En ella deberán tener participación todas las entidades que rigen los destinos de las temporadas, las Asociaciones de ganaderos, toreros, subalternos, peñas y porras taurinas y la representación mayoritaria de los aficionados que son el grueso de la gente interesada en la defensa de la Fiesta. Obviamente, se aspira a contar con la representación de los directivos de las riñas de gallos y de las corralejas que también han sido amenazadas con la prohibición de sus espectáculos.
No podemos pensar que un elemento de la valía y representatividad de Julio César Rincón Ramírez, nuestro crédito nacional, no pueda ser incluido, no solo como ganadero si no como matador de toros que ha llevado la representatividad de nuestros toreros y de la tauromaquia nacional desde que rompió en triunfo en Madrid en 1.991. Debe ser la figura de mostrar ante autoridades, dignatarios del Congreso y diversas personalidades en la lucha que deberá realizar la programada Federación.
Ni nuestro matador insignia, ni entes como la Fundación o la Sociedad Anónima, pueden quedar por fuera de los dignatarios que deberán conformar esta entidad de gran representación y que está llamada a defender nuestra fiesta brava tan amenazada y perseguida en los últimos años.