, llena del arte que unifica criterios en el estentóreo ¡Ole!. Las fallas con las espadas no borran lo expresado en el ruedo, aun sobre un aviso y la división de gustos.
Desafío de El Payo, placer y poder en Eulalio, y la emotiva descarga de Morante, fueron tan claras como la noche centrada en las emociones explotadas en un ruedo que sigue vibrando aun a 67 años de sensaciones.
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