Antes de culminar el paseíllo se guardó un profundo minuto de silencio en su memoria, después, familiares escoltados por el servicio de plaza, dieron una emotiva vuelta al ruedo. Todos los novillos tuvieron nombres alusivos a Salvador y el primer novillo de la tarde, lo brindó al cielo Julio de la Isla. No fue una tarde tradicional, la afición está aun tocada.
Disposición demostró Julio de la Isla, y sino cortó apéndices fue por las fallas con el acero, además, de que no contó con mucha tela para cortar. Su primero, Monosabío de la ganadería de Marrón, tuvo mal estilo y acometía rebrincando, aunque eso sí, con claridad. Con él ligó muletazos por ambos lados de calidad, sin embargo, falló con la toledana escuchando un aviso.
Con Don Chava, también de Marrón, invitó a banderillear a Diego Bricio, luciendo ambos clavando los pares en lo alto y asomándose al balcón. Con la muleta el novillo se rajó y busco las tablas, ahí Julio le instrumentó un trasteo con pases comprometidos que se le jalearon, de nuevo falló con el acero, escuchando un aviso y teniéndose que conformar con salida al tercio.
Oscar Amador enfrentó a Guarda Plaza de Rodolfo Vázquez, que resultó quedado y se volvía en un palmo de terreno. Y a Portero de Marrón, que si bien repetía las embestidas lo hacía sin humillar. Con los dos estuvo voluntarioso, sin calar en el tendido. Mal pasaportando a los dos.
A José Antonio Bustamante le correspondieron dos deslucidos astados, Buen Amigo de Marrón y Aficionado de Rodolfo Vázquez, y su esfuerzo no fructificó terminando metiéndose el público con él.
[pagewrap=compartir.htm]