Se lidió un encierro de Carranco, propiedad de doña Laura de Villasante, bien presentado de juego desigual.
Antonio Barrera: Oreja y silencio.
Ignacio Garibay: Leves palmas y oreja con división de opiniones.
Alberto Espinoza El Cuate: Al tercio y oreja.
Incidencias:
En el sexto de la tarde el torero regiomontano Alberto Espinoza recibió fuerte cornada en la zona escrotal del lado izquierdo de aproximadamente 10 centímetros.
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Antonio Barrera cortó una oreja de merecimiento tras una faena de voluntad en el primero de la tarde, consiguió buenas y largas tandas por el derecho emocionando a la concurrencia. El de Carranco tenía buen recorrido pero la debilidad fue su característica, mientras que la característica de Barrera fue la garra y la decisión, deshizo del burel de tres cuartos en buen sitio y así pasearla primera oreja de la tarde.
Con el cuarto un cárdeno claro que también careció de fuerza, Barrera estuvo en plan de guerra ante las deslucidas embestidas del burel. Algunos intentos más por el derecho pero no conectó con la afición quien se distrajo en extremo. Al final manoletinas ajustadas algunos adornos en la cara, varios pinchazos para irse en silencio.
Ignacio Garibay se enfrentó a un burel de muy buena estampa que siempre estuvo pendiente de su humanidad y punteaba en todo momento, Garibay a pesar de que lo intentó nunca logró el dominio total en su muleta y por ende de la situación presentada, mató de entera delantera para irse entre leves palmas.
Otro débil de Carranco fue el quinto de la tarde al que Garibay recibió con verónicas que deslucieron al doblar el astado una y otra vez. El torero capitalino quiso pero no pudo hacer mucho ante las embestidas rebrincadas del astado. El público al no encontrar interés en el ruedo, se entretuvo en demasía en su propia diversión la hacer la famosa “ola”. Fue triste ver que un público feriante confunde un recinto donde un hombre se juega la vida, en un vulgar campo en el que 22 hombres siguen embebidos un balón.
Para Garibay esta no fue su tarde. Mató de entera trasera y muy caída e inexplicablemente ante una petición ilógica, pues recordemos que la principal atención del público no estuvo en el ruedo, el juez Manuel Ramírez de la Torre otorgó la oreja. Pero hay veces que el público y discúlpeme pero no, no siempre tiene la razón.
Alberto Espinoza egresaba a esta plaza luego de bastantes años de ausencia, ante el primero de su lote un manejable negro bien presentado de Carranco, el regiomontano tuvo una actuación muy digna, poco a poco le robó los pases, tandas por derecha que valieron la pena. Entregado, esforzado y a base de tesón, Espinoza logró derechazos por bajo de valía, hubo un desdén torero mirando al tendido que ahí quedó. Media caída de efectos tardíos y fue invitado a saludar en el tercio con fuerza.
Con el sexto de la tarde apenas en los primeros muletazos le prendió por la entrepierna infiriéndole una cornada en la región escrotal, con evidente dolor Espinoza se incorporó para que los servicios médicos le atendieran en el ruedo colocándole un torniquete para que pudiera seguir con su férrea labor. Regreso a la cara del burel con mayor voluntad para conseguir unos pases más, la gente se metió a su labor y hasta la pelea de gallos sonó y como es costumbre cada vez que suena esta melodía, el juez se siente más hidrocálido y otorga las orejas.
Que el deseo y valor de Alberto Espinoza estuvo a prueba, cierto. Que se reconoce su entrega al quedarse en el ruedo luego del tremendo dolor, cierto. Pero ¿En Aguascalientes se entregan orejas por las faenas o por las cornadas? Pareciera que la respuesta es: por ambas y por peticiones insulsas de un público feriante, y por escuchar la pelea de gallos, y porque el juez venía de buenas. Lástima.
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