Don Justo, el abuelo; Sergio, tío; y Raúl, padre, los representantes taurinos pertenecientes a la dinastía Ibelles. Los tres vistieron de luces dentro de las ansias novilleriles.
La mamá, familares y amigos.
Los ganaderos representados esta vez por Ernesto Cuevas.
Empresarios como Pepe Arroyo, Rafael Herrerías y Juan Castañeda. Todos ellos, presentes y ausentes, para quien César tuvo palabras de agradecimiento por el apoyo recibido desde sus cuatro años de edad al despertar al toreo.
“Yo, César Ibelles, prometo honrar y respetar la profesión todos los días de mi vida. Como torero jamás mirar hacia atrás, renovar mis bríos, amar la fiesta.
“Luchar por meterme a los carteles importantes. Competir con los nuevos toreros y pelearle las palmas a las figuras. Todo ello hasta que mi sueño se haga realidad”.
Y sólamente el llanto pudo entrecortar las palabras; los votos de César Ibelles han quedado grabados, al igual que los aplausos de la concurrencia reunida en el restaurante capitalino Don Rodolfo.
La lucha del padre e hijo, como apoderado y poderdante, alcanza los cincuenta festejos en casi cinco años.
“Ha sido todo un esfuerzo haber llegado al objetivo; este apenas es un escalón en la ardua carrera. Te deseo la mejor suerte del mundo y a echar pa’lante”, emoción surgida del papá.
Todo ello enfocado a un fin: Lunes próximo en Jiquilpan, Michoacán, a las 16:30 horas, César Ibelles recibirá la borla de matador de toros de manos de Arturo Macías, en presencia del rejoneador Rodrigo Santos, con toros de Maravillas, propiedad de Alfonso Cuevas.

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