…convierte la mala programación empresarial de su Temporada en la mejor de las presencias pleno de entrega y realización, su promesa de triunfo se convierte en la sentencia de que apunta a la mejor realidad taurina. La corrida de Jaral de Peñas se encuentra con sus propios defectos principalmente la mansedumbre y se estrella con un torero vestido, no de azabache, sino de conformidad y contrariedad, Joselito Adame recibe un descontón que exhibe a sus panegíricos y entreguistas incondicionales que ayer lo entronizan y hoy esconden la cabeza. Hace la entrada y el toreo Hermoso que pincha hasta la saciedad de nuevo.
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Si Hermoso de Mendoza trae la gente, Sergio Flores se la echa a la bolsa.
Y ésta se lo echa a hombros al finalizar la corrida.
Así es esto del toreo, más en una Plaza que espera año con año al navarro para hacer la mejor entrada de cada Temporada. Es más que entendible, nunca está taurinamente mal, eso parece imposible. Así que Hermoso entra a La México, llena su tendido y deja ver que hay visos de auténtica reforma, es decir, que él también entra al sentimiento de traer toros mejor presentados.
Tomemos la palabra a las figuras.
Así, cada tarde. Vendrá el filtro tan necesario.
Las dos faenas de Hermoso, una ante el bravo y noble primero, otra ante el manso y tardo cuarto, ocurren ante el asombro de un público que le aplaude cuando le puede y exprime en su totalidad al buen primero, “Sebastián” nombrado, con el paso preciso, quizá la contrariedad es primero colocar el segundo rejón y la ya inexplicable y lamentable, terrible, forma de matar del navarro. Simplemente que no puede ser.
Al primero, le para magníficamente decide el segundo rejón luego de que le aprieta, Pablo torea magnífico y acaricia con la cola del equino la cara del astado, luego crece en banderillas y cuando parece que el cárdeno seguirá ese ritmo, afloja tristemente y lo que parece tener premio doble, baja al grado de matar fatal y descabellar peor.
Con el cuarto repite, malamente, la dosis.
Matar fatal tras hacer andar un manso, tardo y probón, protestón, al que Hermoso de Mendoza encela muy en lo corto aguantando cabezazos y alternando lados del toro y perfiles del astado al torearle al hilo de las tablas, piruetas exponiendo y en un momento bueno salir muy airoso de la suerte. El de Los Encinos, manso sin mayor fondo, queda sin aire dentro para soportar el final, tristemente deficiente, del estellés.
Perdido con el rejón de muerte, ¿Qué ocurre con Pablo en el último tercio?
Francamente parece no haber solución.
Y qué habrá ocurrido con la Empresa que ha desperdiciado una oportunidad para que a tendido lleno, un torero como Juan Pablo Sánchez, triunfador de la Temporada, se mostrase ante el gran orfeón de la Monumental. Al menos ,le hicieron un favor a la versión que de Joselito Adame aparece por la Puerta de Cuadrillas. Esta sombría, mediana y muy contradictoria versión, empezando por el principio, el vestido elegido. Una muestra del estado taurino del torero, más sombra que luz.
Lo peor es que esto ocurre con el único toro de expresa posibilidad de triunfo, el primero de lidia ordinaria. Este castaño “Ciervo Rojo”, alto y serio, calcetero de los cuartos traseros igualmente, complica las cosas al hidrocálido que no alcanza a sujetar sin ser enganchado en el recibo, le receta los dos puyazos y es entonces cuando toda la pretendida pompa y prefabricada circunstancia del torero se derrumba cuando Sergio Flores le aprieta.
Basta una de las tradiciones del toreo para que ocurra, el quite.
Que a cada puyazo, tres deberían ser, corresponde un quite.
Y del segundo en adelante, toca a los alternantes. Flores echa mano del catálogo habitual y tira de la chicuelina con emoción rematada. En ese punto, el toro pone las cosas difíciles, Adame desespera por la incapacidad de la cuadrilla de salir al frente de un astado que echa para atrás y tira el ancla en síntoma de mansedumbre. Luego, ésta, expresa en el segundo tercio, parece desaparecer cuando Adame se dobla poderoso, acaso demasiado, latiguea la embestida que responde violenta en el de pecho.
Atención, se trata de un manso con casta, es decir, de lío y que no se apacigua.
