La monumental rozó los tres cuartos de entrada, se lidiaron astados de Begoña de buena presencia y desigual juego, de los que destacó el corrido en quinto lugar que fue indultado.

Eulalio López Zotoluco: Pitos y silencio.
Alejandro Talavante: Silencio e indulto.
Arturo Saldívar: Al tercio y silencio.

Incidencias:
El tercer toro de la tarde brincó al callejón.

Al toro número 286 con 489 kg y de nombre Niño Bonito se le concedió el perdón y regresó a los corrales.

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Alejandro conquistó a la bella monumental, con todo su cante, con todo su arte la bella se rindió ante un torero; se enamoró de Talavante.

Así de grande, así de apasionado como lo es el amor, así vivió la afición de Aguascalientes una faena de altos vuelos realizada este sábado 30 de abril, por el torero español Alejandro Talavante, este día en el que nuestro país festeja a los niños, el de Badajoz se encontró con un niño bonito, el astado de Begoña que le permitió construir el romance y conquistar corazones en la octava de feria.

Desde que salió de toriles Niño bonito dejó ver su emotividad, recorrido y francas embestidas, Talavante lo recibió con verónicas suaves y media de lujo, para que luego fuera picado provocando tremendo tumbo. Ya con la muleta comenzó con pases de sabor y torería por el derecho y por naturales vaya tandas largas y con el sentimiento a flor de piel que hacían suspirar a la monumental. Y como los grandes romances, Talavante fue poco a poco, con delicadeza y con detalles de pasión eslabonando uno a uno los pases y así construir una labor que caló muy hondo en los tendidos. Sabedor de la calidad de las embestidas del burel Talavante lo llevó prendido a los vuelos de su muleta, con donaire, excelsitud y parsimonia para rematar con soberbios pases de pecho de pitón a rabo y hacer sonar desde las alturas la pelea de gallos. El arte brotó de sus muñecas con los trincherazos, los cambios de muleta, los remates por bajo y los adornos con torería parecía que Talavante le sonreía, con niño bonito, a la hermosa hidrocálida.

Sereno y dueño de la situación emocionado y emocionando, Talavante prosiguió con temple y solera en extendidos pases, llegaron como un regalo los trincherazos, los pases por bajo, la arruzina y los de pecho, para ese entonces los corazones palpitaban, las miradas se encontraban y se conjugaban el temple y el arte, el torero, el toro y la afición.

Para terminar los pases de vuelta entera que volvieron loca a la plaza y pronto se pidió el indulto que fue concedido, y como siempre habrá a quienes guste y a quienes no, quienes consideren que era para el torero toda la gloria o para el toro la victoria y viceversa. Pero al final, también como los grandes romances, solo los recuerdos quedan y los de la tarde de hoy se quedarán para siempre en los corazones hidrocálidos.

Otra historia menos halagadora fue la actuación de Talavante con el primero de su lote un toro deslucido y manso huidizo con el que solo tuvo destellos y deseos, al final se fue entre el silencio.

Arturo Saldívar tuvo una primera actuación muy decorosa con el tercero de la tarde que saltó al callejón lesionándose los cuartos traseros, a pesar de ello el burel tuvo buen recorrido y permitió a Saldivar lucirse en las chiculinas ajustadas y de garbo, algunas tandas de son y estilo pero debido a la lesión del burel se quedó parado muy pronto. Pinchazo y entera en buen sitio para saludar merecidamente desde el tercio.

Con el otro tuvo menores posibilidades, se vio con voluntad y decisión pero todo quedó en el silencio luego de errar con la espada.

Para Eulalio López Zotoluco seguramente esta tarde será de evaluación, ya que en ambas actuaciones no pasó de estar discreto, con voluntad sí, a su estilo propio, pero a estas alturas y con las nuevas generaciones pisándole los talones otras ideas y actitudes deberán imperar.

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