Salieron al ruedo un total de 25 vacas de diversas ganaderías y de buen tamaño para 25 novilleros en formación de varios estados de la república como el Estado de México, Hidalgo, Puebla, Tlaxcala, Aguascalientes, Michoacán, Guadalajara y de la misma Ciudad de México.
Sobresalieron los tapatíos Ramón Jiménez y Alejandro Fernández, los hidrocálidos Rafael Reinoso y Eduardo Romero, además del tlaxcalteca Fernando Carrillo y el valor de Juan Pablo Miramontes también de Guadalajara.
La dinámica fue la siguiente:
Se sortearon los 25 lugares entre los 25 novilleros. Se fueron soltando las vacas en el orden de sorteo y según la calidad de la vaca y el desempeño del toreo le permitían estar más o menos delante de la vaca.
Posteriormente y en base a su actuación actuaban en otra vaca de otro compañero, hubo novilleros que salieron hasta en tres ocasiones, en vacas buenas, y entras con ciertas dificultades para ver sus capacidades de forma más real.
Las vacas no fueron picadas, solo se usaron banderillas y al finalizar eran regresadas a los corrales.
Hubo un jurado calificador que puntuaba la actuación de los novilleros y que estuvo constituido por Mario Zulaica, Alberto Elvira, Rafael Cué entre otros.
Los novilleros fueron auxiliados por los subalternos de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros.
Al final el matador Zulaica agradeció la presencia del público que fueron alrededor de 300 personas.
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