Pero Joselito, pese a un lado derecho con embestida larga y repetida, opone el tirón, el serrote y el martillo, tira del toro sin mayor temple, le enganchan de pronto y apurado se ve en rematar cada tanda. El toro, franco en su intención, no miente, anuncia que el pitón izquierdo es el complicado, donde puntea y se vuelve pronto: no hay más que un mero ejercicio de exploración y el mínimo esfuerzo.
La vuelta a la derecha, la falta de compás, pese a despatarrarse, lo hacen ver descuadrado varias veces, no supera el cabeceo, se junta el viento y, aunque la gente le corea, pesa más la incomodidad que tratar de echar para adelante, cae en el ritmo del toro y el toro no en su temple. La bagatela de la manoletina no disfraza la realidad.
El toro se ha ido y se va, sin haberle toreado del todo.
Hacer pasar no es torear. Feo espadazo.
En fin, así anda este torero, insuficiente ante el manso y deslucido, aunque violento, quinto, que lo desarma tras la necedad de iniciar por alto, le hacer ver insolvente y le cobra su indolencia de tardes pasadas. Notorias son sus ganas de irse en la Temporada y reafirma que, tras su encerrona, el trono queda más que vacante y, después de hoy, que no está ya ni siquiera en fila del mismo pues su atención parece estar en todo menos en lo que importa, gana la forma al fondo, y hoy sí que hay varios más que amenazan, más bien concretan, su mayor y mejor avance a la primera línea.
Tal es el caso de Sergio Flores.
Porque no es causalidad que el bordado tlaxcalteca supere esta vez al deshilado hidrocálido, el berrendo y serio tercero, tal como el castaño ya descrito, es una real prueba. Y Sergio Flores hace posible lo imposible, detiene con los dedos un ventilador y no se corta, porque el berrendo, con todo y su percha, sale únicamente a calamochear, a protestar y deslucir, a dejar mal al que de grana y oro viste.
Va a la querencia, ahí le pican, complica la brega, Flores se hace cargo y convence.
Ahí, en el sitio exacto espera el tlaxcalteca que se queda, tras iniciar abajo, en el lugar exacto para girar plantas y, como si nada, ligar con la derecha ante una protesta expresa que no trasciende sino al ojo del taurino porque al calamocheo le falta fuerza.
Flores insiste pero pese a plantear las cosas en serio, la nula intención del astado, sino su irrenunciable protesta, implican cortar por lo sano. Increíble que tras espadazo, cuando el toro se acuerda que tiene casta y se aguanta ceder en la hora final haya quien aplauda, no se confunda querido diletante, el chiste es aguantar y ser bravo en todos los tercios no solo en uno.
Claramente, Sergio Flores ha leído al tendido.
Compuesto por esta variopinta e incipiente, pero al fin, Afición.
Pero también ha hecho el torero, para muestra, los lances, en algún momento sutiles y diáfanos, en otro desmayados y serenos, que sujetan al manso sexto que amaga con frenar y salir suelto, el manto de la verónica se desgrana entre su cintura que juega y las manos que al vuelo resuelven la embestida de la res como la playa la embestida del mar. Media muy toreada en los medios.
Y ahí comienza la escalada.
Porque aunque ya lo ha hecho anteriormente, lo que se hace bajo el reflector de luz suele ser más importante que lo que se hace entre las sombras, así que esta faena mirémosla como la indeclinable vocación de Sergio Flores de buscar lo mejor de un astado que mansea y que tal condición implica arrebatarle, no de cualquier modo, los resquicios, principalmente, de casta que posee.
Siendo la casta la agresividad ofensiva del toro, el de Jaral cuando arranca y deja de mansear toma el engaño es bien picado y Sergio da la vuelta el intentado régimen adamista con un clásico del capote mexicano, Ortíz, la tapatía, esa suerte con el capote por detrás y por las afueras, con el lance siempre por el terreno de afuera y el torero hacia los tercios y que desde Jorge Gutiérrez y su gran tarde en Diciembre 2001 no vivimos con tal emoción en esta plaza.
Esta vez no sale del todo al paso dado lo suelto del toro. Pero se remata airosamente alentando la esperanza de que el de negro embista.
Se complican las cosas en banderillas.
Vuelven a temblar a las cuadrillas y a mansear el jaraleño.
Entonces Flores ordena, recoge al astado y brega, hace las cosas en el sitio y, además, escucha y lee a la gente, a la que brinda sincero y entregado.
