Esto sirvió no solo para seguir consolidando la temporada capitalina, sino que de cierta manera ayudó a realzar la temporada colombiana que se veía en crisis luego del bajón de entradas que hubo en Cali y Manizales. Pero este buen balance se ve opacado por la actuación de una presidencia desenfocada, con manga ancha, política y populista, que pretende salvar la fiesta con sus decisiones, cuando su función es otra totalmente distinta.

En el palco se auto-otorgaron el poder de superhéroes defensores de la fiesta y por eso se la pasaron sacando pañuelos a diestra y siniestra y han atentado de manera grave contra la categoría de la plaza. Tanto, que en las dos últimas corridas la Santamaría terminó convertida en una plaza de pueblo cualquiera.

Una categoría que también queda en entredicho cuando el público cambia de una corrida a otra. Cuando aparecen las figuras llega tras de ellos una cantidad de público festivo, vociferador, amante de la música, que pretende la diversión sin el más mínimo respeto por las normas. Van detrás de la forma y no del fondo. Bien diferente ese público a cuando en los carteles están los toreros colombianos o cuando aparecen ganaderías poderosas y toreros más modestos, festejos estos a los que van en su mayoría aficionados, gente entendida, que valora en su justa medida los acontecimientos en el ruedo.

La temporada quedó marcada por la concesión del rabo a Hermoso de Mendoza, hecho absolutamente político y no exclusivamente taurino, pues para otorgarlo no solo se tuvo en cuenta lo que sucedió en el ruedo sino en el que entraron a valer situaciones del entorno del conglomerado taurino. Por eso digo que fue político y ¿conveniente?. Yo creo que no, las cosas tienen más valor cuando se juzgan con rigor, pero en el palco se justificaron diciendo que en Septiembre se dependió de un fallo para que la fiesta siguiera viva y que eso había que tenerse en cuenta también. Incorrecta forma de valorar una faena en el ruedo. Ya lo dije antes, han abierto la puerta y todos querrán entrar por ahí, en Medellín ya lo hicieron y esperen a ver la proliferación de rabos en la próxima temporada. Pero como en el palco se creen superhéroes… Urge el cambio de la presidencia y de su asesor.

En el capítulo toro, la temporada se volvió a sustentar en dos ganaderías hoy por hoy fundamentales cuando de casta se habla, la de Mondoñedo y la Santa Bárbara, a gran distancia de las demás ganaderías anunciadas, todas ellas comerciales y por las que se pelean las figuras. Puntualizando vimos lo siguiente:

Mondoñedo: La mejor corrida de la temporada, sin duda, toros con poder que en su gran mayoría pelearon en el caballo y que luego en la muleta fueron encastados. Los señores del Nogal llevan dos años sin enterarse en el premio de la mejor corrida.

Santa Bárbara: Bajó frente a la excepcional corrida de hace un año, pero hubo mucho interés en el ruedo con sus toros. Y sacó el toro de la temporada, “Castellano”. Ya es imprescindible para el aficionado.

Juan Bernardo Caicedo: Aceptable regreso, con dos buenos toros, pero no como la gran corrida que se trató de hacer ver. Si sigue el rumbo de lo que mostró en Cali sería una ganadería que ganaría mucho.

San Martín: La novillada tuvo interés, dos novillos fueron buenos y los demás siempre recordaron que tenían sangre Santacoloma y no se les podía dudar.

Ernesto Gutiérrez: Corrida partida a la mitad, la primera parte parada y sin gas, la otra, noblota, dulcecita y de bondad infinita como suele salir esta ganadería. Es del gusto total de las figuras, así que saquen sus conclusiones.

Las Ventas: Cada año viene a menos, descastada la corrida a excepción de un toro que fue bueno. Deben meterle mano a la ganadería para que no se desfonde del todo.

Achury Viejo: Corrida desclasada y mansurrona que hace pensar que de nuevo debe tomar un tiempo antes de volver a Bogotá. Cumplió en presentación.

