Ante un lleno a reventar, se lidiaron toros de las dehesas de: Montecristo, que resultó noble pero rajado; Xajay, soso y rajado; El Junco, otro soso; De Begoña, bueno, con arrastre lento; Barralva, devuelto a los corrales por falta de trapío, saliendo en su lugar otro de El Junco, igualmente soso; y el de Fernando de la Mora, falto de clase.
Joselito Adame, como único espada: Al tercio, silencio, palmas, una oreja, una oreja y gran ovación, con salida en hombros.
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