Se lidiaron cuatro novillos de Acapangueo de los cuales destacó el corrido en segundo lugar, el resto fueron mansos y descastados, además dos de Marco Garfias ¡igual!

Luis Conrado: Saludos tras aviso, oreja y silencio.
Rodrigo Cuevas: Pitos tras dos avisos en el único que mató.
Julio de la Isla: Saludos y silencio tras dos avisos.

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En la gran Plaza de Toros México, se llevó a cabo la séptima novillada de la temporada chica, a pesar de que la lluvia cobijaba ese monumental coso, la gente acudió con la firme disposición de ver grandes triunfos y así poder seguir al novillero que México espera.

Luis Conrado con el capote no ha dicho nada en su primero, ya con la muleta, fue a brindar al público, lo que sería una especie de un brindis anticipado del perdón, por ese aburrimiento opresivo, por parte de la dupla en el redondel. Nos referimos a ese pobre novillito que en 5 ocasiones se escupió de la pelea en varas huyendo buscando la salidad, y a ese novillero que dio una cantidad interminable de trapazos. Después de dos pinchazos, dejaría un golletazo y utilizaría la espada corta, para escuchar un aviso del juez. Oiría leves palmas de sus amigos y saldría corriendo al tercio.

Con su segundo, un manso ejemplar trasijado de Marco Garfias, lo recibiría con una larga cambiada muy retirada del novillo, digamos una larga tipo fax. Quitaría con saltilleras, donde se vería el aguante de este novillero que ya iniciaría a confeccionar las cosas de otra manera, digamos, comenzó a ponerse las pilas. Con la pañosa, inició de hinojos, posteriormente se acoplaría a la distancia realizando dos tandas con la mano diestra, que sería lo más torero de la tarde, y… de pronto, su imaginación le trasladaría hacia un bello pueblo de la República, por lo que se dispuso a realizar manoletinas hincado que le fueron pitadas. Dejaría una estocada caída y a falta de faenas importantes, la gente con suma bondad, se conformó con dos series de mediana intensidad y le donaría a Luis Conrado para sus estadísticas, una oreja.

Rodrigo Cuevas El Principiante, perdón,El Príncipe, tuvo la suerte de su vida, le correspondió un extraordinario novillo que procedió de la ganadería de su tío Jorge Cuevas, que fue para la consagración, y Cuevas sobrino se vio totalmente incapacitado para hacer algo que le jusutificara como novillero. Dejó un saludo capotero, repleto de dudas, demostrando una carencia del sentido del toreo, falto de valor natural y una notoria carencia de técnica. Fue desesperante verle en medio de la indefensión, porque era evidente que no sabía qué hacer. Como todo novillero la gente suponía que haría un quite y solo prefirió taparse. Ya con la muleta y con las condiciones de un magnífico novillo que iba para mucho más, y que requería a alguien, además de con mayor experiencia, sobretodo con auténticas ganas de querer ser torero, para poder cuajarle no una faena sólo bonita, sino una gran, gran faena para poder consagrarse, ya que con ese novillo que tenia calidad, recorrido, emotividad, transmisión le permitía la consagración, pero se le vio fuera de sitio, con todas las carensias, y por eso viendo esa penosa actuación recordé que Belmonte dijo: “… para ser torero hay que parecerlo“.

Y, eso, torero, no parecía ni por mucho ayer domingo El Príncipe Cuevas, a quien la gente ya muy molesta ante el reprobable desperdicio que estaba haciendo del excelente novillo, le gritaba escandolasamente: “el principiante“, “el príncipe cachirulo“, etc.; daba dos pases a gran distancia con la mano derecha y el novillo se empleaba con mucha clase, calidad, emotividad, recorrida, y Cuevas sobrino tenía que rematar porque no podía aguantar ni podía embraguetarse ni sabía como torear a un excelente novillo, porque en definitiva, no quiso ni pudo exponer.

Al final, después de estar fatal con la espada… ¡once pinchazos y dos avisos! pues el benévolo juez no le tocó el tercero, el público en el arrastre del gran novillo hacia con el cachetero, lo reconocería con sonoras palmas de pie por haber demostrado la gran clase, calidad, recorrido y emotividad de su ganadería Acapangueo.

Ya en su segundo, con el capote, nunca pudo contener la embestida del novillo de Marco Garfias, un novillo agradable de presencia que iba bien y que no supo cómo torear El Príncipe. Además de que NUNCA asentaría las zapatillas y deambularía por el redondel, siempre con el pie para atrás cuando intentaba hacer verónicas, en este caso, realizaría un espantoso intento de quite, por lo que mi vecino de barrea exclamaría todo enojado, “¡torea mejor el bombero torero que tú!“. De nuevo con la muleta nos atosigaría con un caudal de abominables trapazos. Después de que el novillo lo llevó a visitar los aires, el bovino de Marco Garfias, quedo espantado y sumamente arrepentido de lo que había hecho, como pidiéndole perdón, porque nunca hizo por el muchacho que quedó tirado en la arena. Sí, como espantado e inerte quedaría el novillero que visitaría el refugio de la enfermería, con un miedo impresionante. Ahí recordamos a toreros heroicos que han sufrido lamentablemente cornadas gravísimas y que su pundonor los obliga a regresar al ruedo o que se quedan como el caso de Ignacio Garibay en Las Ventas, que con una cornada de 25 centímetros se mantuvo herócamente en el redondel hasta poner punto final a su faena, ¿por qué este novillero no regresó?, por lo que tuvo que entrar a matar Luis Conrado.

Los hechos nos han demostrado que Rodrigo Cuevas no está hecho para estos duros menesteres del arte del buen toreo, seguramente Cuevas sobrino, podrá ser un excelente profesionista en otros derroteros, pero en esto del toro, en donde tuvo la suerte de tener frente a él un novillo para su consagración y dejarlo ir, todo hace ver que NO.

Y… de Julio de la Isla, en el primero, con el capote, deseaba agradar al público, realizaría deslucidas chicuelinas y un tercio de banderillas, con más pena que otra cosa. Se dispondría a utilizar la muleta, donde no supo lo que hizo, simplemente, se quedó con la ilusión de agradar. Ya con su segundo, en medio de un brutal aburrimiento, nos volvió a llenar de una inmensidad de trapazos que obligaron a la gente a salir del coso mayor del mundo.

Al finalizar la novillada y con rumbo a emprender el camino a casa para informar a ustedes amigos de lo que sucedió, alcance a escuchar, las instruidas palabras de algún aficionado, que decía: “Aquí tienes esta rebanada de pastel, si quieres comértela hazlo y si no deja que alguien más la disfrute“.

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