El fuerte viento que azotó en los primeros cinco ejemplares desapareció al anunciarse al de 455 kilos de romana, herrado a fuego con el número 164. Arturo únicamente recogió las primeras embestidas y en cuanto acudió al caballo se le coló a Juan Pablo González, quien hábilmente se reunió al reencontrarlo en el viaje.
En banderillas pasaron apuros los subalternos, sin embargo el haberle hecho sangre repercutió a la hora del comprometedor brindis. Saldivar entregó su montera en prenda al gobernador del estado, Francisco Olvera y tras fundirse en abrazo, se dirigió a las tablas.
Codo recargado en la barrera, pies cruzados cómodamente y en medio del desparpajo le instrumentó cuatro pases por alto. Y si el toro iba y venía en palmo de terreno, por qué no habría de hacerlo en los medios. Fue entonces cuando rompió a bueno, como se decía a la antigua.
Y empezó el concierto: “Avellano” obedecía rítmicamente al mando de Saldivar, desplazándose largo, lo mismo al frente que por la espalda del matador, que sacaba a relucir la gran variedad de remates. Torero largo, de amplio repertorio.
Pero la locura, entre público, toro y torero se produjo al trazar muletazos de vuelta entera una y otra vez, sucediéndose entre el poder de trasmisión del jaraleñodepeñas. Cada embestida dirigía el monumental coro en largas letanías hasta culminación de pase.
Capetillinas, Cambios de mano, Molinetes, Trincherazos, de Pecho y Trincherillas entraron en la franca embestida, mientras el público, de pie, clamaba por el perdón de vida para el astado y que sonara la Pelea de Gallos en aderezo para el torero, lo que se decretó.
Como palomas aleteaban los pañuelos blancos impregnados de emoción en testimonio. Un pañuelo albo mostró el juez confundido; debió haber sido verde. Después sacaría dos blancos y un verde para premiar simbólicamente al torero; juntos, órfebre y ganadero recorrieron el anillo entre aclamaciones.
Otra cara había probado Saldivar frente al tercero, no obstante el puyazo de la corrida a cargo de Carlos Domínguez. Le intentó por bajo y cuando quiso llevarlo en redondo fue arrollado y más tarde, desarmado, por lo que un pinchazo y bajonazo se despidió entre pitos.
El mando artístico de Ponce puso la primera cucharada de azúcar: bastaron cuatro muletazos a flaxible compás abierto para prolongar la embestida de “Lantanillo”. Ese camino y el constante hablarle en la faena trazaron el círculo por donde produjo la faena.
Y si por derecha hubo eco, por lado contrario, resonancia. Y más cuando ligó un Molinete y Cambio de mano; fue un explosivo Olé de admiración, que creció al dirigir una embestida rebrincada, como todo un señor torero. Tres cuartos en buen sitio fueron premiados con el corte de oreja.
Algo similar, de conocimiento torero logró Enrique frente al abreplaza; esta vez consintiéndolo para meterlo en redondo; lo espectacular, un muletazo de Tirón, rematado con Trincherilla, pues en el cuerpo ya trasmite el sello artístico, por lo que en dos muletazos de vuelta entera tenía al público en un puño.
Lamentablemente el espadazo caído le hizo avanzar hasta el tercio para agradecer las palmas.
A contra corriente, “El Payo” enfrentó un deslucido lote, pese a ello, impuso en un palmo de tereno, la embestida de un manso rajado cercándolo en tablas. En línea recta trazó pases por Alto, Cambios y Desdén metido siempre entre los pitones.
Entera en lo alto prendió en el ánimo del público que a cambio entregara una oreja de este que hizo quinto de la tarde. Picoso y sin contribuir a la faena fue el segundo. Entera caída y con efecto provocaron las palmas.
Arturo Saldivar simplemente acarició la embestida de “Avellano” penetrando en la sensibilidada de unos cuatro mil espectadores congregados por la pasión, “Pasión Ganadera”, que apunta a sumar otro éxito de organización..

[youtube=425,350]http://www.youtube.com/watch?v=p8dEqhWBLTg[/youtube]

Video: Julián Herrera

[pagewrap=compartir.htm]