Y así, nos fuimos plenos de entusiasmo a degustar de la tarde que se apetecía interesante, porque en el cartel comparecían dos toreros que dicen mucho… la experiencia de El Cid que camina por los misteriosos caminos del arte, así como esa radiante juventud de Arturo Saldívar que busca afanoso la consagración como hacedor de arte.

Sí, dos mágicos toreros quienes contrastaban con el toreo carente de calidad, más bien comercial y hasta cierto punto burdo y vulgar de El Fandi.

La tarde, sin embargo, no tuvo la brillantez que se auguraba, no por los toreros estrellas del cartel, sino por la falta de casta de los toros, que por otra parte se pasearon barbeando las tablas, y tres resultaron estentóreamente inválidos.

El Cid nos regaló, en su segundo, sobre todo, una serie por el lado natural… natural tanto en lo sustantivo, como en lo adjetivo, que llenó el redondel de una inobjetable verdad, pero… ese pero, que siempre aparece y que siempre cual dedo acusador señala a los ejemplares descastados, que impiden inmisericordemente, la creación de serias obras de arte taurino.

Nuestro paisano Arturo Saldívar… sigue prometiendo mucho, y sigue cumpliendo a cabalidad, y… justamente por eso, se está convirtiendo en uno de los consentidos de la monumental venteña. Hay sinceridad en lo que realiza, profundo sentimieno y la apasionada entrega que exclama presurosa el panorama halagador por ser un gran torero.

En cada momento que ha estado en el redondel venteño, dejó en claro ese futuro tan promisorio, que la inmediatez la gritan esas mágicas voces esperanzadoras, porque el joven Saldívar se está consolidando en un torero que puede llegar a detentar lugar de privilegio en la Fiesta taurina mundial.

De El Fandi, casi nada se puede decir, acaso y sólo ha dejado un par de banderillas en donde sí se asomó al balcón; fuera de ello, el habitual toreo eléctrico, más para las graderías que inmerso en una preocupación seria, por intentar trascender como digno representante del arte de la tauromaquia.

Y, por supuesto, que cuando se lea el nombre de Arturo Saldívar, no habrá que perderse la ocasión de verle, va para arriba; por algo el genial artista de Galapagar, José Tomás, lo invitó a comparecer en su reaparición.

Foto:las-ventas.com

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