Se lidiaron siete toros de Las Ventas del Espíritu Santo, desiguales de presentación y de juego.
Julián López El Juli: Oreja, silencio y oreja en el de regalo.
Manuel Jesús El Cid: Silencio y dos orejas.
Santiago Naranjo: Oreja y vuelta al ruedo.
Santiago Naranjo confirmó su alternativa.
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Esta crónica hay que empezarla por el final, cuando la plaza terminó convertida en una plaza de cualquier pueblo, con un toro de regalo, la gente jaleando cualquier mantazo, las luces tenues y un torero arrimándose ante un manso sin recorrido y vendiendo la moto sin sentido. Y la plaza se ha convertido en esto por la incompetencia de una presidencia que está haciendo demagogia y populismo.
Arriba creen que están para salvar la fiesta en Colombia cuando su labor es otra y desde el fin de semana pasado abrieron la puerta al jolgorio y se pusieron a regalar orejas a diestra y siniestra en detrimento obvio de la categoría de la plaza que se encuentra seriamente amenazada.
Una categoría que también se ve gravemente afectada cuando los tendidos se llenan del público de aluvión,que acude cuando las figuras aparecen, un público palmoteando recién se inician las faenas, formando desorden y peleando en los tendidos, pidiendo música como si en cualquier becerrada se encontrara, pidiendo al “Gordo”, manera despectiva de llamar a un buen subalterno cuando se sabe que tiene sus turnos, suplicando por un regalo para que su ídolo les satisfaciera lo que habían venido a ver. Porque allí radica gran parte de este problema, no vienen a los toros, viene a ver a un torero dar pases, que hay una gran diferencia.
Pasando al tema ganadero, muy preocupado debe estar el ganadero César Rincón porque año tras año su ganadería se está descastando de a poco, quizás por satisfacer las demandas de las figuras. La corrida no funcionó excepción hecha de un alegre quinto toro y algo del sexto. Defender al primero o al segundo es conformarse con muy poquito y asegurar el descastamiento general. Si se defiende esa nobleza tontarrona están comprando fracasos futuros. El primero pasaba sin trasmisión y cortaba por el derecho, el segundo arrancaba en la media distancia al primer muletazo, pero ya en el tercero se quedaba sin recorrido, el tercero embestía sin clase y muy rebrincado, el cuarto se quedó parado al segundo muletazo, el quinto fue un buen toro y tuvo casta e hizo reflotar la corrida cuando se hundía sin remedio, el sexto tuvo un poco de alegría en los primeros compases pero fue a menos, y el séptimo también se quedo parado muy pronto. Un solo toro no puede tapar una corrida.
En varas no vimos mucho, pues sabemos que cuando hay figuras las corridas no tienen el fuelle suficiente para pelear en ese tercio, el quinto fue el único que peleó de buena forma pero esta vez ningún picador lució, todos picaron traserísimo, en donde se hace más daño al toro, y muchos taparon la salida a los toros.
El Juli, pataleó y se plantó por torear esta ganadería y así le fue, creo que de ahí su enfado, ni siquiera los toros que tanto se pelean las figuras le funcionaron, de nuevo muy poquito material para calibrar toda su técnica y su profesionalismo, que lo tiene sin duda, pero sin rivales a la altura de esas supuestas cualidades es difícil de medir. Se equivocó en el regalo visto como venía la corrida pero había que acallar a la masa que vino a ver su ídolo. Raro verlo tan en pinchauvas en el cuarto en el que entró a matar hasta por seis veces antes de pasaportar a su enemigo. Se llevó una orejita de su primero luego de una labor de su estilo y en el de regalo le correspondieron y también le regalaron una oreja muchas más que pueblerina.
El Cid estuvo por debajo del alegre quinto, le vino ancha su casta, este torero está hoy más cerca del artista cómodo que torea despegado que del guerrero que algunos nos han querido vender, el toro tenía casta y desbordó a El Cid, que no pudo construir una faena sólida más allá de algún pase compuesto, tanto le desbordó que al final de la faena se vio perseguido de mala manera, teniendo que salir El Boni a hacerle el quite. Casi se podía cuestionar la oreja y va el palco y le da dos. No se podía creer.
Grata sorpresa nos llevamos con un inesperado Santiago Naranjo, que estuvo muy firme, nunca desentonó en un cartel fuerte, puso al público de su lado y nos cambió totalmente la imagen que le habíamos visto en Cali, inclusive pensando en que hay pozo para pensar en un valor futurible en la torería nacional. Ahora bien, sus faenas no tuvieron la estructura deseada y un hilo conductor definido pero eso aún no se lo podemos pedir a un torero con tres tardes en su vida, pero si mostró un valor seco, firmeza en todo momento y unas ganas y una ambición impresionantes en el que cerró plaza. Supo ver que el toro tenía alegría en sus primeras arrancadas y se hincó de rodillas para que el público festivo que estaba en los tendidos rompiera y estuviera con él, luego de una indelicada petición del toro de regalo de El Juli recién terminaba el tercio de banderillas de este toro. Le faltó astucia para calentar un poquito más a ese público facilón que había en la Santamaría con algún circular más de esos que tanto gustan a los espectadores y quizás los nervios por querer abrochar el triunfo le hicieron no estar fino a la hora de matar, lo que le quito la posibilidad de salir por la puerta grande. Fue lo mejor de la tarde.
Cuidado señores porque están jugando con la categoría de la plaza, que si se pierde, de hecho ya se ha perdido mucho, es algo irrecuperable y lo que dicen defender se les va volver en contra. Urge pensar en un asesor diferente para la Santamaría, los ex matadores de toros no son los idóneos para ocupar estos cargos, pues tiran de su corazón de toreros a la hora de valorar las cosas que suceden en el ruedo, al igual que el ganadero que evalúa sus toros a través de los micrófonos.
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