De los actuantes podemos anotar

Pablo Hermoso de Mendoza: Gran protagonista de la temporada, generó expectativa, revolucionó el cotarro, llenó la plaza, propició el entusiasmo de una afición que parecía venirse abajo y ya luego en el ruedo nos destapó los ojos vendados con una versión de rejoneo que se acerca mucho a torear. Está en otra dimensión en ese escalafón. El rabo fue exagerado pero su actuación fue muy importante. Seguro volverá

Luis Bolívar: Gran tarde la primera, aunque opacada por el bombazo de Hermoso de Mendoza, en la que hasta se gustó y se le vio muy solvente. Su segunda tarde en menor tono, aunque nunca quiso dejarse ganar la pelea. Sigo insistiendo que su torero luciría mejor ante toros con más poder.

El Cid: Llegó por la vía de la sustitución y su balance numérico dice que fue el gran triunfador pero hay que matizarle porque varios trofeos fueron regalados y sus actuaciones se esconden tras esos números. Muy despegado en su primera tarde aunque toreó con gusto y clase a su primero, luego sacó dos tandas excelentes a un toro que le estaba pudiendo, en su segundo día estuvo por debajo del único toro con casta de Rincón.

Daniel Luque: Con garra y ganas gustó en Bogotá, si se alejara de las ventajas del toreo moderno habría un buen prospecto para sacudir la cómoda mesa en donde comen las figuras. Merece repetir.

Ramses: Una tarde épica la suya, se fue a la guerra en silencio y salió victorioso. Hizo frente al corridón de Mondoñedo y cuando nadie lo creía logró triunfar.

Pepe Manrique: Gran tarde con los Mondoñedos en la que le hizo frente a un toro encastado. En la segunda tarde desconocido y ventajista aunque luego lo intentara ante un manso de Achury.

El Juli: Profesional y técnico, casi mecánico. Pero de nuevo sin material suficiente para poderle juzgar en su real dimensión. Busca la comodidad antes que la gloria.

Diego Urdiales: Un torero serio, firme, honesto, necesario para hacer contrapeso en la balanza a las figuritas. Cae muy bien en las corridas con poder.

Sebastián Vargas: De nuevo le correspondió el mejor toro de la temporada, y aunque le sacó provecho estuvo por debajo del gran toro de Santa Bárbara. Un gran par por los adentros todavía se recuerda.

Juan Solanilla: Es un gran prospecto pero aún no estaba preparado para una corrida de la exigencia de la de los Sanz de Santamaría, con todo y eso nunca perdió los papeles.

Miguel Abellán: Le vino ancha la casta de un Santa Bárbara al que solo pudo sacarle algún muletazo cuando la faena ya se acababa. Si no viene, no pasa nada.

Miguel A. Perera: En su versión de pegapases, perfilero y ventajista. No ha justificado su supuesto cartel de figura. No merece volver

Cayetano: De nuevo lo mismo, un torero sin fondo ni técnica, solo posturas, un relleno con solo la pompa de sus apellidos. No merece ni que piensen en él para volver.

De los novilleros, Leandro de Andalucía mostró evolución aunque hubiera podido tener un triunfo de mayor dimensión, Sergio Blanco nada para destacar y el español Gerpe de nuevo corroboró que ese puesto no tiene justificación para un extranjero sin cualidades. Cero y van cinco como ese.

De los subalternos hay que destacar con gran nota a Ricardo Santana tanto en el capote como en las banderillas, en un toro de Manrique fue fundamental. También tuvimos el placer de ver la torería de El Boni. Granerito se ha consolidado.

En el capítulo de las varas no podemos hacer otra cosa que lamentarnos al ver la agonía de una suerte que debería ser pilar fundamental de la fiesta de los toros, se hace mal, horriblemente mal, y no le importa ni a los toreros ni al público. Se pica muy trasero, parece ser que la palabra morrillo no se encuentra en el diccionario actual de los picadores, a las corridas comerciales se les simula el puyazo porque no están criados para demostrar que son bravos en el caballo sino para que aguanten en la muleta. Solo podemos destacar una vara de Cayetano Romero y la preparación de la suerte y el cite del picador de El Cid en su primera tarde.

En resumen una muy buena temporada, con el lunar de la presidencia y que permite suponer buena salud de la fiesta en la capital aunque hay un sector de la afición que se debe volver a educar taurinamente, y que acalló las voces críticas – incluido estoy – cuando se dieron a conocer los carteles a finales de año.

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