Fue una tarde en que los novillos “se convirtieron de hueso”, ninguno de los seis fue muerto al primer intento además los novilleros escucharon cinco avisos y en cuatro recurrieron a la espada corta.
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El encierro de D´Guadiana embistió con claridad y nobleza empleándose con recorrido.

Nicolás Gutiérrez, primer espada, con el abreplaza hilvanó series con largueza fincadas todas por el lado derecho. Mató mal recurriendo al descabello, salida al tercio y aplausos para Ahí Les Voy.

Con Independiente, que complementó su lote, estuvo tesonero sin hacer eco con los cerca de tres mil aficionados. Volvió a fallar con el acero y su labor fue silenciada.

Paco Miramontes, tuvo una tarde gris, nunca pudo conectar con el tendido y si a eso le sumamos que se enternizó con la toledana, al final un sector del público se metío con él.

A José María Pastor, cayó con el pie derecho, con el tercero de la tarde arrancó la primera ovación de la tarde al pegar con el capote, cambiados por la espalda. En banderillas lució facultades clavando los palos en lo alto, como lo hacía su padre el matador César Pastor. Con la muleta sobresalieron tres tandas de naturales, sentidos, lentos, muy lentos que de inmediato fueron jaleados. Mató hasta el cuarto viaje y saludo en el tercio con fuerza, hubo petición de que diera la vuelta al ruedo,lo cual no quizo.

El ajustado quite por gaoneras que ligó al que complementó su lote, seguido de un soberbio segundo tercio que puso a la plaza de pie, anidó en los aficionados la esperanza del triunfo grande, con la muleta su faena fue de más a menos, pero, aun así con los méritos para tocar pelo, lástima que volvió a pinchar y todo quedó en salida al tercio y una calurosa ovación al salir de la plaza, dejando en el ánimo de los aficionados el gusto por verlo.

Foto: archivo.

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