La plaza registró una entrada regular.
Discreto en todas su ejecuciones abrió plaza el rejoneador Emilio Gamero, destacando el toreó templado con su jaca, llevándolo pegado a su enemigo. Con el rejón de muerte estuvo certero y fue premiado con dos orejas.
Alfredo Gutiérrez enfrentó al primero de lidia ordinaria lanceando elegantemente a la verónica. Destacó la segunda tanda con la muleta, en la que toreó con clase, seguida de una tanda por el lado izquierdo que conectó de inmediato con el respetable. Dejó la toledana en buen sitio, para ser premiado con el corte de dos orejas.
Con el segundo de su lote realizó una interesante faena. Al finalizar, pareció que sus espadas ya no tenía ni filo, haciéndole perder los trofeos, por lo que tuvo que descabellar, rompiendo incluso la espada corta. La gente lo retiró entre aplausos y siempre reconoció la labor de Gutiérrez, del que resaltamos la clase y elegancia que demostró con el capote.
El diestro hidrocálido Arturo Macías El Cejas demostró su valentía desde que enfrentó al primero de su lote, con el que estuvo bien a la verónica para después poner sus muslos de carnada, con el fin de arrancarle las embestidas a un toro que pronto terminó parado, luego de dos pinchazos se deshizo del tercero del festejo, recibiendo de la gente una fuerte ovación.
Con el que cerró plaza, El Cejas salió con la mentalidad de ir por el triunfo, estuvo bien a la verónica, seguido de un quite por chicuelinas. En el último tercio sonó Pelea de Gallos desde las alturas del coso portátil, lo que sirvió para que sacara el pecho y fuera decidido a la cara del toro, toreando con alegría, clase y buen gusto, aunque de inmediato el toro comenzó a pararse, por lo que tuvo que sacar todo su rodaje para lograr hacer faena, demostrando su valentía. Falló con la espada haciendo que todo se viniera a abajo; siendo valorado por los asistententes.
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