García obtuvo una salida al tercio, en tanto al francés lo obligaron a dar la vuelta al ruedo. Y Juan Pablo Sánchez, la brevedad ante infumable lote. Don Fernando de la Mora ha sorprendido al enviar ocho torazos cuajados: cuatro arriba de los 600 kilos, algunos cinqueños y un galán de mucha plaza, el segundo de la tarde.

Había materia prima en presencia, volumen, enarboladuras y láminas que sólo faltaba la inspiración. Y el primero que alzó la mano fue el galo en tres Verónicas de recibo, pero Octavio respondió al quitar por Lances hacia los adentros tras un segundo puyazo, estableciéndose el duelo en el mismo abreplaza.
Y es que Castella a veces hace ver tan fácil el toreo que el aprecio va quedándose corto. Su tan natural quehacer, dominador por momentos ante suaves embestidas; flexiones de compás, malabares con las manos y la hondura en pleno temple son tan disfrutables que al sosear rajándose el primero viene el desencanto y más al no encontrar los blandos.

Algo similar fue sucediendo con el cuarto de la tarde; el jalón de brazo en Chicuelinas, sus Estatuarios por alto y el sobar hasta alcanzar la redondez fueron rompiendo el hilván hasta aquellos séptimo, octavo y noveno Naturales al toparse con un toro que pasaba carente de transmisión.
Y si agregamos que de nueva cuenta los efectos de la espada resultaban tardíos, no era nuevo la suma de avisos por toro. Faltaba la descarga corporal, aquella que produce sentimiento cuando se conjuga con la emotividad de un noble astado y eso lo vino a encontrar con el regalo séptimo.

Lances de flexión tan largos como sus extendidos brazos, los Cuarteos del chaval Fernando García; el segundo de ellos con un Parón en pleno viaje y el brindis a Mariano del Olmo al seleccionar el regalo, dejaron la mesa puesta para iniciar el banquete al tomar los medios de la plaza más grande del mundo.
Todo en torno al cuerpo del torero: Desde los Cambiados por la espalda intercalados con los de Pecho, las series en redondo, lo mismo por derecha que al lado Natural y, sobre todo, la forma en que al dejar la muleta en la cara del toro, el remate toma el camino en ruta contraria.
Así sobre embestida humillada la tela pasa de una mano a otra con los Cambios en pleno viaje ante un público extasiado. Pero la prevalecida fijeza se rompió en los intentos por igualar. “Rio Dulce” se ha dado a la tarea de escarbar, antaño llamaban “rascar”, convirtiendo al torero en cazador. Y fue ahí como vino el infame bajonazo y la vuelta sin premiación.

Tardó el público en reaccionar ante la galanura del segundo, vuelta a vuelta fue descubriendo la armonía de un cárdeno oscuro, vuelto de cuerna y extraordinario trapío que hizo tributar el unánime aplauso. “El Payo” lo llevó con sedosidad en la brega y al arrancar con alegría hacia el caballo de Jorge Morales vino el quebranto y mejor reunión.
Tras el brindis a Gonzalo Martínez, a base Recortes andantes ya ganaba los medios con Cambio de mano. Vinieron las tandas en redondo dejando el empacado sello para romper con el rumbo a la enfermería que le había privado de completar lotes en las dos recientes actuaciones.
Toreaba a placer y por derecha ha ligado un muletazo de vuelta entera con un Cambio de mano en lo mejor que se haya visto en la temporada a un ejemplar que planeaba: De capa y muleta, exquisito; no así con las espadas. Un aviso, saludo desde el tercio y el prolongado aplauso en el arrastre.

Desaborío resultó el quinto de tarjeta; el templado puyazo de Omar Morales, lo más vistoso con la vara, aunado a la expectación creada al anunciar un octavo de regalo, mismo que no alcanzó a romper y, mucho menos confiar al torero que con la espada se puso pesado.

Juan Pablo Sánchez, en cinco minutos pasaportó al tercero de la tarde. Y ese silencio le ha acompañado también al huir de capotes y caballos el sexto. Así, escupiéndose de las suertes, tres viajes con el acero y otros tantos con la cruceta decretaron un aviso frente al manso perdido.

“…Es más gacho andar a pie” fue la frase de El hombre del Carrito a lo largo de 50 años por nuestras plazas, tributada con un aplauso memorable ante su desaparición.

FICHA.-Plaza México, onceava corrida. Cerca de seis mil entusiastas.
Clima.-Cálido; descenso a partir el cuarto.
Ganadería.-Fernando de la Mora: Ocho ejemplares en un corridón. Pesos: 586, 628, 602, 563, 628, 620, 562 y 570 kilogramos de romana.
Sebastián Castella.-Palmas tras un aviso, Ovación tras un aviso y Vuelta al ruedo.
Octavio García “El Payo”.-Al tercio tras un aviso, Palmas y Silencio.
Juan Pablo Sánchez.-Silencio y Aviso.
En señor puntillero ha estado Emilio Ríos. Los Morales, Jorge y Omar con la puya, además de Efrén Acosta. Y Fernandillo García y Rafael Romero, al tercio por Cuarteos.
Juez de plaza.-Enrique Braun, ajeno al juego e los toros.

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