Se lidiaron seis novillos de Veragua de los hijos del también ganadero Juan Bernardo Caicedo, muy variados de capa y de juego, destacó el segundo, un jabonero noble y con gran calidad por el pitón izquierdo al que se le dio una injustificada vuelta al ruedo también veraniega pero nunca reflejando la categoría de la plaza. Los demás se pararon, alguno pidió tablas, otro con más problemillas y en general la corrida no pasó el examen.
Juan de Castilla: Oreja y palmas.
Julián Mateo Jaramillo: Oreja y silencio.
Franco Salcedo: Silencio y oreja.
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Si el domingo pasado la convocatoria recaía en Guillermo Valencia, la de este sábado la generaba Juan de Castilla, que hoy se vio más hecho y mucho más solvente aunque con un punto menos de pellizco que el año anterior. En su primero siempre estuvo por encima del toro, sereno y dominador de la situación y con alguna tanda estimable aunque sin echar la pata adelante y sin cargar la suerte como debe ser, ojala se lo hagan saber porque es un vicio del toreo moderno que sería bueno que evitara, se llevo una orejita veraniega. En el cuarto ilusionó con una tanda de muletazos largos cuando la lluvia apareció pero el de Veragua se vino abajo, se paró y la faena no cogió vuelo. Gran prospecto de nuestra torería que va por buen camino si le corrigen los defectos ya anotados.
Julián Jaramillo repetía tras su presentación de la semana pasada y volvió a mostrar lo mismo, es serio, se ve estructurado, pero se torna frio, hace las cosas sin aspavientos y correctas pero por ahora eso no más. Otra oreja, la de menos valor de todas que de por sí estuvieron de rebajas.
Franco Salcedo se mostró encorsetado, sin naturalidad, estuvo sin norte en el tercero y espabiló en el sexto llevándose una orejita por una estocada.
Foto archivo.
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