El hombre del Paleolítico inferior por lo menos en Europa, cazaba piezas enormes y que tenían gran peligrosidad, entre estas se encontraba el Uro o toro salvaje y este no tenia otra utilidad que el ser cazado para que el hombre completase su dieta de carne y aprovechar sus huesos, pieles, pitones, etc.
Se suele señalar como origen de la raza al Bos Taurus Brachiceros que desciende a su vez del Bos Taurus Primigenius cuyo origen esta en el Uro. Por lo tanto este origen puede resultar simple si tenemos en cuenta lo heterogéneo de la raza. Probablemente los antepasados prehistóricos de la raza fueron variados y dieron lugar a varias poblaciones bóvidas peninsulares, es de estas poblaciones bóvidas de las que procede la actual raza bovina de lidia mediante la selección de carácter-bravura.
El instinto natural de los bóvidos es defensivo y gregario, con comportamientos instintivos de defensa ante los altos niveles de estrés, precisamente esta reacción violenta dirigida con fuerza, obstinación y rapidez hacia el objetivo constituye el núcleo o el origen de la bravura. La forma de ataque del toro también viene determinada por un amplio campo visual acompañado de poca agudeza además de un excelente sentido auditivo.
Tan complicado y amplio tema como es el origen de la raza bovina de lidia, nos obliga a una incógnita, no sin antes citar que repetidamente se ha pretendido hacerlo a través del origen y la historia de la lidia (escenas murales de la caza del Uro, antecedentes cretenses, alusiones a mosaicos y cerámicas primitivas, murales en las cuevas de Altamira, etc.), olvidando resolver la incógnita principal, que consiste en saber si todas estas muestras del pasado corresponden a bóvidos de la misma raza y si tuvieron posterior relación con el ganado de lidia o bien se trata de ejemplares salvajes sin otro vinculo con este ultimo que el de pertenecer a la misma especie. Otra teoría que es la mas cercana a la realidad es que la raza bovina de lidia se formo por el sencillo y largo procedimiento de elección y afianciamiento de los individuos más indóciles, salvajes, rebeldes, agresivos (¿bravos?) de las vacadas semidomesticadas o adscritas a formulas de explotación extensiva de muy primitiva concepción y elemental manejo.
Sin prejuicio de las referencias que nos han llegado de las actividades tauromaquicas practicadas por los distintos pueblos que han colonizado la península ibérica, las ganaderías bravas comienzan a tener señas de identidad a principios del siglo XVII, siendo sobre todo a finales del siglo XVIII cuando ya aparecen bien definidas algunas vacadas de la que luego derivan las ganaderías actuales.
Al principio fue el toro grande, fuerte, complicado, con años y genio por lo que el reto del hombre que se enfrentaba a el fue sobre todo burlar al embestida para lo cual se le presentaba el engaño brevemente, el combate duraba poco y terminaba con la suerte suprema: por lo tanto la gran estocada se convirtió en lo esencial de la lidia en aquellos tiempos convirtiéndose el torero principalmente en un matador do toros.
Desde aquellos tiempos el toro ha cambiando por que la tauromaquia ha cambiado: se ha hecho mas plástica más dinámica, el toreo ha evolucionado para conseguir que el acto de engañar sea arte, el engaño será mas fácil cuantos menos años tenga el animal y menos sentido desarrolle. Precisamente el desarrollo del toreo moderno (posterior a Belmonte) es el que introduce la nobleza como criterio de selección, es decir desde que la lidia se hizo mas expuesta y se llevo a los terrenos del toro se empezaron a demandar toros de embestida mas templada o cómoda. Desde las embestidas impetuosas, con la cabeza alta y carrera al galope hemos pasado a parar, templar y mandar y a veces a unas faenas demasiado uniformes.
De manera que desde Belmonte las distintas ganaderías han introducido en sus estrategias de selección un nuevo concepto “La Nobleza” que se podría definir como la ingenuidad frente al engaño que supone en mayor o menor grado el aumento de la comodidad de la faena.
Desde el punto de vista científico podemos suponer que cada uno de los caracteres psicofuncionales aludidos hasta ahora esta regulado genéticamente por 1 o varios genes que bastaría saber adicionar o sustraer para conseguir los ejemplares deseados de manera uniforme. Algo aparentemente tan sencillo no tiene hasta ahora un resultado satisfactorio en la selección de campo de tal manera que se verifica que la base genética de estos caracteres es muy compleja y tiene un baja heredabilidad. Además son caracteres que presentan una clara oposición entre ellos.
Todo lo expuesto además de la importante influencia del medio ambiente nos permite concluir que el comportamiento de los toros en una determinada ganadería tiene un elevado componente aleatorio casual, por lo tanto es de admirarse esa intuición natural de muchos ganaderos y mayorales en la selección y perfeccionamiento del toro de lidia.
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