Miguel Ángel Perera, que reaparecía en la Nuevo Progreso, después de doce años, recibió al abreplaza con lances de tanteo para sujetarlo. En la muleta, Picaso, manseó buscando las tablas, sin embargo, el torero hispano dejándole la muleta en la cara, hilvanó series que tuvieron eco en el tendido, hubo un deletreado pase de pecho que arrancó el primer olé fuerte de la tarde. Falló con al acero y todo quedó en palmas.
Con el cuarto, el único de la ganadería de San Isidro, que resultó débil y soso, estuvo empeñoso sin redondear la faena.
Octavio García El Payo, en su primero instrumentó naturales lentos aprovechando las pocas embestidas de su débil oponente. Pinchó y su labor fue silenciada.
Con Otoño, lidiado en quinto, hilvanó derechazos y naturales con la mano muy baja, sobresaliendo tres profundas y templadas series por la izquierda. De una entera desprendida pasaportó a Otoño, cortando merecida oreja.
Diego Silveti en su primero, mantuvo centrado el interés del respetable, durante los tres tercios. Con el capote lanceó por tafalleras combinadas con gaoneras y con la muleta, en los medios, pegó estatuarios cambiados por la espalda que pusieron a la gente de pie. Con el público entregado continuó toreando en redondo, por ambos lados, aprovechando el recorrido y son de su oponente. Mató de tres cuartos de acero y fue premiado con merecida oreja.
Con el cierraplaza, realizó una faena larga e infructuosa.
Ganadería: se lidió un encierro compuesto por cinco toros de La Estancia y uno de San Isidro (4°) que resultó muy justo en presencia. En su comportamiento, 1°, 2° sosos, 3°, con recorrido y son, 4°, débil y buscando las tablas, 5°, con nobleza y claridad en la embestida, 6°, rajado.
Miguel Ángel Perera: Ovación y silencio.
Octavio García El Payo: Silencio y oreja.
Diego Silveti: Oreja y silencio.
Detalles: al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del finado Monosabio, Roberto García Torres.
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