Cuatro vacas sirvieron para que Payo ensayara su tauromaquia, una resultó complicada, y con ella se mostró solvente con valor y sitio, las otras tres tuvieron calidad y ahí el joven torero se rompió toreando con clase, elegancia y sentimiento aprovechando la calidad y nobleza de las bravas.

Completamente abandonado a su arte y confiado en su oficio Octavio estuvo en esa altura artística que pocos toreros actuales pueden alcanzar y que es la causa de que la afición lo siga.

El domingo en Aguascalientes alternará con Enrique Ponce y Diego Silveti en una tarde que seguramente estará plena de arte y para la que el rubio torero demostró estar mas que preparado.

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