Con algo menos de tres cuartos de plaza se corrieron toros de Juan Bernardo Caicedo, correctamente presentados y de juego desigual.
El clima desapacible durante toda la tarde, con fuerte lluvia antes del inicio del festejo que hizo que se pospusiera el comienzo durante 15 minutos. Reapareció el agua en el quinto de la tarde y duró hasta al final de la corrida
El Cid: Dos orejas y oreja.
Luis Bolívar: Oreja y oreja protestada.
Daniel Luque: Dos orejas y silencio tras aviso.
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Daniel Luque confirmó su alternativa y los tres toreros salieron a hombros, algunos sin merecerlo. El Cid sustituyó al herido Sebastian Castella
Saltaron al ruedo seis toros de Juan Bernardo Caicedo, que volvía a Bogotá después de un año de autoexilio. Trajo una bonita corrida con jaboneros, melocotones, castaños requemados y negros. Corrida comercial que dejó estar a los toreros aunque el cuarto sacara geniecillo. El mejor de todos, el segundo, con calidad, son, ganas de embestir y castita, el primero fue noble hasta el infinito, casi llegando a tontito, sin fuerza, pero permitió el lucimiento, el tercero tenía poco gas y recorrido y a partir de ahí la corrida vino a menos y no remató como todos hubiésemos querido, el cuarto desarrolló sentido y tuvo genio, el quinto rajadito desde la salida y el sexto protestó todos los muletazos punteando hacia arriba. Pero en general fue un aceptable regreso del ganadero local.
En el tercio de varas vivimos un grandioso momento cuando el picador de El Cid estuvo torerísimo al citar a su toro, moviendo el caballo y echando la vara adelante, logradísima su vara que supo agradecer el público entendido, sigo creyendo que se nos priva de grandes emociones por lo mal que los toreros y los picadores, bajo sus instrucciones, realizan la suerte de varas, ayer se vio el 1% de lo que puede ser ese hermoso tercio y la gente disfrutó. Viloria picó bien al quinto, del resto poco que destacar, varas muy traseras y tapando la salida al toro. En general estas corridas comerciales no tienen el aguante para pelear en el caballo y todas las varas fueron para cuidar al toro.
Manuel Jesús El Cid llegó al cartel por la vía de la sustitución pero fue quien hizo lo más torero de la tarde en el cuarto del festejo y se ganó así la sustitución del próximo domingo. Se nota que está a gusto y que ha superado el bache del último año y medio, aunque es un torero que gusta pero no arrebata a la masa. Disfrutó en su primero con el que dio muletazos muy largos por la izquierda pero con el defecto del poco ajuste con el que se pasó al toro, cabía otro toro entre El Cid y el buen toro de Juan Bernardo, se venía a ajustar en el cuarto muletazo de la serie, pero la clase era indudable.
El Cid se gustaba tanto de lo que hacia que improvisó desplantes de rodillas y con la muleta la hombro, como si le sobrara. Mató defectuosamente, muy bajo, aunque toda la espada entrara en las carnes del toro, pero como ya casi nadie valora la colocación de la espada, incluida la presidencia, le otorgaron las dos orejas, con una era suficiente por el defecto anotado de la espada.
En el cuarto vino lo que para mí y para algunos fue lo más meritorio de toda la tarde, El Cid pegó dos tandas torerísimas, habiendo pasado el Ecuador de la faena cuando ya pensábamos que el toro incierto y con genio, que fue desarrollando sentido, había podido con el de Salteras. El Cid no se sintió satisfecho hasta que dio estas dos tandas, por abajo, sacando la muleta por debajo de la pala del pitón, mandonas y con poder, en las que evidenció su regusto y su inteligencia, antes había dado algún natural también mandón pero que se intercalaban con otros trompicados. Pero esas dos tandas que menciono si que fueron rotundas y redondas. Mató otra vez defectuosamente con derrame del toro y llegó otra oreja, que ya en ese momento ni importaba ante la benevolencia y poco rigor de la presidencia, yo me fui con esas dos tandas como recuerdo.
Luis Bolívar no estuvo como lo hubiésemos querido ver porque el suyo fue el lote menos potable, tenía que remontar el triunfo de sus compañeros y salió con ganas y muy variado en el tercero, al que instrumentó largas, verónicas, chicuelinas y cacerinas, pero en la muleta el toro no tenía mucho recorrido y todo se fue desinflando de a poquito, el entusiasmo del público y las ganas del torero, que a pesar de querer no logró equiparar a sus otros compañeros. Mató bien y llegó una oreja que se pudiera cuestionar porque hubo mucho de paisanaje, pero de las dos que le dieron fue la más justa. En el quinto tampoco encontró material para lucirse, y el público ya acusaba los efectos de la manzanilla, Luis unas veces si y otras no, pero entre las dudas pegó una tanda impresionante, de frente, cargando la suerte y echándose el toro atrás que fue muy valorable y que alcanzó a acallar a los vocingleros, pero toda la faena no fue así. Mató defectuosamente pero la presidencia no se dio cuenta de ello ¿Sería la lluvia?. Le regalaron una oreja que no venía a cuento y así se lo hicieron saber algunos.
Daniel Luque cayó de pie en Bogotá no más estirarse a la verónica, un torero que no había tenido mucha suerte con sus toros en Colombia, encontró un torito con calidad que le permitió mostrarse como es. Se gustó en tres verónicas luego de picar al toro que recordaron a las de la tarde de su resurrección en Madrid cuando quiso dar la replica a Morante. Inició quietísimo en seis muletazos que cautivaron al público y que centraron al toro para pasar a muletear al noble de Caicedo, sin embargo en muchos de sus muletazos embarcó al toro con el pico de la muleta cuando no había necesidad de aquello ante la bondadosa embestida del torito, luego también dio algunos buenos muletazos, sobre todo con la izquierda, en donde el mérito estuvo en tirar del toro y llevarlo largo para pasar a los manidos circulares que hoy todos prodigan y en los que el público explota de una manera sorprendente.
Es el toreo moderno en toda su magnitud, en donde los cánones de siempre; parar, cargar, templar y mandar, han dado paso irremediablemente a dar la espalda, embarcar sin cargar (es imposible de espaldas), circular y circular. Así es hoy lamentablemente.
Pese a todo esto, que creo que es más culpa del público que de los toreros que lo aprovechan, me parece que Daniel es un torero con inmensas posibilidades, con garra, con cierto poder en su muleta y que si se alejara de ese toreillo moderno podría explotar con mucha fuerza. Eso sí, le deben decir que no se ven para nada bien esos cabezazos en la barriga del toro que son muy vulgares. Mató de un estoconazo fulminante, que fue espectacular, pero la presidencia sumo mal pues con la faena y la estocada se hubiera completado la oreja pero para ellos fueron dos trofeos. En el sexto poco pudo hacer ante las protestas de su toro y la lluvia que apuraba fuerte.
Salió a hombros y es un torero muy válido para todas las ferias colombianas ávidas de reemplazar a las figuritas exigentes y acomodadas.
De los subalternos destacar la torería de El Boni que tuvo valor al centrar con el capote al segundo que presentaba dudas al salir de chiqueros, luego pareó con torería y fue obligado a saludar. También saludó Granerito por su corrección al parear y Hernando Franco se coló en el saludo. Alex Benavides estuvo atento a cortar a un toro que quería picarse en la querencia.
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