Julián López El Juli, tres lecciones toreras, lamentablemente sin culminación. El cartel de lujo lo cerró la rejoneadora Mónica Serrano, salida al tercio. Y la base de garantía, uno de Pepe Garfias y seis de Don Fernando de la Mora.
Lo que bien se aprende, no se olvida, se decía antaño, y Juan Luis Silis ha regresado con la Biblia Mariana bien entendida. El reloj marcaba las 6 de la tarde más 13, este último el número cabalístico de la fatídica fecha del percance que lo puso al borde de la muerte, ese reciente 13 de octubre en la misma Pachuca.
Sin embargo, la empresa Pasión Ganadera y sus alternantes, así como el público que cubrió tres cuartos de plaza, habían creado un especial clima de emotividad para tan importante retorno. Vamos, hasta el juez Guillermo Valderrama, reaparecido en el palco, templó el temporal, la valoración y los pañuelos.
Las tres faenas iniciales le daban favorable panorama como para campear el temporal. Y sobre ello saldría como nuevo el toricantano, pues vestía de albo y oro en sus renovadas ilusiones, tranquilo, sereno cinceló una Media, tras cinco Verónicas meciendo los brazos. El quite por estatuarias Gaoneras le salió que ni dibujado, ahora que al cerrar con la Rebolera, Silis se puso a la altura del cartel y las circunstancias que rodeaban morbo, expectación y curiosidad.
Brindis a los médicos que le salvaron la vida y a torear por bajo, luego en redondo y con dos cambios de mano firmó la faena ante el buen colaborador que, al quedarse frenado, acudió a la muleta en redonda Dosantina y como hundió la espada en buen sitio, afloraron los pañuelos y vino el triunfo de dos orejas.
El trapío aumentó con su segundo, cara arriba y peligro sordo, pero la cuadrilla jugó bien su papel: Moisés López, Angel Juárez, Christian Sánchez y Diego Martínez. De nueva cuenta la quietud en quite por Chicuelinas dejándose llegar desde lejos la embestida.
El berrendo en cárdeno no tragaba más de dos pases y de ahí que se lo echó a los lomos con la pala al tomar la muleta. Fuera zapatillas y googles que usó desde el paseillo. Dos pases angustiantes por tanda ante el asombro de los espectadores que jamás se desprendieron del momento. Tres cuartos en buen sitio y a redondear el triunfo con una oreja más.
Toro con cuajo y enarboladora saludó la presencia de Adame. Toreo del más fino: tersas Verónicas, señorial quite por Chicuelinas y en buen gesto brindis a Silis. Y como el viento aumentaba el recurso inteligente torero rematar por bajo cada sentida serie, Trincherillas, Firmas, Desdén y Trincherazos quintados.
Todo un deleite de temple entre terrenos y esa serie de Molinetes despejaron el panorama para envainar la espada tras pinchazo y entera, cobradas con apéndice, al culimnar la obra certera con la puntilla de Fernando Ríos, entre el aplauso en el arrastre por extraordinario juego.
Ya Juan Ramón Saldaña había conjuntado con José el Relance al entregarle en tirón al que hizo tercero en el orden, ahora este subalterno intercalaría con la capa una segunda estocada al jalar al quinto, en cesión de turno de Juli, pues más tarde viajaba a España.
En un palmo de terreno domeñó los arreones y totalmente encunado, de entre los pitones, Joselito sacó los pases al fijar con el cuerpo al burel con gran poder de trasmisión, y como le instrumentó un redondo por derecha y se quitó el hachazo con el muletazo de El Duende; con media estocada vino el tirón de Saldaña y un descabello para igualar en dos orejas más.
El desparpajo de Julián tiene sello, brío y elegancia. Ajustar el capote a la embestida de cada toro. Tandas cortas a pocos pases ofrecidos por su primero. Ante el segundo media muleta frente al fuerte viento para destroncar y torear. Pero lo más importante lo ofrecería con el de regalo, de Torreón de Cañas.
Un remate a punta de capote de desmayado floreo de reata. El toro atacó fuerte hacia el caballo, entonces, el madrileño recurrió al toreo de riel en línea recta para prolongar la embestida y después meterla en redondo. Un precioso recorte y a mantenerse en su línea de espada chata. A los tres los pinchó.
Mónica Serrano no paró al de De Santiago. Fierro tras fierro entre prolongados cambios de cabalgaduras produjeron lagunas rompiendo continuidad. Por ahí toreo de exposición entre banderillas bien colocadas hacia pitón contrario. Los Forcados Hidalguenses pegaron hasta el segundo intento. Y de espadazo contrario y caído le permitieron avanzar hasta el tercio, no más.
Ah que belleza la ceremonia a la mexicana conmemorativa de la batalla del 5 de mayo. Categoría de figurones al cederle a Silis la demanda en el tercio y sobre todo el sentimiento que afloró a lo largo del festejo por los 35 años de la plaza. Juan Luis está de vuelta.
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