Con un lleno total en la plaza Jorge Ranchero Aguilar, de Tlaxcala, se lidiaron toros de Gómez Valle para rejones.
Diego Ventura: Oreja y palmas.
Jorge Hernandez Gárate: Palmas y ovación.
José Ignacio Corral: Palmas en su lote.
Incidencias:
José I. Corral tomó la alternativa con el toro Gobernador, número 88 con 485 kilos.
La ganadería titular de Villa Carmela, fue sustituida por la de Gómez Valle, debido a que en el desembarque de dos astados fueron rechazados dos y el resto no cumplieron con el trapío necesario para una plaza de la importancia de Tlaxcala.
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Histórica resultó la corrida de rejones de hoy en la Plaza de Toros Jorge Ranchero”} Aguilar, que lució grandes galas y clavó en sus puertas un nuevo cartel de “Boletos Agotados”.
Ante la convocatoria del fenómeno del rejoneo mundial, el centauro luso-español Diego Ventura, quien concedió su primera alternativa en tierras aztecas a su homólogo queretano José Ignacio Corral, ante el testimonio del potosino Jorge Hernández Gárate, en una tarde donde la ineficiencia con la hoja de peral resultó el tendón de aquiles de los alternantes, que en diferentes momentos rosaron la puerta grande transportando al delirio al tendido que peregrinó de estados vecinos, como Puebla, Hidalgo y Veracruz.
La faena más completa de la tarde la realizó Ventura a Alcalde, primero de su lote al que por su falta de fuerza lo pasó con un solo rejón de castigo, mismo que dejó muy ajustado después de surcar todo el redondel para posteriormente darse gusto de templarlo de costado llevándolo prendido en el estribo en una demostración de gran doma y oficio, parándolo junto con la plaza, al metérsele por las tablas en una ejecución que mezcló valor, rienda y alta escuela de su jaca.
Fiel a su estilo, colocó de poder a poder banderillas largas y un par a dos manos de inmensa espectacularidad, pues se dejó llegar mucho a su enemigo quien acusaba los efectos de la debilidad, para rodar posteriormente en círculos en la tanda de cortas que puso en un palmo de terreno en tres ocasiones, rubricando con el teléfono, dándose el lujo previo al tercio final de colocar en suerte a su enemigo con Morante quien después de asestarle par de mordiscos, permitió que su caballero le toreara con el cordobés en la diestra para terminar colocándoselo en el testuz y recibir la ovación de la tarde y posteriormente pasaportarlo previo pinchazo en lo alto con un rejón entero fulminante, para cortar a la postre la única oreja del festejo, que supo a muy poco dado a lo expuesto.
Con su segundo Ateneo, no escatimó en esfuerzos pues era un astado muy deslucido y no obstante lo corto de su distancia e intentó de todo al grado de ponerle la grupa a milímetros, sin que recibiera colaboración de éste, por lo que decidió quitárselo de encima despachándolo al cuarto intento.
Quien calló con el pie derecho ante la afición tlaxcalteca, fue José Ignacio Corral, a quien se le vio enorme progreso en cuanto a sus maneras, al facturar par de faenas de corte clásico con mucho empaque y cerebro, las cuales desgraciadamente malogró por sus fallos con el acero.
En el de la alternativa, el mejor toro del encierro de nombre Gobernador, lo pasó quizá con un rejón demás de los de castigo, pues coloco dos en el morrillo privando al astado de tener un mayor juego, sin embargo lo templó a la grupa con lujo de facultades dando la vuelta completa a la circunferencia en par de ocasiones y banderilleó con largas y cortas dejándose llegar mucho al pecho de su cabalgadura. Cuando consideró necesario recortó la distancia y tiró de su enemigo exponiéndose demás siempre con el triunfo en la mente; ya en el tercio final cuando parecía que se iba con las orejas en la espuerta se puso necio con el acero y todo terminó en una merecida vuelta al ruedo.
Con su segundo Señor Juez, brindó a su padrino y volvió a mostrarse decidido y técnico sin perder el valor y el sentido de los terrenos, metiendo poco a poco en la lidia tanto al astado como al público los cuales terminaron entregados ante lo educado de su rienda y el valor de su toreo, del que se desprendieron banderillas largas y cortas cuarteando a milímetros de los pitones, lo cual se fue por la borda en el tercio de muerte, dado a que despachó a su contraparte al tercer viaje para despedirse ovacionado.
Por su parte, Jorge Hernández Gárate, se vio dubitativo en su primero Regidor, con quien no estuvo fino colocando banderillas largas, además de que su contraparte se apagó pronto y tuvo que abreviar dejando media ración de acero, para retirarse aplaudido.
Lo mejor vino en su segundo Tlaxcalteca, cuya muerte brindó al caballista lisboeta, esbozando una faena importante donde se vio en torero, poniendo la emotividad que le faltó a su enemigo, mezclando banderillas de frente y al violín con una mano cargadas de espectacularidad y un par de cortas a una mano muy justas, lo que malogró con el acero al dejar el rejón de muerte muy trasero seguido de un pinchazo, para retirarse ovacionado.
Fotos: Ángel Sainos.
Video: Ariel Sainos.
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