Está anunciado, al lado de Eulalio López “Zotoluco”: Mil corridas y el mexicano mejor colocado entre carteles locales.
El de Chiva, Valencia, Enrique Ponce: Más de dos mil corridas en su historial y actuante del mayor número de aniversarios en la México.
Y el joven torero francés más destacado en su país y conquistador del gusto español, y también de nuestro público: Sebastián Castella.
Uriel no va de relleno, por aquello de reunir el 50 por ciento para equilibrar el restante extranjero en internacionales funciones taurinas; no, claro que no. Le han puesto por la solidez alcanzada, a sus quince años de matador.
La aventura que le cobijaran Eloy y Armillita Chico en la toma de alternativa, la va superando, como aquella parálisis facial en la etapa novilleril y los doce percances recibidos.
Amo del segundo tercio, inspirado en la suerte muleteril del desaparecido Antonio Campos, El Imposible; tal vez mejor interpretada que su creador. Haciéndola propia, al sellarla con las banderillas.
En ellas se adueña de los terrenos y atención del público hasta elevarla a “Monumental”, favorito par del amplio repertorio.
Lo dio aconocer a los ojos de otro espectacular banderillero, David Fandila “El Fandi”, como si fuera una ceremonia de alternativa bandilleril; 17 de enero de 2010 en la misma México, actuación que atrajo miles de aficionados, al repetir, al lado de Pablo Hermoso de Mendoza, primer complacido al sentirse reforzado en el cartel.
Otro campanazo surgió el reciente 16 de enero actual, ante otro reconocido rejoneador, Diego Ventura; de nueva cuenta puso de pie a la afición que sonorámicamente aplaudía de pie, durante la intermedia vuelta al ruedo.
El Zapata está hecho todo un espectáculo; no necesita caballo para realizar sus pasos propios, al estilo Piafe, pasagge o español; él baila su propios zapateados en la cara del toro.
Parar, la base del rejoneo, también la impone, al culminar la suerte.
El bailar, como lo hace Pablo con el bayo Mariachi, lo realizó, a su estilo, en su reciente actuación.
Y a frente a un especial espectador, Eloy, quien se encontraba como espectador, culminó con la espada, volcándose como su padrino, sobre los lomos del burel.
Esa redonda actuación lo puso en el cartel con el todo a su favor: alternantes, fecha y expectación. Es el ahora o nunca para Uriel.
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