Lo cierto es que también equivoca el inicio, tanto insistir en el pase cambiado por la espalda a un toro tan manso viene mal, descubre la gracia el morito de doblar contrario, se la hace varias veces y Flores, que insiste en el cambiado, lo consigue con la plaza hirviendo pero a riesgo de estropear la posible faena al tropezar, es entonces cuando en el tercio frente a toriles, tras doblar contrario, Sergio, vertical y muy desmayado el brazo se da, al fin, a torear.
Ya no pararía.
Pese a las vueltas contrarias del toro que castiga, lucidor en el trincherazo, al que cita de dentro a afuera varias veces y con el que se inventa el terreno alternando arrucina invertida o molinete, atacaría desafiante pese a impedir ligar por bajo derechazos, entonces Flores, inteligente, dueño de su ubicación y sitio, alterna capetillina, vitolina, luminoso afarolado y cambios de mano, para quedar el toro por dentro y él en el mando por el terreno cambiado, salvo un pase de pecho larguísimo en el terreno natural.
Solo así, con la Plaza en vilo, convence al manso.
Porque con la zurda, tras ligar dos y huir el toro, viene el cambio de procedimiento para hacerlo pasar por el lado izquierdo con dos pinceladas de cartel. Alguien me decía que alguna voz de ultratumba califica la poncina como “populismo”, un simple golpe de efecto. Nada más errado y trampa. Flores cita para tan mentado muletazo, genuflexo y frente al burladero de la primera suerte donde, tras pegarlo, corta la huida del toro en la primera y provoca la vuelta para un cambio de mano maravilloso en tal posición.
De cartel.
De campanillas.
Tan genial que ahí, sobrado y torerísimo, en pleno domino de su tiempo torero, cuando el toro vuelve natural, en pleno disfrute, Sergio Flores hace suya para siempre la victoria sobre el astado al trazar el contrario por bajo y con la izquierda más rotundo y de mayor calado, sí Señores, de toda la Temporada.
La entrega de La México es total.
Surge de lo bien toreado, de lo fundamentalmente construido y continua en el remanguillé, flor invertida del molinete más el de pecho con el estallido de la Plaza.
Pese a la desigualdad, porque hay enganchones y un inicio de titubeo, el final de faena y la entrega en la estocada ponen la segunda oreja y una salida a hombros que ratifica que la regadera la carga siempre Sergio Flores, volverlo a traer es lo que procede y si lo hace con una corrida tlaxcalteca, atención, será el gesto de gestos.
Lástima que la Afición, sus deseos y sueños, vayan a ser ignorados.
Vilmente.
A menos que, tal como ocurre hoy, inesperadamente, regrese en unas semanas, un nuevo milagro del toreo.
Para bien y enhorabuena de todos.
Texto: @CaballoNegroII.
RESUMEN DEL FESTEJO.
Plaza México. Temporada Grande 2016-2017. Domingo, Febrero 19 de 2017. Décima Sexta de Derecho de Apartado. Tres Cuartos de Plaza en tarde fresca soleada aunque con diversas ráfagas de viento durante la lidia de tercero, quinto y sexto. Falta iluminación en la Plaza para efecto de la lidia y en pasillo de la misma.
6 Toros, 2 para rejones de Los Encinos (Divisa Azul, Rosa y Verde) Serios y altos, bien presentados por sus cabezas serias y buena hechura: bravo y notable el primero mientras el cuarto resulta manso y probón, se frena en banderillas; y 4 de Jaral de Peñas (Divisa Obispo, Amarillo y Blanco) Variopintos y mansos los cuatro, serios por delante: encastado el segundo con un tremendo pitón derecho .
Indebidamente la Empresa inexplicablemente remueve a un posible tercer espada en contravención a lo originalmente anunciado como corrida de triunfadores.
Bien la Autoridad al aguantar la improcedente petición de homenaje y de máximos trofeos luego de premiar el sexto turno.
El Rejoneador Hermoso de Mendoza Ovación y División. Joselito Adame (Sangre de Toro y Oro) Palmas y Pitos. Sergio Flores (Grana y Oro) Ovación y Dos Orejas tras leve petición de Rabo.
El tercer espada salió a hombros.
Difícil tarde de las cuadrillas a pie, buen puyazo durante el primer tercio del tercer turno de Othón Salinas Ortega.
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