De hecho, el toro grande, de presencia, kilos y trapío es lo que mantiene el lleno de cada año en la portátil plaza La Guadalupana, durante las fiestas en honor a Nuestra Señora de Santa Clara Coatlique.
Y esta vez no se hizo esperar con un cartel de jóvenes matadores que atraviesan por su mejor momento.
Si no hubo más trofeos fue por desaciertos a la hora de matar, pues a todos los toros se hizo faena. Y la paciencia en Fermín y la serenidad, en Silis, fincaron planteamientos adecuados a las condiciones del encierro, lamentablemente, en general, aplomados al llegar a la muleta, tras un corto inicio en los medios y el refugio en el tercio al tiempo de espada.
Silis rompió con una Larga de rodillas la salida del cierraplaza. Y con Lances hacia los adentros y Chicuelinas estatuarias centró el ánimo cuando ya se les estaba escapando por falta de premios. Por Andantes y Manguerazo puso en suerte al toro que recibió dos varas.
Rivera quitó por Armónicas Chicuelinas; Silis respondió con ceñidas Gaoneras y Edgar Palacios, como sobresaliente con una Rebolera. A “Buen Mozo” fue el único ejemplar que recibió dos puyazos y tercio completo de banderillas, previos tres quites y lances de recibo.
El exceso de movimiento repercutió en pocos pases, pero los necesarios para centrar la atención. De rodillas inició Juan Luis la faena. Un tirón para jalar la embestida y el recorte en ritmo con Molinete. Un par de sentidos Naturales al paso del aplomado y, elevando la mirada al cielo al tiempo de besar la espada, se fue por derecho.
Hasta la empuñadura penetró el acero en la cruz y a los pies del torero se derrumbó el toro; la concesión de oreja no se hizo esperar, dando por triunfador del festejo de feria a Silis.
Los pocos pases que tuvo el serio señor toro, “Don Pepe” corrido en segundo lugar se los sacó Juan Luis con un toreo de poste, del que sólamente mueve los brazos sobre unos pies enterrados; así lució con Trincherilla y uno de Pecho, no reforzados al tomar el acero y dividir opiniones.
Frente al agradble “Frascuelo”, cuarto en el orden, asombró con Saltilleras rosando el hilo de oro en cada lance; fue quite de uno en uno, pues poco duró el gas al tomar la muleta, por lo que la faena resultó de medios pases, sobresaliendo un impuesto circular al girar al ritmo de la embestida. Salida al tercio, tras varios viajes.
Un torero cerebral, paciente, pensante y de exquisito gusto se torna en Fermín. Es el trazo pulcro adecuado al toro. Al abreplaza le extrajo tandas a pie juntillas cuando el recorrido se fue reduciendo. Dos pinchazos y entera se quedaron en palmas.
La Media Verónica de cartel saludó al tercero. Y pese a lo tardo de embestida la pasmosa serenidad jamás declinó logrando engarzar una a una las pinceladas durante el tiempo de muleta, pero otra vez fue traicionado por la espada y con un llamado al tercio agradeció las palmas.
Y quién iba a pensar que una graciosa huida fuera el momento culminante al enfrentar al quinto de la agradable tarde. Fermín tuvo que saltar intempestivamente el callejón cuando hizo hilo el entero, de salida, “Chilorio”, serio como a Don José Julián le gusta decorar la arena.
Ahí brotó el sentimiento puro del nieto de Fermín para construir la obra de muleta en cada pase, sobre todo por derecha y firmando tandas con la brillante tela a la mínima distancia de los belfos. Una media ración, aunada al descabello valieron la salida al tercio.
El toreo de cámara lenta, acorde con la embestida, ensamblada por Juan Luis Silis y la gracia torera de Fermín Rivera le han dado a Santa Clara una artística coreografía; ahora que lo que determinó el triunfo fue el corte de pastel al último: uno solo, atinado y efectivo.

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