Ahora que también se sintió Nicolás Gutiérrez con el abreplaza, “Dichoso” tan pleno de bravura para cortar el primer apéndice. Javier Castro se encontró con “Distinguido” que rompió a bueno al llegar a la muleta, pero al fallar con la espada se retiró entre aplausos. Y Jorge Salvatierra tuvo algunos destellos con el manso rajado cuarto y se estrelló con el más cuajado, de regalo escuchando un aviso.
Cuatro versiones en la interpretación del toreo hecho en Aguascalientes se han desempeñado bajo el marco esplendoroso que da la aragonesa plaza Cinco Villas, tan brillante como la arena del albero sevillano que cubre la superficie del ruedo.
Un espectáculo gratuito otorgado por los nobles empresarios Luis Marco y Lucero Domínguez, bajo soleado clima disfrutado por unos quinientos asistentes, que tuvo la seriedad requerida para conducir la novillada en el juez Pepe Garay.
La vara de Juan Carlos Paz y las banderillas de Cristian Sánchez combinaron el asentamiento y la reavivación en “Afortunado” al embestir claro y con clase al mando de Diego. Ya desde el capote asomaba el buen lado derecho y el hijo de Luis Fernando se dio a la tarea de trasmitir el sentimiento característico de la Dianastía Sánchez y la faena se fue para arriba al cobrar un muletazo de vuelta entera en la cuarta serie por derecha.
Culminó por Joselillinas, el muletazo de El Duende, creación de El Calesero, al fin de Aguascalientes, y se echo al novillo por delante en el De Pecho. Y como se volcó emotivamente sobre el morrillo al sepultar la espada en lo alto, le otorgaron las orejas del corrido en tercer lugar.
La influencia de Julián López “El Juli” cobró vida en Nicolás Gutiérrez: cuerpo herguido de zapatillas a cintura y quiebre alargando brazos al prolongar la conducción del bravo “Dichoso”. Una embestida de largo que alcanzó los diez metros manifestó la emotividad al iniciar en el centro y de rodillas.
Y así fue alternando los lados en evoluciones del toreo en redondo. Cerró con una Dosantina, Trincherilla y Cambio de mano y con desición sepultó el acero en la cruz para recibir el apéndice, mientras al de La Guadalupana se le brindaba el arrastre lento.
Castro batalló con la capa, sin embargo, tras brindar al empresario, en la muleta obtuvo deseado acomodo para engarzar derechazos y en otras tantas ocasiones sentidos Naturales. Pinchó y dejó abajo la espada en el segundo viaje por lo que alcanzó sólamente palmas.
Y Salvatierra recurrió al toreo de riel, el paralelo como las vias del tren para ligar muletazos por alto ante el cuarto de la tarde. Prácticamente formó un cercó entre su cuerpo y las tablas para impedir que huyera el rajado, brindado a Silvia Pérez, la hija de Silverio. Por ahí sufrió un levantón. Pinchazo y trasera, palmitas.
Con el de regalo, en brindis a Lucero Domínguez, apareció la edad y como el chamaco aún no está a la altura de estas circunstancias, fue batallando paulatinamente, inclusive sufrió un rayón en el muslo izquierdo. Pinchazo y tres cuartos de efecto retardado lo llevaron a escuchar el aviso.
Al final Luis Marco, Don Juan Flores de La Guadalupana y Diego Sánchez recibieron el reconocimiento del público por la contribución a la fiesta. Y en gentil gesto dejaron que al chamaco lo llevaron a hombros como máximo triunfador de novilladas de sello propio; música de la banda de la plaza México. Todo en grande.
Foto:Luis Felipe Hernández
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