La decimoseptima corrida de la temporada se desarrolló a sus anchas: un enorme escenario lo han llenado de torerismo los matadores mexicanos y, con gran repercución en la mole de cemento cubierta por unos mil quinientos aficionados. Para qué más, si los olés se escucharon intensos en la inspiración de Federico Pizarro, oreja y vuelta al ruedo; Jerónimo, vuelta al ruedo triunfal y palmas. Completó la tercia el español Pedro Gutiérrez “El Capea“; palmas en su lote.
Santa Bárbara envió un encierro bien presentado, pero nada facil para la lidia; lo sobresaliente estuvo a cargo de la torería, espadas y subalternos.
Pizarro está aliado al tiempo: luce joven, dejando atrás el ímpetu; ahora está asentado, sereno, tranquilo. Ha medido cada una de sus faenas.
A la voz de Rodolfo Acosta acometió el abreplaza, en un emotivo encuentro de franca pelea decretada por un puyazo en lo alto. Pizarro, en un tirón se llevó a los medios a “Rielero” y, a partir de un cambio de mano en la cara le extrajo lo bueno, no obstante haya sido en la parte final.
Su faena por derecha fue sólida, consistente, para instrumentarla en redondo, destacando una Capetillina y un Cambio de mano. El metisaca y la entera caída tumbaron al burel y, en forma unánime le sacaron el pañuelo blanco al juez Jorge Ramos, otorgando la oreja.
La embestida andarina fue conducida, ahora en el toreo de muñeca, pues el cuarto en el orden se resistía a embestir, por lo que Cristian Sánchez tuvo que encelarlo para cuartear y llevarse las palmas agradecidas en el tercio. Brindis al apoderado Adolfo Gumán.
También sobre lado derecho realizó el trasteo Pizarro; jalando los pasitos la embestida en cada ejecución hasta hacerse del toro en plena identificación con el público. Pinchazo y estocada caída se reflejaron en una vuelta al ruedo.
La sedosidad para darle cuerpo al capote brotó de las manos de Jerónimo, desde la salida del segundo en el orden. Verónicas de sabor añejo le dieron el saludo. Sus Chicuelinas en quite llenas de mando, tanto con brazo arriba como hasta la rodilla en el armónico giro.
Capea intervino en quite.
Las condiciones del toro no fueron tan claras, sin embargo, el embrujo de su toreo fue capaz de impregnarlo a las distintas caras de embestida, más de las veces cortas, pero el tirar, sinónimo de jalar, hizo paladear cada uno de los muletazos, en su toreo impuesto por derecha.
De los Cambios de mano, los Trincherazos asilverados y en un auténtico Cambio de mano por la cara brotaba de raíz su solera. El sellado vino hasta la cruz hasta depositar una entera que solicitaba la copa del triunfo, pero que lamentablemente no llegó al palco del juez.
Aun así, la vuelta al ruedo, recreada, vivida y aderezada de prendas puso a Jerónimo en el paso triunfal de exquisitos paladares.
Soso, quedándose corto y deslucido fue “Tres Amigos”, que no valió por el número ni por la amistad, y menos por el arreón aquel. El esfuerzo de Jerónimo culminó en un metisaca y media estocada entre palmas.
Duro fue el tercero para Capea, de ahí que la faena haya durado siete minutos, culminada de una entera habilidosa. Tuvo en el cierraplaza al toro que más se empleaba, pese a las constantes caídas, al toreale siempre con la mano abajo, tras de que Gustavo Campos había saludado desde el tercio por sus cuarteos. Pinchazo y estocada caída para cerrar entre palmas.
Es la vuelta de Federico Pizarro rumbo hacia la madurez; en tanto, las bodegas de Jerónimo reposan las gota a gota que se saborean hasta dejar seca la copa.
[pagewrap=compartir.htm]